Possesive Love

Capítulo 24.

Alec.

Estacionó frente a mí casa la cual se encuentra a oscuras salvo por la luz de la entrada, observó en el asiento de copiloto como Oreo duerme recostada al asiento y con las piernas sobre éste.

—¿Por qué harás bebido así? —me preguntó aún intentando entender qué fue lo que sucedió para que me llame a esta hora.

Me bajo del auto y abro la puerta principal para luego regresar al auto y cargar a Oreo, ella fácilmente recuesta su cabeza en mi pecho.

Una vez dentro después de cerrar la puerta como puedo, la llevo hasta mi habitación intentando no hacer ningún ruido para no despertarla, la recuesto en mi cama y le quitó el calzado para después taparla.

No le avisó a su hermano porque de seguro debe estar durmiendo, además de todas formas si se preocupa por su hermana, a la primera persona que llamé para que la busque será a mi.

La observó dormir, sigo sin entender porqué dormida se ve más relajada de lo que generalmente es, es como que la que duerme es su versión angelical y la que despierta su versión endemoniada.

Esa chica loca que ahora cree que puede ganarme, enamorarme cuando realmente yo solo me he enamorado una vez y ahora estoy roto por dentro culpa de ese estúpido amor. La única vez que intente no jugar y ser honesto conmigo mismo Ana decidió jugar conmigo pero de alguna forma no siento como que haya perdido, solo mi ego salió dañado.

Me acuesto al otro lado de la cama, el aroma a lavandas de Oreo se mezcla con el olor a alcohol y el mío que se desprende de mis almohadas.

Apagón mi lámpara de noche dejando sin luz toda la habitación, duermo algunos minutos hasta que un murmullo me despierta.

Me rió porque Oreo habla dormida.

—Oreo. —la llama ella tarda unos segundos en abrir los ojos.

Me sonríe.

—Mi cabeza me está matando. —se queja.

—Si tuvieras más control sobre tus límites no tendría porque dolerte. —me burlo de ella, Oreo me empuja.

Comenzamos una batalla de juego de manos, mientras ella lucha con sus manos para empujarme y yo de mantenerme firme sosteniendo sus manos.

Ella toma impulso y termina subida sobre mí, pega mis manos a mi pecho.

—Gane. —sonríe.

—Tramposa. —murmuró.

Me saca la lengua.

—¿Me dirás qué pasó con tu amiguito?

La veo dudar antes de suspirar y comenzar a hablar.

—Creo que ya no seremos más amigos, es decir creo que estábamos en niveles diferentes de amistad, para mí era solo eso y para él creo que no.

—¿A qué te refieres? —pregunto curioso.

—No tiene caso explicarlo, lo importante es que he quedado muy dolida con él sobre todo porque me estrujó un poco los brazos y hay algo que yo jamás perdonó y es que me pongan una mano encima cuando yo así no lo quiero.

La abrazo, mientras ellas aún sigue a horcajadas de mí.

—Ya sigamos durmiendo, aunque si te duele mucho la cabeza en el primer cajón de la mesa de noche hay una paquete de pastillas, puedes tomar una.

Ella suspira.

—No, estoy bien así.

Acarició su cabello hasta que vuelve a dormirse, ella aún abrazada a mí, lentamente la muevo para acomodarla en la cama, está posición no me iba a resultar cómoda por mucho tiempo y no tengo en mente amanecer con una sorpresa para terminar por cerrar esta noche tan tensa para ella.

«Creo que jugar con ella después de todo no será tan sencillo.»

Ella no es de esas personas que se dan por vencidas fácilmente, muy pocas veces la ha visto hacerlo y es porque se cansa de siempre estar en la misma situación, es como quien juega al ajedrez y se cansa de esperar el próximo movimiento del oponente y da por terminado el juego porque sabe que si la otra persona no decide qué ficha mover el juego solo se vuelve una pérdida de tiempo absoluta.

Increíblemente los dos estamos en la misma situación, ambos sabemos las reglas de este juego, sabemos que ganar y que perder pero mi oponente tiene un punto a su favor, me conoce como nadie más lo hace, en la fiesta de apertura de año fue que me di cuenta de esto, ni siquiera había cruzado mirada con ella pero de alguna forma sabía que necesitaba de alguien que me regrese a la realidad y que no me deje solo en esa noche donde todo se derrumbaba bajo mis pies. 

Tomo mi celular y le tomó una fotografía, no tengo pensado utilizarla para nada solo quiero un recuerdo del ángel para recordarlo cuando el demonio despierte.

«Aiden se que me matarás si supieras de este nuevo juego de tu hermana, pero hasta el momento solo es un juego inofensivo»

Me duermo observándola.

A la mañana soy despertado, cuando escuchó el resonar de llaves junto a mí oído, al despertar lo primero que llegó a distinguir son sus ojos verdes observándome.

—Oreo me matarás con ese escándalo. —me quejo al ver que sigue moviendo las llaves.

—Estuve pensando anoche y quiero que me enseñes a defenderme. —dice sentándose junto a mí.

—¿Defenderte? ¿De quién?

—De cualquier persona que quiera hacerme daño, no puedo depender siempre de que tú o Aiden estén cerca, quiero aprender a defenderme y pues la defensa personal es tu fuerte así que no puede haber mejor maestro.

Me tapo el rostro con las manos.

—¿Piensas que sería capaz de lastimarte para que aprendas a pelear?

—No se me romperá una uña por eso así que vamos levántate y ve a bañarte así en media hora nos vamos al internado. —sale de la cama. —Tú madre ya ha avisado que está el desayuno. —antes de salir recuerda algo porque se da vuelta como la niña del exorcista con una sonrisa en su rostro. —La imaginación de tu madre voló hacia cualquier lado cuando me vió aquí.




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