Portadores De La Llama I

CAPÍTULO 25

La Última Promesa

—¡KAELIS! —rugió Kiru, con la voz rasgando el aire, sin apartar ni un instante su mirada de Kaor—. ¡VETE CON ERIKA, AHORA!

La Portadora, oculta bajo su capucha, se estremeció ante el tono de Kiru. No era una súplica: era una orden cargada de furia y desesperación.

Asintió y tiró de Erika, pero la niña se resistía con fuerza con los ojos brillando de angustia bajo la lluvia.

—¡No, Kaelis...! —sollozó Erika, forcejeando—. ¡Debemos ayudarles!

Kaor los contemplaba a todos con una sonrisa amplia y torcida.

Sus ojos, encendidos de un naranja febril, saltaban de un objetivo a otro como un depredador eligiendo a qué presa arrancarle primero su vida.

Se relamió los labios y se inclinó hacia delante, impaciente.

—Kaelis, ¿eh? —masculló con deleite—. Me muero de ganas por descubrir qué clase de oponente se esconde tras esa capucha...

Y sin previo aviso, desapareció.

¡¡¡FWOOOOOOOSH-KRRRRRRAAAMMMMMM-BOOOOOOOSHZZZZHHHHH!!!

Un relámpago iluminó el instante en que Kaor apareció frente a Kiru, el puño envuelto en llamas incandescentes que rugían como un volcán.

Kiru apenas tuvo tiempo de cruzar ambos brazos envueltos en sus llamas negras.

El impacto fue tremendo: el suelo se hundió bajo sus pies y, aun así, Kiru salió disparado hacia atrás, arrancando piedras y agua a su paso.

Kaor no se detuvo. Como una sombra infernal, se lanzó directo hacia Kaelis, que tiraba con fuerza de Erika.

—Eh... —dijo con sorna, materializándose a su lado y posando una mano ardiente sobre su hombro—. ¿Por qué no dejas a la niña? Ella no quiere irse contigo.

Su sonrisa macabra se estiró mientras la otra mano se alzaba lentamente hacia la capucha.

—Vamos... —susurró con voz enfermiza—. Estamos todos en confianza aquí. Muéstrame el rostro tras esa capucha.

Pero justo cuando iba a arrancarle la capucha...

¡¡¡BRAM-BRAM-BRAAAAAAAAMMMM-KRZZZZZZHHHHHHHH-FWOOOOOOMMMM!!!

Un estallido de luz y pólvora lo cegó.

Erika, con los ojos brillando de lágrimas y determinación, había vaciado casi todos los petardos de su cinturón directo a su cara.

Las explosiones rebotaron a centímetros de sus ojos, envolviendo al semidios en humo, chispas y un estruendo ensordecedor.

—¡¡PUTA NIÑA!! —rugió Kaor, llevándose ambas manos a los ojos ardientes, desgarrados por el dolor—. SERÁS LA PRIMERA EN MORIR, MALDITA ZORRA.

Kiru apareció tras él en ese instante, con las venas del cuello marcadas y la rabia devorándole la voz.

Lo sujetó con ambos brazos cubiertos de llamas en los hombros de Kaor, apretándolo contra su cuerpo en un intento de inmovilizarlo.

—¡KAELIS, IROS YA!

Kaelis no dudó más. Alzó a Erika sobre sus hombros mientras la niña lo miraba con impotencia, y emprendió carrera entre la tormenta. Sus pasos chapoteaban en el barro, alejándose de la masacre.

Kaor, mientras tanto, se tambaleaba, parpadeando con violencia para recuperar la vista. Su rostro temblaba de rabia y decepción.

—¿Vais a huir? —masculló con voz grave, cargado de un desprecio hiriente—. Os sobreestimé demasiado...

Su sonrisa desapareció, dejando solo una mueca desfigurada por la furia. Sus ojos, ahora inyectados en sangre, se clavaron en ellas.

—SOIS UNAS PUTAS CUCARACHAS.

Con un movimiento seco, hundió su cabeza hacia atrás y le estampó un brutal cabezazo a Kiru.

El crujido del impacto retumbó como un trueno.

Kiru lo soltó, tambaleándose con la frente abierta y sangrante.

Kaor no perdió tiempo: dio media vuelta, clavando su mirada en Kiru, una mirada extrañamente seria, casi solemne.

Sus pupilas vibraban con locura desatada.

—Esta es la última vez que me retrasas, escoria.

El aire se cargó. El calor subió de golpe.

¡¡¡THWOOOOOMMMM-KKRRRRAAAAAAAAAAAAAASHHHH!!!

Una patada envuelta en lava y Essentia ardiente impactó con violencia directa en la rodilla de Kiru.

El hueso se partió en un ángulo imposible con la carne quemada desprendiendo un humo oscuro.

—¡NGGGHHHHHHHHHHAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!!!

El grito desgarrador de Kiru se alzó por encima de la tormenta, resonando entre los muros de Kharlem como un lamento de pura agonía.

Kaor sonrió, embriagado por aquel sonido.

Y sin mirar atrás, salió disparado tras Kaelis y Erika.

—¡Kiru! —gritó Rikhart, abalanzándose para sujetarlo antes de que se desplomara—. ¿Estás bien?

Kiru trató de incorporarse, apoyándose en él, pero un gemido crudo le desgarró la garganta cuando la rodilla cedió bajo su peso.

Rikhart bajó la mirada... y el aliento se le heló.

«Le ha destrozado la pierna...» pensó con los ojos abiertos como platos.

La piel hinchada, el ángulo antinatural, el dolor retorciendo los rasgos de su amigo.

«Kiru está peleando con su núcleo despierto... Y aun así, no es suficiente. No somos nada frente a él. Ese maldito lunático... es un monstruo».

Los dientes de Rikhart se apretaron mientras sostenía a Kiru, ladeando el rostro como quien intenta esconder una decisión peligrosa.

—Kiru... —murmuró con voz baja, como si el barro del suelo lo escuchara más que su compañero—. Creo que aún tenemos una oportunidad de vencerle... pero todo depende de ti. Tú eres la pieza clave.

Kiru lo miró con una mirada casi agonizante, con el sudor resbalando por su sien.

—Rikhart... ve a ayudar a las chicas... Kaor debe de haberlas alcanzado ya...

El albino esbozó una sonrisa esperanzadora pero insolente a su vez.

—Tranquilo. Eso forma parte de mi plan. —Sus ojos brillaron con una chispa peligrosa—. Solo necesito que logres mantenerte en pie tú solo... aunque no te puedas mover.

Kiru lo sostuvo con la mirada, buscando respuestas en ese rostro iluminado por la idea.




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