Portadores del rencor

Capitulo 6: Fuego en la estación

—Te advierto que no me asusta pelear a muerte —confesó la joven maga—. Esta es una oportunidad de usar mi magia sin miedo de dañar a nadie, ya que esa es mi intención.

—Interesante. Pero tu filosofía no me interesa —respondió el enmascarado con una frialdad que heló a Devyáty—. Aunque hubiera sido interesante enfrentarte dentro del vagón, con toda esa gente inocente. Ver si realmente eres un monstruo que merece ser eliminado.

—Eres un enfermo, me temo que contigo no sentiré remordimiento si te llego a matar. ¿Eso sí te parece relevante? —al preguntar, Devyáty señaló al hombre de negro con el índice, y un destello recorrió su brazo, concentrándose en la punta de su dedo.

—¿Eh? —el oficial se sorprendió, no por la amenaza, sino por el brillo que emanaba del dedo de la joven—. Oh no.

—Magia de Invocación Material: Acero —pronunció Devyáty.

Decenas de espadas de acero oscuro, con filos relucientes y empuñaduras adornadas con runas, surgieron de pequeños portales detrás de ella con un silbido agudo, como un enjambre de avispas metálicas, y se abalanzaron sobre el enmascarado.

—Jum… Te equivocas si crees que me harás algo con un hechizo tan simple.

El enmascarado extendió la mano derecha y, en un instante, un muro de viento arremolinado se materializó frente a él, girando con la fuerza de un huracán en miniatura. Las espadas chocaron contra el escudo con un estruendo metálico, la mayoría desviándose y clavándose con un resonante clang en el suelo y las paredes, creando un círculo de acero alrededor del enmascarado, que permanecía imperturbable. Sin embargo, Devyáty no parecía decepcionada; al contrario, una sonrisa se dibujaba en sus labios.

—Reconfiguración Material, Elemento Fuego: Bomba —dijo la joven maga, chasqueando los dedos.

Al instante, las espadas estallaron en una violenta detonación, lanzando esquirlas de metal fundido en todas direcciones. El estruendo resonó en el túnel, mientras una lluvia de chispas incandescentes iluminaba brevemente la oscuridad. De no ser por una reacción sobrehumana, impulsándose hacia arriba con una ráfaga de viento mágico, el enmascarado habría sido reducido a cenizas.

Devyáty no se inmutó. Usando el efecto continuo de su hechizo de Invocación, materializó una nueva espada de la nada. Una de sus mayores fortalezas era el manejo de hechizos continuos: una vez conjurados, permanecían activos durante todo el combate hasta ser destruidos o cancelados. La muchacha tomó la empuñadura y, al blandirla, la hoja se envolvió en un aura de llamas grises que crepitaban con una intensidad sobrenatural, irradiando un calor abrasador.

—¡Si intentas detener esto con magia de viento, solo te incinerarás vivo! ¡Rindete, basura! —gritó la joven piromante, a punto de interceptar a su adversario en el aire, atacándolo con su espada al rojo vivo.

—¿Basura? No es la manera correcta de dirigirse a mí… Mi nombre clave es Abyss Claw.

El hombre de vestimenta negra colocó su antebrazo derecho al frente a modo de bloqueo, lo que a Devyáty le pareció ridículo. Desde su punto de vista, era un jaque mate; nadie podría detener su espada de esa manera. Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Los guantes y las mangas de su saco se rasgaron con un sonido seco, revelando una transformación grotesca. Su mano y parte del antebrazo se hincharon, duplicando su tamaño en un instante. Los dedos se alargaron y se retorcieron, transformándose en garras negras y afiladas como cuchillos, mientras una capa de pelo blanco y grueso, similar al de una tarántula, brotaba de su piel.

El agente detuvo el embate de la espada de Devyáty en seco con sus garras recién transformadas, la fuerza del impacto resonando con un crujido sordo. La joven parpadeó, incrédula, al sentir la resistencia de aquellas garras. No solo habían detenido el filo con facilidad, sino que también parecían inmunes a la infernal temperatura de sus llamas grises. Por un instante, Devyáty creyó ver que el extraño pelaje comenzaba a chamuscarse, pero se equivocaba; aquel brazo monstruoso compartía una absurda resistencia al fuego.

Con lo que Abyss Claw no contaba era con que algunas gotas de metal fundido salpicaran su máscara por la fuerza del impacto, derritiendo parte de esta.

—Demonios… —gruñó Abyss, llevándose su enorme mano transformada a la cabeza, como si sintiera un dolor punzante.

Parte de la máscara cayó, revelando su ojo izquierdo, una pupila de un azul intenso que contrastaba fuertemente con la oscuridad del metal. Pequeñas chispas eléctricas crepitaban en la máscara dañada, confirmando que se trataba de un complejo dispositivo electrónico-mágico.

—Ya veo, la máscara te ayudaba a canalizar tu magia. Por eso no te he escuchado recitar ni un conjuro —dedujo la maga rápidamente.

—Reconfiguración material, Elemento Tierra: Transmutación Corpórea —susurró el hombre con una voz ahora clara y natural, pero que no dejaba de ser tétrica.

Al instante, su otro brazo se transformó de la misma manera que el primero, pero la metamorfosis no se detuvo ahí. Su espalda se arqueó y se alargó, sus hombros se ensancharon grotescamente y una gruesa cola, similar a la de un lagarto, surgió de su coxis. La cola estaba cubierta por placas de un metal negro brillante, el mismo material increíblemente duro que formaba sus garras, un material que superaba con creces la dureza del acero. La ropa negra que vestía Abyss se rasgó y se desgarró durante la violenta transformación, dejando al descubierto partes de su nueva anatomía bestial.

La piel visible en el agujero de su máscara se volvió de un color sumamente pálido, casi completamente blanco, o eso hacía parecer el fino pelaje que la cubría. Su ojo izquierdo cambió también de color a un amarillo brillante y de una forma bizarra y casi inverosímil su globo ocular se tornó de un color negro intenso.

Devyáty, sin dudarlo, abrió la palma de su mano y disparó una llamarada increíblemente densa contra el monstruo. Abyss reaccionó con una velocidad sorprendente, dando una bofetada al aire que generó un vendaval lo suficientemente potente como para dispersar las llamas antes de que lo alcanzaran.




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