Oreo.
Lo veo prender un cigarrillo afuera en la fría oscuridad.
Me niego a aceptar que yo también quería ese beso porque yo ya decidí retroceder y no volveré a caer por el impulso de una noche donde él está bajo los efectos del alcohol y con el corazón roto.
Le escribo a Tim.
"Estoy con él en la cabaña de Tina."
A los minutos me llama.
—Dime por favor que no fuiste tan estúpida de correr a sus brazos.
—No, no lo he hecho pero ha sido una mala noche para él y está algo pasado de alcohol así que decidí aislarlo un poco.
—Oriana tú no deberías haberte ido con él o podrías simplemente haberlo dejado en tu casa, sabes bien que ese chico te hace muy mal pero ahí vas tú de masoquista.
—¿De verdad me crees tan débil? Es solo un chico y ya, además tengo una ventaja que es que lo conozco muy bien para no correr hacia él sin pensar en cómo terminaré al final.
— Cuéntame ¿De qué va su problema está vez?
—Ana. —le respondo simplemente.
—¿Han terminado?
—No, ni siquiera han hablado pero ella ya está con su nuevo novio en la fiesta y Alec no lo sabía por la manera en la que la miraba y que bebía estaba ahogando todo.
—Mjm como que no le has perdido detalle.
—¿Qué querías? ¿Que ignorara que estaba mal? Él jamás me ha ignorado cuando estoy mal, no me sale hacerlo.
—Me cansa que actúes de esa manera porque podrías haberle dicho a tu hermano o simplemente dejarlo en su casa pero no, tú siempre fuerzas todo para poder estar un tiempo con él.
—Estas muy idiota está noche, adiós. —término por colgarle.
Alec es hijo de un padre muy estricto que de verlo muy fuera de control no lo ayudará en nada.
Salgo encontrándome con una imagen totalmente desconocida para mi, Alec fumando.
—Ni siquiera sabía que fumas. —admito sentándome junto a él.
—¿Quieres una calada? —me pregunta ofreciéndome el cigarrillo.
—Ni siquiera sé cómo hacerlo.
—Es sencillo, lo metes un poco en tu boca y succionas un poco, luego lo sacas de tu boca y echas el humo.
Lo miró dudosa pero terminó por hacerlo bajo su atenta mirada.
—Siento que te estoy corrompiendo pero no me arrepiento de nada. —habla él acercándose a mi.
—Si te acercas un centímetro más te pateare. —le sonrió falsamente
él suelta el humo sobre mi rostro.
—Aquí está la oreo que yo conozco.
Le sonrió.
—Ven. —tomo su mano. —Te llevaré a tu casa y ya luego le digo a mi hermano que pase a buscarme allí.
—Tú hermano estaba muy bien con Roma.
—¿Verdad que sí? Él no lo quiere admitir pero ya está enamorado, yo sé que si, tiene un brillo especial en los ojos cuando la ve a ella.
—Si se de lo que hablas, algunas veces uno puede ser ciego ante el amor y se niega a reconocer que lo tiene enfrente.
Asiento, estiró mi brazo para ponerlo de pie pero algo salió mal en el cálculo porque terminó teniéndolo a milímetros de mí.
—Te vi en mi práctica de pelea ¿Disfrutas de mirar Oreo?
—No voy a mentir así que sí.
—Podría enseñarte si gustas, es decir ya no tengo una novia que odie que pase un poco de tiempo contigo.
—Pero yo sí tengo un novio que odiaría la idea de que pase contigo. —miento.
Su cercanía me descontrola un poco.
Retrocedo unos pocos pasos.
—¿Novio? No recuerdo que tú hermano te haya permitido tener novio.
—¿Permitido? —me rió. —Soy solo un año menor a él y por más que crea tener el control sobre mí, no lo tiene.
—Con que nuestra dulce Oreo tiene un secreto que ni siquiera su hermano conoce. —murmura para sonreír. —¿Tienes idea cuánto te costará que yo no vaya a contárselo ahora mismo?
—Seguramente lo mismo que te costará a ti que no vaya a contarle y mostrarle a tu padre en qué condiciones estabas y aún estás porque el aroma a marihuana no te lo quitas con nada.
—Muy bien jugado señorita Oreo. —me guiña un ojo y yo bufó.
—Ya debemos irnos o aquí nos comerán los bichos. —comienzo a caminar pero me detiene.
—Yo manejo.
—¿Tú? —me rió. —Si claro, ya quiero terminar abrazada a un árbol por tu imprudencia.
—Estoy bien. —se defiende. —Mira hago un cuatro.
Cuando termina por hacerlo le entrego las llaves.
—Depende mi vida de ti. —le advierto subiéndome al auto.
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Editado: 30.11.2022