Segundos después de colgar el teléfono, la pantalla del móvil de Haildann volvió a iluminarse. Esta vez era una llamada directa del cuartel general.
—Coronel Haildann, tenemos algo que informarle de suma importancia. Por favor, diríjase a la sede principal de inmediato.
—¿Es necesario que vaya en persona? —preguntó Haildann, con un dejo de impaciencia. Estaba gestionando la caza de la chica y no quería interrupciones—. Además, debo ir a cierto funeral. ¿No sería más sencillo una videoconferencia si es tan urgente?
—No, señor. Esto… hay algo que debe ver con sus propios ojos. Algo que no puede explicarse por otros medios.
—Bien —respondió, la curiosidad mezclada con una vieja cautela profesional. Cortó la llamada, sus planes momentáneamente desviados por esta misteriosa urgencia del cuartel.
En esos instantes Teerla que estaba siendo transladada a una prisión temporal no pudo evitar preguntarle algo al oficial que conducía la patrulla.
—Disculpe oficial, pero ¿adónde se fue su compañero? Juraría que estaba sentado a su lado hace un momento. —preguntó la joven de guantes blancos.
—¿Compañero? No sé de qué hablas, será mejor que guardes silencio.
—¿Eh? Me refiero al de cabello violeta… arg —de repente un repentino dolor de cabeza la hizo callar, de repente olvidó lo que estaba diciendo. Y el oficial de alguna manera tampoco la escuchó.
Mientras tanto, en el vagón del tren, Devyáty permanecía de pie, aferrándose a un poste. El tren, en ese momento, se adentraba con un estruendo en un túnel subterráneo. Las luces fluorescentes del vagón parpadearon débilmente, intermitentes, y un fuerte y súbito dolor de cabeza la asaltó, un dolor que parecía surgir desde lo más profundo de sus huesos. Las perturbadoras imágenes de su pesadilla volvieron a aparecer en su mente, vívidas y desgarradoras. Al abrir los ojos, vio con escalofriante claridad el reflejo de dos ojos rojos brillantes en la ventana oscura del vagón, observándola con una mezcla insidiosa de ira y tristeza infinita. El tren contaba con un sistema que inhibía la mayoría de las manifestaciones mágicas externas e internas, por lo que Devyáty supo con certeza helada que aquello no era una simple ilusión conjurada por su mente o por quién sea.
—¿Qué demonios…? —murmuró en voz alta, la voz temblando, atrayendo algunas miradas fugaces de pasajeros absortos en sus pensamientos o dispositivos. Retrocedió un paso instintivo, con el corazón latiendo con fuerza desbocada en el pecho.
De repente, las luces intermitentes del túnel se apagaron por completo, sumiendo el exterior del vagón en una oscuridad total y antinatural. En ese instante, una figura demoníaca pareció materializarse, emergiendo del reflejo en el cristal oscuro, como si la oscuridad fuera su puerta. Los demás pasajeros permanecían impasibles, ajenos a todo, sumidos en un silencio artificial, por lo que Devyáty comprendió, con un terror creciente, que solo ella podía verlo. Era el dragón de sus pesadillas, el fantasma de Espiral.
Devyáty se dejó caer al suelo, el pánico desbordándose. Con la voz quebrada, le gritaba al monstruo que se alejara, que la dejara en paz, pero este no reaccionó a sus súplicas, solo la miraba con ese odio silencioso. Con una de sus garras espectrales, le asestó un poderoso zarpazo. Las luces del tren se apagaron por completo, pero seguía avanzando. Devyáty apenas logró esquivar el ataque mortal rodando por el suelo del vagón. Sin embargo, la garra fantasmal la rozó en el hombro izquierdo, rasgando su blusa blanca y marcando su piel con un dolor punzante y frío que, extrañamente, parecía más profundo que un simple arañazo. Sangre manchó la tela blanca.
Una llama roja e intensa surgió en el hombro correspondiente del espectro, creando una herida luminosa con la misma forma exacta del rasguño que le había infligido a Devyáty. Comprendió entonces la horrible verdad: se trataba del fantasma de Espiral, ligado a ella por la magia retorcida del Contrato Llameante. Afortunadamente, aquel hechizo increíblemente poderoso parecía seguir activo incluso después de la muerte, compartiendo todo el daño infligido a la criatura con su agresor, Devyáty. Ahora, la agresión del fantasma a ella también transfería el dolor y el daño de vuelta, como un eco perverso del contrato. Solo los ojos rojos brillaban en la oscuridad.
Phantom Espiral la miró con un odio profundo y silencioso que parecía quemar sin fuego, gruñendo con fuerza contenida. Se acercó a ella, su forma espectral cortando la oscuridad, y soltó un rugido ensordecedor. Un sonido que resonó únicamente en la mente de Devyáty, helándole la sangre hasta la médula. Acto seguido, tan súbitamente como había aparecido, el Dragón Espectral se desvaneció entre las sombras del túnel, volviendo a ejercer su control sobre la visibilidad. Las luces del vagón y del túnel se encendieron de nuevo, dejando a Devyáty temblando en el suelo del vagón.
Un joven se acercó a Devyáty y la ayudó a levantarse. La miró con una mezcla de preocupación y una sutil intensidad que la hizo sentir incómoda. Sus ojos, inteligentes, escanearon su rostro pálido y su hombro herido. Le preguntó si se encontraba bien, y al ver la sangre en su blusa, le aconsejó que se bajara en la siguiente estación para recibir atención médica. Su tono era genuino, pero había algo más en su mirada, un conocimiento implícito.
—Descuida, es solo un rasguño —insistió Devyáty, intentando restarle importancia con una sonrisa forzada. El dolor punzante era real, sin embargo.
—¿Estás segura? —dijo el joven, su ceño ligeramente fruncido—. Parecías muy asustada cuando se apagaron las luces… y esa herida… Es extraño que te hayas lastimado así de repente, en la oscuridad. Ten más cuidado, el mundo tiene más peligros de los que parece a simple vista, sobre todo para alguien como tú.
—Eh… sí, me asusto con facilidad en la oscuridad —respondió Devyáty con una risa nerviosa, intentando desviar la conversación—. ¿Por qué tanta preocupación por una desconocida? ¿A qué te refieres?
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Editado: 25.02.2026