Oreo.
Mil días, mil noches, hasta mil horas solas son mejor que estar de niñera de dos niños que no tienen ni idea lo que es el respeto, me tienen atada a una silla y a mis espaldas se encuentra su hermano mayor quien les grita sin parar que nos suelten.
—Se supone que jugaríamos al juego de la silla no que nos atarían. —grito molesta.
—Si tal vez olvidé mencionar sus travesuras. —Tim habla despreocupado. —Tranquila ya nos soltaran mis padres están a punto de llegar. —dice lo último con un tono más fuerte.
Los niños se miraron entre sí para finalmente venir a nosotros para desatarnos.
—Mi orgullo está por los suelos ¿Como es posible que haya sido engañada por dos niños de cinco años? Sinceramente no lo entiendo. —me quejo.
Tim se ríe.
Los niños en cuento nos sueltan corren a su habitación.
—Es verdad que mis padres ya vienen. —Tim se tira al sillón con su celular. —¿Te quedas a dormir? —me pregunta.
Miro la hora, son más de las diez de la noche, al internado no puedo regresar porque las puertas están cerradas y el guardia de la entrada es muy capaz de llamar a la policía, no sería la primera vez que llame porque un alumno intenta ingresar a escondidas.
—Mis padres no saben que salí así que si no me llevas de regreso pues si me quedo.
—Pues te quedas en mi habitación. —Hago una mueca al escuchar eso. —¿Qué es esa mueca? tenemos demasiada confianza el uno con el otro para que me pongas esa cara de asco.
Asiento.
Le escribo a Roma y a mi hermano para avisarle que no iré al internado hasta mañana.
Los padres de Tim llegan con algunas hamburguesas.
—Oriana ¿Te quedarás? —me pregunta su padre.
—Si, él internado está cerrado a esta hora.
Él asiente y se que no le gusta para nada la idea.
Tim me lleva hasta su habitación que se encuentra al otro lado de la casa.
—Jamás me querrán tus padres, creo que siempre tendrán el recuerdo de ellos teniendo que irme a buscar a una comisaría.
—Si para nada fue una buena primera impresión que su hijo los llamé a las tres de la mañana porque su mejor amiga y él está detenido por pelear en la calle.
—Si, esa noche se me fue todo un poco de las manos, que iba a saber que la chica ebria que me atacó era hija de un policía y que me daría vuelta la historia siendo ella la víctima.
Me recuesto en la cama de Tim, él se acuesta junto a mí, cuando pasa su mano por mi cintura me alejo y retiró su mano.
—¿Por qué? —me pregunta desencajado.
—Ammm supongo que es hora de establecer el límite. —murmuró. —No creo que sea buena idea que sigamos comportándonos así, basándonos e incluso yendo a más, hasta ahora nada ha pasado pero ya no quiero seguir ignorando el hecho de que esto está mal.
—¿Es broma cierto? —pregunta saliendo de la cama, yo me siento en ella.
—No, solo quiero poner los límites que jamás fuimos capaces de establecer, así todo esto será más sano y relajado, quiero pensar que esas dos veces que se nos han ido las cosas de las manos solo han sido incidentes y nada más.
Veo cómo su rostro comienza a quedar tenso segundo a segundo, como mirada se hace pesada y algo en mi enciende alertas que no soy capaz de comprender, es decir creo conocerlo lo suficientemente bien para saber que no me hará nada.
—¿Incidentes? ¿Me estás diciendo que te has acostado conmigo solo porque la situación se dio? —se acerca a mí y sujeta mi brazo, intenté que me suelte pero no lo hace y entró en pánico.
—Timothée suéltame. —le ordeno y este solo hace más presión. —¡Mierda me lastimas suéltame!
Lo golpeó en su entrepierna y veo como cae.
—¿Qué mierda te pasa? ¡¡Estás loco!! Última vez en tu vida que me sujetas así.
—Eres una puta perra. —gruñe desde el suelo.
—¿Por querer ponerte límites? Pues sí lo seré, pero jamás tuya, en tu vida volverás a tocarme.
Paso por su lado, tomó mi pie ocasionando que caiga y él aprovecha para apoyar parte de su peso sobre mí.
—¿No serás mía? —su rabia es evidente pero mi enojo devora todo lo que él pueda llegar a sentir.
—Dejame adivinar ¿Otro con complejos ante el no de una mujer? Ni se que estaba pensando al meterme contigo, mira cómo te pones. —logró empujarlo y apartarlo de mí.
—¿Conmigo no quieres pero con Alec Anderson si? Típico de zorra se va con él que no quiere nada de ella.
Le sonrió falsamente.
—Nos vemos idiota. —salgo de esa habitación, y de la casa sin saber a dónde ir pero con una botella de licor en mi mano hurtada de la casa del idiota.
Una vez que cierro la puerta la angustia se apodera de mi.
«¿Qué mierda fue eso?»
Camino por las calles sin rumbo. A casa no puedo ir, ellos ni siquiera saben que no estoy en el internado. Mi tía Cloe le diría a mis padres así que descartó la idea que apareció fugazmente, miro entre mis contactos y me detengo una vez más sobre él.
Probablemente en otra situación hubiera llamado a Tina o a mi hermano primero para no tener que caer tan bajo de decirle que fui "engañada" creyendo que Tim solo quería ser mi amigo y nada más.
Me corre un escalofrío al pensar que en parte él también es mi confidente, sabe cada uno de mis secretos.
Llamó a Alec y cruzó los dedos para que respondiera rápido.
—Diga. —habla adormilado.
—Hola soy Oriana ¿Puedes venir por mí?
—¿Qué? ¿Oreo? ¿Dónde estás?
—Ya te envío la ubicación, solo ven rápido, por favor.
Corto la llamada y en un mensaje le envío mi ubicación, me siento junto al muro de una casa y comienzo a beber directo de la botella.
#897 en Novela romántica
#15 en Joven Adulto
amor romance humor, amor dolor celos amor juvenil, amor celos
Editado: 30.11.2022