Oreo.
Alec me lleva hasta mi casa.
—Alecito espérame aquí, me doy un baño, me cambio de ropa y me llevas de regreso al internado.
—Quién diría que mi mejor plan para este domingo sería llevarte al internado.
Entro a mi casa y lo primero que veo es a mi madre en las escaleras.
—Hola mami. —la saludo inocentemente.
—Hija ¿Tú no deberías estar en el internado? —comienza a preguntar sería pero luego me sonrió. —No importa de todas formas lo conseguimos por fin, estaba por ir hasta el internado en una hora porque ya podemos traer a Roma con nosotros a casa.
Corro a abrazarla, no sé si por el hecho de estar feliz porque Roma dejará el internado o porque finalmente regresaré a casa.
Dos días después.
Martes, el día más odiado por mi.
Corro alrededor de todo el gimnasio exhausta podría decir que hasta ya prefiero caer y quedar inconsciente que correr las 3 vueltas que me quedan.
Roma corre muy delante de mí, no entiendo cómo una chica tan perezosa como ella prefiere estar encerrada en su habitación pero es tan buena para correr y hacer deportes.
—Ay no, yo no corro más. —me detengo a tomar agua.
Veo que mi hermano me aplaude y se ríe de mí mientras hace flexiones junto con Alec y Matt.
Me acerco a ellos.
—Les apuesto que no hacen 50 más. —digo tirándoles un poco de agua sobre sus espaldas, mi hermano cae. —Que graciosa. — se queja, mientras comienza a correr.
Al ver como mi hermano se aleja, me acercó a Alec y me siento junto a él para luego suspirar.
—Que cómodo te ves. —digo para escucharlo reír. —Como que de pronto hasta tengo ganas de jugar contigo.
—Ni se te ocurra. —me advierte él.
—La locura más grande es la que nos puede llevar al paraíso, ¿quien no quisiera ir al paraíso? —sonrío para sentarme sobre su espalda.
—¿Ahora soy tu silla? —se tira al suelo rendido.
—Mi esclavo a lo mejor, hubiera apostado que aunque sea hacías cinco flexiones conmigo sobre ti.
—Haría incluso veinte.
—Te reto. —sonrió con picardía.
—¿Qué gano yo con eso? —pregunta.
—Vamos seré una niña buena y dejaré que escojas aunque tengo una buena idea … escuché que Anita tendrá una fiesta en su casa, estará su novio y pues si quiere le cobro lo que te hizo.
—Niña traviesa, pero yo que tú, no me arriesgaría a que tú hermano te encuentre en uno de tus juegos.
—¿Miedo que mi hermano sepa que ahora juego contigo también? —Alec no responde nada pero comienza a hacer las flexiones conmigo encima de su espalda. —1 … 2 … —Comienzo contando hasta las 23. —Que pocas. —me burlo sentándome en el suelo.
—Lo dice quién corrió cinco minutos y ocho camino. —dice para tirarme de su agua.
—Oye me ofendes. —me quejo.
Veo que Ana camina a paso apresurado hacia nosotros así que me preparo para el show.
—No puedo creer que sigas siendo tan regalada. —ella bufa. —Mira que estar haciendo espectáculos como el de recién delante de todos.
Miro mis uñas.
—¿Tendría que pintarme las uñas de blanco no crees Alecito? —este solo ríe y niega.
— Ana no tengo intención de pelear contigo, no soy tonta sé muy bien que has cruzado toda una cancha para que yo te responda o te golpeé de me dejes en evidencia frente a los profesores como una loca agresiva. —le sonrió. —De a kilómetros se huelen tus celos, mira resolveré todas tus dudas porque realmente no quiero problemas con nadie, Alecito y yo somos amigos el mismo tiempo que él lleva siendo mejor amigo de mi hermano ¿Por que ahora sería diferente?, yo solo estoy cuidando a mi amigo de chicas como tú.
Le veo acercarse a mí pero Alec la detiene.
—¿Ahora la defiendes? ¿No la escuchaste? Dice que te cuida de chicas como yo, ¿Es que soy lo peor de tu vida? ¿o que?
—Ana déjala en paz.
Me alejo dejando a mi compañerita de peleas con su ex.
«Ya veremos en la fiesta que travesura te hago.»
Yo sin molestarla no soy feliz puede que ya no esté con Alec pero siento la necesidad de hacer algo para cobrarme lo que le hizo porque conociendo a Alec, él no le hará nada y yo mínimo quiero echarle vinagre a su almohada.
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Editado: 30.11.2022