En el pequeño apartamento temporal del Dr. Erisston había una permanente nube de humo; una mezcla extraña de tabaco, fármacos y papel quemado para disimular el olor a “investigación”. Las superficies estaban atestadas de equipo portátil: escáneres de energía mágica, probetas, consolas de análisis. Sentado al borde de un sofá de aspecto incómodo, Raida Crossbane se sentía como un espécimen más bajo el microscopio. Afortunadamente, había logrado contactar al doctor antes de que este partiera de la ciudad. Era un acto de necesidad; no podía permitirse colapsar mientras la Plaga lo consumía.
El Dr. Erisston se quitó las gafas redondas y se frotó los ojos, una mezcla de agotamiento y asombro febril agitando sus gestos. Se acercó al agente con pasos rápidos y desiguales, sus manos alzándose mientras hablaba, como si quisiera tocar el fenómeno que tenía delante.
—Es simplemente… sin precedentes —murmuró Erisston, deteniéndose demasiado cerca, sus ojos brillantes fijos en la mancha oscura en el pecho de Raida—. La Plaga Dracónica, la forma de corrupción maldita más potente que conocemos… una vez que se manifiesta con síntomas como la mancha, el sangrado oscuro… suele ser mortal en cuestión de horas. Pocos días, en los casos más resistentes. Y usted, Raida… ha sobrevivido varios días completos sin tratamiento. Es extraordinario.
Abyss Claw asintió lentamente, el esfuerzo por mantener la fachada de compostura era inmenso. No había dormido en días, la fatiga era una carga física casi insoportable. Sentía la Plaga, luchando constantemente contra cada parte de su ser. La mancha negra en su pecho no era estática; Raida la sentía palpitar, una furia contenida bajo su piel, podía percibir claramente cómo intentaba expandirse.
—Mi magia de Reconfiguración Material me permite manipular mi propia biología —explicó Raida, el agente Abyss Claw, su voz áspera por el cansancio. Llevó una mano a su pecho, el guante de cuero oscuro rozando la tela, sintiendo el errático palpitar bajo ella—. He estado reparando el daño a nivel celular. Constantemente.
Mientras hablaba, el estrés y la tensión de la conversación (y la presencia demasiado cercana del doctor) hicieron que la Plaga se agitara con más fuerza. La mano derecha de Raida, que descansaba en su regazo, se contrajo. Los dedos se alargaron involuntariamente, la piel se estiró y oscureció, retorciéndose para tomar la forma de monstruosas garras negras. Su guante quedó destrozado. La transformación fue repentina, un espasmo doloroso.
Raida la miró, su expresión se endureció en una mezcla de frustración y control férreo. Con un acto de pura fuerza de voluntad, apretó el puño. La forma transmutada luchó por un segundo contra su mando, pero cedió. Su mano recuperó su forma humana, aunque el temblor ahora era más notorio.
—Pero la Maldición… no es solo daño físico —continuó, su voz más baja, el incidente no pasó desapercibido para Erisston—. Es una corrupción a nivel celular, a nivel de ADN. Siento que brota desde cada núcleo, tratando de manifestarse sin control. Cada fibra de mi ser está en guerra. No puedo detenerla, solo… reparar el daño más rápido de lo que me destruye. Y es… agotador.
El Dr. Erisston se inclinó aún más, sus ojos brillantes de emoción ante la demostración. De la nada sacó una pequeña libreta y escribió una nota a toda prisa, para finalmente cerrar la libreta con la misma rapidez.
—¡Fascinante! ¡Es simplemente fascinante! Es una lucha metabólica y mágica constante… —afirmó, lanzando enérgicamente la libreta por los aires. La cuál cayó sobre una mesa—. La Plaga intentando reescribir su código genético y usted… reescribiéndolo de vuelta con su propia magia. La purga mágica convencional, el tratamiento estándar, no serviría ahora; sería como verter un balde de agua en un reactor nuclear, demasiada energía descontrolada. Pero…
El doctor se detuvo y dio una pequeña palmada exagerada, como si acabara de tener la mejor idea del siglo.
—… ¡pero su capacidad única para transmutar continuamente su propio cuerpo podría ser… una salida! O, al menos, un medio para alcanzar una simbiosis controlada. Nunca antes hubo un caso así. Es… es la oportunidad de entender esta enfermedad. Para usted, es la posibilidad de no morir. Si tan solo hubiera una manera…
Raida entrecerró los ojos. —Doctor, habla demasiado. Vaya al grano. ¿Qué necesita?
Erisston pareció sorprendido por el abrupto comentario, pero su emoción rápidamente lo superó. Se recompuso, ajustándose las gafas.
—Correcto, correcto. Disculpe mi… entusiasmo científico. El punto es: su condición es única. Su cuerpo está adaptándose a la Plaga de una forma que desafía todo lo que sabemos. Podríamos encontrar una forma de que usted no solo sobreviva, sino que quizás logre un control… intrínseco sobre la Plaga. Un control tan fundamental que su cuerpo transmutaría sin pensarlo, adaptándose constantemente a la infección, respondiendo casi por instinto… Sería el primer caso conocido de un infectado que no muere, sino que… evoluciona, como si estuviese vacunado contra esto. Incluso podría usar toda esa energía contenida a su favor…
Señaló uno de sus aparatos. —Para empezar, necesito una muestra de sangre, Raida. Su sangre ahora es un campo de batalla mágico viviente. Podría contener las claves no solo para su supervivencia, sino para entender esta Plaga de forma que podamos ayudar a otros. Por favor.
Raida sopesó la petición. No se trataba de orgullo herido. Se trataba de pragmatismo. Necesitaba una solución. Erisston parecía el único camino. La posibilidad de poner fin a esta agonía constante, de lograr un control. Valía el riesgo.
—Tome su muestra, Doctor —dijo finalmente, extendiendo su brazo izquierdo, el que no había sufrido la transformación involuntaria—. Y encuentre algo útil. Rápido. No tengo tiempo para ser un caso de estudio que termina mal.
La oficina de Abyss Claw en la sede de la FEP era tan austera como siempre. Paredes desnudas, a excepción de un par de diplomas, y un escritorio metálico en el que resaltaba una foto boca abajo. Raida había regresado allí después de ver a Erisston, intentando recuperar una semblanza de normalidad, lidiando con la fatiga y la Plaga latente. Apenas se había sentado cuando la puerta se abrió.
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Editado: 25.02.2026