Narrador omnisciente.
La carretera se convierte en el único testigo de lo que la tormenta provocó.
Un joven inconsciente con su cuerpo recargado sobre el asiento de su auto gracias al cinturón de seguridad, que fue incapaz de esquivar al árbol que cayó debido a él fuerte viento que amedrenta.
La tormenta avanza dejando destrucción a su paso.
Dentro del auto los dos jóvenes inconscientes desconocen la situación de la chica que salió expedida del auto.
A los minutos un auto pasa proveniente del mismo internado al que los jóvenes asisten, dos profesores reconocen a los jóvenes ni bien se acerca.
Corren hacia él auto y ven a Aiden Gales y a Roma Brown desvanecidos dentro del auto.
—Falta Oriana. —anuncia el profesor Ronson.
Comienzan a mirar más atentamente dentro del auto y no la ven así que miran más atentamente alrededor del auto y la ven debajo de un par de ramas, muy malherida.
—Salió disparada del auto. —avisa el profesor para comenzar a correr las ramas.
Enseguida otro auto para junto a ellos al ver el accidente y se une a ellos para auxiliar a los tres jóvenes.
—Llama a la policía y a la ambulancia. —Un profesor muy alterado pide a gritos.
Saca unas ramas liberando a la joven que tenía un profundo corte en su cuello y en la cabeza, además de un brazo roto y varias heridas más que parecían superficiales.
Las personas restantes bajaron a la chica y él chico del auto, los jóvenes tal vez debido al cinturón de seguridad o suerte nunca se sabe, pero tenían heridas más superficiales uno que otro corte.
Roma abrió sus ojos en cuanto fue apoyada sobre el suelo.
—Tranquila … respira tranquila pero no te muevas porque han tenido un accidente y la ambulancia ya viene en camino. —la chica abre totalmente sus ojos para intentar incorporarse, mientras el profesor intenta calmarla —Quieta, puedes tener algo roto.
—Solo tengo un golpe en la cabeza, me golpeé contra el asiento de Oreo. —murmura ella sentándose.
Es en ese momento cuando logra ver a los hermanos.
Ambos sin conocimiento, la chica con mucha sangre en su rostro y el chico con una herida junto al ojo y una herida en su estómago.
Ella se pone de pie actuando de forma contraria a lo que le recomendó su profesor. Fue hasta los hermanos y tomó la mano de ambos.
—Despierten por favor. —comenzó hablando suavemente callando sus propias quejas ante lo que su cuerpo está sintiendo.
A los segundos el chico presionó su mano.
—Aiden. —se acercó más a él para ver cómo abría sus ojos. —¿Estás bien? Tuvimos un accidente.
—El árbol. —murmura él. —No pude esquivarlo.
—Si, era inevitable cayó de la nada. —ella recuerda. —Viene la ambulancia, llamaré a tus padres.
Aiden solo asiente.
Gira su cabeza para encontrarse con su hermana, cuando intenta moverse para acercarse más su cuerpo adolorido se lo impide.
—Quedate quiero tienes varias heridas abiertas, yo la estoy observando pero no te muevas.
Roma saca de su bolsillo su celular y marca al número que indico cómo contacto de emergencia, si suena extraño pensar que ella no tiene como contacto de emergencia a ese padre con el que ha estado toda su vida pero en este poco tiempo ha estado más en cercanía con la familia que le brindo auxilio ante el abandono de su padre que los diecisiete años que estuvo sola con él.
—Roma dime ¿Que tal la cacería? —le pregunta Isabella muy tranquila del otro lado de la línea mientras toma un té y ojea los documentos que debe de firmar.
—Isa hemos tenido un accidente, estamos heridos. —se apresura a anunciar.
—¿¡Qué!? ¿¡Dónde están!? —pregunta la madre de los chicos muy alterada.
—A unos pocos kilómetros del internado, un árbol ha salido de la nada, Oreo está inconsciente pero Aiden ya recuperó la conciencia, ven por favor.
—Ya voy, y yo me encargo de llamar a Ethan, pásame la ubicación y si llega la ambulancia antes que yo diles que se comuniquen conmigo así me dicen hacia donde van.
La chica corta la llamada para centrar su atención en ambos hermanos.
Del otro lado de la ciudad Isabella se apresura a tomar sus tacones y su abrigo junto a su cartera mientras llama desesperadamente a su esposo.
—¡Mierda Ethan atiende de una put* vez! —le grita histérica al teléfono.
Vuelve a llamar dos veces más hasta que atiende.
—Isa estoy en una cena, se que me debes estar extrañando pero no es para que me revientes el celular a llamadas.
—Los chicos han tenido un accidente yo ya estoy de salida.
—¿Un accidente? ¿Qué? ¿dónde? ¿Están bien?
Isabella corre hacia su auto y comienza a conducir, la noche le ayuda un poco porque no hay mucho tránsito así que ella misma se permite pasarse unos cuantos semáforos en rojo mientras tiene en altavoz a su esposo Ethan.
—No lo sé, están a unos kilómetros del internado, me llamo Roma y me dijo que tuvieron un accidente y que Ori está inconsciente, Aiden no.
—Bien te alcanzó allí. —ella escucha como el padre de sus hijos cierra la puerta de su auto y corta la llamada.
Los minutos siguientes fueron los peores, en la cabeza de ambos se imaginaban múltiples escenarios horribles e incluso imaginaban que alguien llegaría con la noticia de que habían perdido a alguno de los tres jóvenes, porque aunque Roma no sea hija de ellos ella la sentían así y les aterraba la idea de que a ella también le sucediera algo.
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Editado: 30.11.2022