Portadores De La Llama I

CAPÍTULO 16

Hasta que se enfríe la carne

La mañana amaneció con una neblina ligera que cubría los caminos como un velo, filtrando la luz del sol en tonos plateados.

El bosque del Manto Gris se alzaba frente a ellos, sus árboles altos y retorcidos proyectando sombras que parecían estirarse para recibirlos.

Kiru, Erika y Rikhart se adentraron en el sendero hasta que, sin previo aviso, una figura surgió desde detrás de un tronco ancho.

Kaelis apareció como si hubiera brotado de la misma niebla, silenciosa, etérea, con la guadaña descansando en sus manos.

—¿Qué tal habéis pasado la noche? —preguntó con una sonrisa inusualmente animada, como la de una maestra entusiasmada con sus alumnos—. ¿Preparados para practicar lo aprendido?

Kiru se rascó la nuca con una mueca de incomodidad.

—Bueno... verás...

Los tres le contaron lo ocurrido la noche anterior: la visita a la Oráculo, las revelaciones y las sombras que ahora parecían seguirles.

Kaelis asintió con calma con sus ojos grisáceos evaluando cada palabra.

—Entiendo... No queréis permanecer expuestos mientras los reinos y gobiernos investigan la explosión de Kael. Créeme, lo comprendo. Yo misma vivo oculta desde hace tiempo.

Kiru cruzó los brazos antes de responder.

—Hemos pensado en mudarnos de ciudad un tiempo. Puedes venir si quieres, Kaelis. Supongo que volveremos a Velanthir cuando todo se calme. Pero si llegan a descubrir que fui yo quien hizo ese destrozo... —bajó la cabeza, cerrando los puños con fuerza.

—De acuerdo —respondió ella con un tono cálido que sorprendió a los tres—. Realmente me gustaría seguir con vosotros. Pero debéis entender que aún no puedo moverme libremente en las grandes ciudades. Zhalgor no se detendrá. Cuando descubra que Kael no está en Velanthir, buscará en otros reinos. Y si nos viera juntos... —hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran— no dudaría en empezar la guerra que mencionasteis.

Un portador contra su causa ya es un problema, pero estoy segura de que dos sería suficiente para que ajustara sus planes y comenzara con solo ocho Portadores.

Los tres asintieron, aceptando la lógica.

—Pues puedes quedarte cerca —propuso Erika con entusiasmo—. O incluso ocultarte en el bosque mientras tanto.

Kiru respiró hondo, preparado para moverse.

—Bien... ¿queréis hacer algo antes de partir?

Rikhart, agachado mientras afilaba despreocupadamente una de sus katanas, negó con la cabeza.

Kaelis hizo lo mismo, plegando y colocando su guadaña en la espalda.

—No... —respondió Erika, pero su voz titubeó—... ¡Espera! Tengo que despedirme de Lettiel. Si ve que no vuelvo en días, se preocupará.

Kiru rio genuinamente.

—Es verdad... me había olvidado de ella. Está bien.

Antes de que Erika pudiera reaccionar, Kiru se acercó y la elevó, subiéndola a sus hombros.

—¿Q-qué haces? —preguntó ella, sorprendida.

—No hay tiempo que perder. Voy a aprovechar para practicar mi control de la Essentia. Quiero ver cuánto tardo en llegar a la taberna a plena velocidad.

Rikhart, que hasta entonces tenía una expresión aburrida, deslumbró una sonrisa competitiva.

—¿Una carrera de Essentia? Me apunto.

Erika le sacó la lengua a Rikhart.

—Ni lo intentes... tú ni siquiera sientes la Essentia. Ganaremos sin duda.

—¿Eh? ¿Por qué hablas en plural si tú no vas a hacer nada? —replicó, indignado—. Y ya escuchaste a la chica pálida ayer: controlo mi Essentia sin siquiera pensarlo. ¡Soy un prodigio! —añadió, señalando sus piernas musculosas con una carcajada engreída.

—Kaelis, volveremos antes del anochecer. Espéranos aquí —dijo Kiru, con una chispa competitiva en la mirada.

Ella asintió en silencio.

—¿Listo, Rikhart?

—¡Siempre! —respondió él, poniéndose a su lado.

Hubo un instante de tensión... y entonces, en un estallido de fuerza, Kiru gritó:

—¡Vamos!

Saltaron hacia adelante como proyectiles, dejando tras de sí un vendaval que hizo ondear el vestido y el cabello celeste de Kaelis.

La portadora los siguió con la mirada, seria y concentrada.

«Que curioso... Kiru, con el cuerpo de un dios menor, era obvio que aprendería rápido, pero incluso Rikhart está muy por encima de la media.»

Sus labios se curvaron en una leve sonrisa mientras entornaba los ojos.

«Kiru, con su amnesia, redescubriéndose a sí mismo. Rikhart, obsesionado con ser el mejor a todo coste... Y Erika, demasiado joven para comprenderlo todo. Tan diferentes... y, a la vez, tan parecidos. Aun así, evolucionan juntos, como si fueran piezas de un mismo tablero que ni ellos saben que están jugando.»

Kiru avanzaba como un proyectil, saltando de rama en rama con Erika ahora en sus brazos para evitar la fricción. Cada impulso lo catapultaba decenas de metros, dejando el bosque atrás en cuestión de segundos.




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