Oreo.
Dos días han pasado desde que ya no hablo con él ni siquiera me dirige la mirada.
Me siento junto al estanque, ocultándome de todos, cubro mi rostro con mis manos.
Me siento agotada de esta situación, es como si estuviera siendo ahogada por mis sentimientos.
Siento ganas de llorar pero no estoy dispuesta a que alguien me vea mal a tal punto porque llorar por aquello que jamás existió se sentiría tan patético.
—¿Cómo vas con tu duelo?
—¿Duelo? ¿Por qué dices que estoy de duelo?
—Uno debe vivir el duelo hasta de aquello que nunca fue, porque aunque suene extraño una relación que nunca fue, siempre duele más que una que sí lo hizo.
Sonrió levemente para asentir.
—Siempre es así porque es un luto de aquella ilusión y de aquello que podría haber pasado, en cambio una relación se vive y no vives con esa pregunta de qué hubiera pasado. —continua hablando.
—Sabes mucho del amor para ser que jamás te has enamorado. —le sonrió.
—Siempre supones que no me he enamorado, pero tarde o temprano a todos nos toca el amor.
—Yo ya no quiero más este sentimiento.
—Eso lo dices porque no es correspondido. —acaricia mi cabello.
—Estás mal porque recién comenzaste a estar sin él pero pronto pasará y estarás lista una vez más para chocar con el amor.
— ¿Nunca te has puedo a pensar que cuando el amor se va nos deja sin nada? Yo no sé si quiero volver a quedarme así de nuevo.
—No te quedas sin nada, te quedas con los recuerdos tanto los buenos como los malos pero ellos siempre están allí.
Cierro mis ojos.
—Suficiente tiempo para pensar en el amor, es hora que te pongas a hacer algo y saques todos esos pensamientos de tu cabeza.
—Si, además tenemos que ir al laboratorio. —me pongo de pie acomodando mi uniforme.
—Bien, yo tengo que ir a mi habitación a buscar mis cosas. —Tim se marcha, recojo mi mochila del suelo y camino de regreso al edificio.
Antes de doblar hacia el pasillo de los laboratorios siento que alguien pasa su brazo por mi cintura y me tira hacia atrás.
No llegó a decir nada cuando veo que la puerta del laboratorio está abierta y sale una manada de adolescentes alocados.
—Deberías tener más cuidado en lo que haces distraída —él se burla soltandome.
Le sonrió y me doy la vuelta para marcharme pero él vuelve a hablar.
No puedo tratarlo mal todo el tiempo, después de todo no es como si él vaya a desaparecer de mi vida así como así.
—Le diré a tú hermano que eres una maleducada que ni gracias me dices.
—Ni que fuera a prestar atención a tus quejas. —me burló.
—Claro que lo hará distraída soy su mejor amigo.
No le respondo nada, solo asiento.
—Oreo ¿ya se te quitó el enojo conmigo?
Lo miro unos segundos.
«Vivir de los recuerdos porque después de todo eso es lo único que queda al final».
Le sonrió.
—Si Alec, ya todo está en orden.
Él no me dio tiempo a reaccionar antes de ser envuelta por sus brazos, besó mi cabello.
—Es bueno que vuelvas a ser tú.—murmura aún sin soltarme.
Volver a ser yo, jamás he dejado de serlo, solo finalmente lo entendí, un amor no correspondido no me da absolutamente ningún derecho sobre él.
Me separo de él.
—Ya debemos ir a clases. —le aviso pasando por su lado.
Esta vez las cosas no serán igual.
Ya intentaré con todas mis fuerzas no verlo más como él chico al cual amo sino como Alec Anderson el mejor amigo de mi hermano.
Mi amigo de aquellas noches donde el alcohol y la música descontrolan mi mente, mi salvador de mi misma. Pero este amor debe morir o transformarse en amor de amigos.
Entro al laboratorio y me siento junto a Roma, le sonrió y ella me devuelve la sonrisa.
—Días sin hablar contigo ¿Cómo estás? —le pregunto.
—Bien, adaptándome.
— Espero y estén siendo amables contigo tus compañeras sino se las verán conmigo. —digo para reírme.
—Lo son, de hecho dijeron que no me harán ninguna novatada porque me veo algo ammm como lo dijeron ¿rota? su sinceridad absoluta creo que es lo más destacable en ellas.
—Ya aquí todos son extremadamente sinceros creo que el hecho de convivir veinticuatro siete hacen que esa barrera entre lo que se piensa y se dice desaparezca.
—¿Ustedes por qué no se quedan aquí?
—Pues nuestros padres jamás han ido por esa idea de que los jóvenes deberían convivir tanto tiempo con jóvenes, ellos cuando lo fueron tuvieron sus altos y bajos pero aprendieron que todo lo que un joven necesita lo encuentra primero en su familia y es por eso que siempre nos quieren cerca para saber lo malo y lo bueno de nosotros, además tenemos caracteres bastante peculiares sobre todo Aiden que en algún punto piensa que todo es señal de peligro y tiene un fuerte sentido protector mientras que en cambio yo mi defecto no está en mis acciones sino en lo que digo.
—Si creo que eso lo he notado. —se ríe.
—¿Te quedarás mañana para la fiesta? —le pregunto yo.
—¿Quedarme? Mañana es sábado y se supone que debemos regresar a casa ¿no?
—Si y no, es decir aquí todos los años el primer sábado luego de que se comienzan las clases organizan una fiesta de alumnos y ex- alumnos para dar inicio al año escolar según ellos aunque realmente termina siendo una fiesta clasista para demostrarle a los otros institutos porque este siempre destaca entre los mejores en cuanto a calificaciones, invitan a los alumnos de los otros institutos para que ellos vengan y terminen enamorados de todo lo de aquí, es como una red de captación porque claro hasta el primer mes de clases aún se pueden recibir traslados. —le cuento mi teoría.
—No lo había pensado así.
—Si quieres para no tener que pasar el fin de semana aquí podemos hablar con tu padre y le digo que te quedas conmigo.
—No lo sé, no le he contado nada de la fiesta porque estoy segura que él no me dejará quedarme.
#897 en Novela romántica
#15 en Joven Adulto
amor romance humor, amor dolor celos amor juvenil, amor celos
Editado: 30.11.2022