Cuando los Dioses Sangran
Los truenos estallaban sobre Varkhalem como bombas, iluminando el cielo nublado con destellos blancos que desgarraban la oscuridad.
Kaelis corría sin aliento, deslizándose entre charcos y destellos hacia el burdel abandonado donde deberían estar Kiru y Rikhart.
Cuando llegó, se le encogió el corazón.
En la entrada, varios sacos de oro estaban abiertos, con monedas desparramadas por el suelo, como si alguien los hubiera dejado caer.
—Rikhart... Kiru... ¿Dónde estáis? —susurró.
Su mirada se detuvo en algo: una especie de trapo: una túnica marrón con capucha tirada sobre los escalones, empapada por el agua.
La levantó con manos dudosas.
El tejido aún conservaba el peso de haber sido usado recientemente.
«No... no, por favor. Dime que no son ellos...», pensó, apretando la tela con fuerza, con miedo en los ojos y la garganta cerrada por un nudo.
Kaelis tragó saliva y, sin dudar más, siguió el rastro, internándose en la ciudad maldita con la tormenta como único testigo.
❂ ❂ ❂
Dos horas antes.
En la entrada del burdel, Kiru y Rikhart permanecían inmóviles, atrapados bajo el peso de una presencia que los aplastaba.
La figura encapuchada frente a ellos no mostraba más que una sonrisa torcida, pero su increíble Essentia era un látigo invisible y violento que apenas los dejaba respirar.
—¿Qué pasa, Kael? ¿Se te ha comido la lengua un perro? —soltó el encapuchado con desdén, ladeando la cabeza como quien se burla de un niño perdido.
Kiru tragó saliva y dio un paso atrás.
—No... no soy Kael... soy... Kiru —su voz temblaba, casi tartamuda.
El extraño soltó una carcajada profunda, como si le hubieran contado el peor chiste del mundo.
—Vamos... no me jodas. ¿Ese es tu numerito? ¿Ese es el "papel" que has decidido interpretar? No me digas que me tienes miedo... —añadió, uniendo sus palmas exageradamente.
Su tono cambió a una calma sombria.
—Lo cierto es que estoy de misión extraoficial. Zhalgor no tiene ni idea de que estoy aquí. Pero cuando vuelva contigo, créeme, no le importarán los métodos.
Levantó la mirada hacia las torres derruidas de la ciudad, como quien contempla un cuadro antiguo. Un destello iluminó su rostro bajo la lluvia.
Sus labios se curvaron en una expresión eufórica.
—Y mira qué suerte la mía. Esta ciudad está podrida y hecha cenizas desde hace años. Así que, si no entras en razón por las buenas, no creo que a Zhalgor le moleste si me descontrolo un poquito.
—¿Quién eres? —replicó Kiru, apretando los puños con fuerza—. ¿Eres un Portador de la Llama?
La figura se inclinó hacia él, sujetándose la barbilla como un crítico que evalúa una obra incompleta.
—Mmh... Vaya... ¡Pero si lo dices en serio! —chasqueó la lengua y rio entre dientes—. Joder, sí que es verdad... has vuelto a perder la memoria.
Por un instante, en sus ojos brilló sorpresa. Pero el gesto se rompió enseguida en un éxtasis creciente.
—¡Dios, sí! ¡Eso significa que tendré que arrancarte a Kael a hostias! —dio un paso hacia atrás, abriendo los brazos como un lunático que saludara a la tormenta—. Hehehe... hahaha... ¡HAHAHA! ¡Esto va a ser glorioso!
Con un movimiento lunático, se llevó las manos a la capucha y la retiró de golpe, dejando que la lluvia empapara su rostro.
La máscara del misterio se deshizo en un segundo.
Kaor
Su cabello, de un rojo intenso, parecía un incendio contenido: mechones desordenados, erizados, con puntas agudas que daban la ilusión de llamas danzantes. Sus ojos, anaranjados y afilados, chispeaban con una hostilidad desafiante, como brasas al borde de estallar.
Vestía un atuendo oscuro, elegante y con un marcado aire marcial. Una túnica negra, ajustada al torso, se abría en la parte inferior como una capa dividida. Bordes de rojo oscuro recorrían la prenda, con una franja vertical descendiendo desde el cuello hasta el final. Sobre ella, una capa amplia, negra con forro carmesí, ondeaba al compás de la tormenta; estaba adornada con motivos de llamas incandescentes, especialmente en los hombros, donde en el izquierdo parecía arder de verdad. Un cinturón ancho, rojo oscuro, con una hebilla dorada ceñía su cintura. Mitones negros ajustados, brazales ribeteados en oro con patrones flamígeros y unas botas altas reforzaban la imagen de un guerrero preparado para matar.
—¡E-ESPERA! —gritó Kiru, desesperado al reconocer quién tenía delante.
Kaor alzó una ceja, relajando un poco el cuerpo con una mueca de duda.
—¿Qué mierda pasa ahora? —dijo, arrastrando la voz con burla.
Kiru, empapado por la lluvia y con el sudor confundiéndose en su rostro, respondió:
—Intentaré liberar a Kael. Pero antes debemos ir a un sitio en esta ciudad... de lo contrario, no podré dejarlo salir.
#2787 en Fantasía
#1055 en Personajes sobrenaturales
#977 en Joven Adulto
aventura epica, terror fantasia oscura misterio suspenso, fantasía osura
Editado: 08.08.2026