Possesive Love

Capítulo 33.

Alec.

Le escribo mensaje tras mensaje esperando que aunque sea los lea pero no es así.

Conduzco hasta el hospital con los nervios de punta del tanto pensar en si realmente están bien y sobre todo si ella está bien.

Entró al hospital encontrándome con Cloe en la entrada.

—Justo a ti te estaba esperando. —dice tranquila para luego enseñarme el celular de Oreo. 

—¿Que sucede? Vine a ver a mis amigos.

—Sabes desde hace muchos años soy la confidente de Oriana, ella me ha contado muchas cosas a mi, sobretodo aquellas que no menciona cerca de su padre y hermano, entre esas cosas tú historial de chicas y las cosas que haces con ellas, mientras venía camino hacia aquí veo todos los mensajes que le has enviado a lo largo de esta hora y solo te diré una cosa, con ella no se juega porque ella de verdad te quiere y no es justo que tú la veas solo como un juego.

Bufó.

—En tal caso ella empezó el juego. —me excuso.

—Si porque ella te quiere de verdad y ya no supo de qué otra manera acercarse a ti, lleva años enamorada de ti, viendo como tú ibas de chica en chica.

—¿Enamorada de mi? Ella jamás ha dicho eso, de hecho ella tiene este nuevo juego conmigo que el que se enamora pierde ¿Porque se arriesgaría a algo así conmigo? Ella me conoce mejor que nadie.

—Si te pones a pensarlo bien era evidente que te quiere, eres a la primer persona que llama cuando algo sucede y no quiere que lo sepa su hermano, a ti jamás te ha negado nada cuando lo necesitas, y jamás se ha llevado con ninguna de tus conquistas siempre las trata bien hasta que sabe que son cercanas a ti, ahí es cuando le encuentra todos los defectos y hasta comienza a odiarlas porque muy a su manera no permite que otra chica se acerque a ti con una intención distinta a la amistad porque eso le da celos y la vuelve algo posesiva a tal punto que se mete en problemas solo para que vayas a rescatarla y así demostrar quién tiene tu atención.

Sus palabras de alguna forma me alegran porque estos últimos meses mi mayor miedo era que ella realmente no me quiera como yo lo hago, porque si hay algo que tengo claro es que yo amo a esa niña traviesa porque es la única que me provoca incluso querer dejarlo todo por pasar unos minutos más con ella.

—¿Cómo está? —le pregunto.

—Pues fue la que se llevó la peor parte tiene muchos golpes y heridas, además estuvo mucho tiempo inconsciente pero hace un rato el médico nos informó que no tiene lesiones vitales solo son de cuidado. —ella suspira para guardar el celular de Oreo en su cartera. —Si quieres te cubro para que pases a verla, Ethan está con ella pero puedo hacer que él vaya a ver a Aiden y ya se quede allí unos minutos, lo que si no puedes cansarla mucho así que controla lo que dices y que de lo que hablamos hace unos minutos quede entre nosotros.

—Si no hay problema, de todas formas no pensaba decírselo, no quiero que nada cambie entre nosotros.

Ella asiente para llevarme hasta las habitaciones, Aiden está en la de enfrente, así que si te ven en la de Ori di que buscabas la de Aiden y justo la viste a ella sola así que quisiste hacerle compañía.

Espero alejado a que el padre de los chicos salga de la habitación antes de animarme a entrar encontrándome con mi traviesa preferida mirando al techo.

—¿Hay algo interesante en el techo? —digo para ver cómo en su rostro se dibuja una sonrisa. —¿Qué te sucedió amor? 

—Creo que no vimos el árbol, se ve que nos tomó cariño y se nos quiso tirar encima. —bromeó para comenzar a toser.

Me acerco junto a ella para tomar su mano.

—Me preocupe mucho en cuanto vi el auto, deja de darme sustos así.

Ella me sonríe.

—¿Te preocupaste por mi jugador? 

—Claro que si jugadora, sin ti no tendría con quién jugar a no enamorarnos.

Es extraño decirlo cuando yo realmente sé que este juego ya lo perdimos los dos pero por miedo a enfrentar a lo que venga después de ese juego, a que todo se termine junto a ese sueño.

El miedo a que por no querer aceptarlo nos termine venciendo la soledad dejándonos nuevamente solo, miedo a que esto solo sea una ilusión y nada más.

Entra una enfermera y me rió al ver la cara de disgusto de Oreo.

—Perdón enfermera pero yo ya le había dicho que ese remedio horrible no lo beberé, prefiero chupar una pared. —se queja.

—Si, es por eso que se lo pondré vía intravenosa. 

Oreo pone cara de shock.

—¿Quiere pinchar mi hermoso brazo sano para poner eso? 

Veo que está mejor porque su berrinche trajo de regreso a su padre el cual no pudo soportar ver a su hija en su modo dramático y le pidió que le diera una pastilla a su hija y no ese medicamento.

A mi me vió pero no le tomo mucha importancia.




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