Oreo.
En la noche sobre todo los domingos era el momento donde más sola me sentía, es como que el peso de la realidad caía sobre mis hombros cuando me veía sola sentada en el suelo bajo la oscuridad, pero ahora ya no es así, lo entiendo cuando lo veo durmiendo en un sillón junto a mí camilla.
Mis padres a cambiarse de ropa y a comer algo, Roma tuvo la idea de decir que se quedaría ella con mi hermano y dándome un guiñó a Alec le pareció que sería mejor si él se quedaba conmigo.
—Oreo ¿No duermes? —me pregunto adormilado, lo cual me dio mucha ternura.
—No, no tengo sueño solo pensaba.
—No es hora de pensar jugadora, duérmete. —me insiste acercando más el sillón a la camilla para así apoyar un brazo sobre mi muslo y su cabeza sobre su muslo.
—Si mi padre te ve, esto se pondrá feo.
—Mi suegro me ama. —murmura.
—¿Tú suegro?
Él solo me sonríe.
—Si te escucha ya veo sacandote a patadas de esta habitación así que te aconsejo que no te arriesgues más.
—Yo me arriesgaría hasta decirlo frente a él, no tengo problema con eso, incluso podría decir que estoy dispuesto a perder el juego.
Lo miro curiosa.
—¿Qué estás diciendo? —le pregunto.
—Que estoy enamorado de ti, oficialmente estoy perdiendo el juego. —me mira a los ojos. —Eres la vencedora y me tienes en tus manos.
—¿Lo dices enserio? —pregunto algo feliz.
Alec se ríe.
—No, jamás te declarare vencedora así de fácil Oreo, solo quería saber si lo creerías.
Le doy un pequeño tirón de cabello.
—Oye. —se queja.
—Vuelve a ilusionarme con algo así y verás como te golpeó más fuerte.
Él se tira sobre mi a hacerme cosquillas.
—No, no, los puntos.—me quejo por el dolor que me da moverme bruscamente.
—Lo siento, lo olvidé. —su celular suena, él se aleja un poco de mí, lo mira y vuelve a observarme.
—Debo irme Oreo, nos vemos mañana cuando venga a visitar a tu hermano. —se despide y se va.
No sé por qué, pero me dio una mala sensación.
Me quedo mirando unos minutos más a la ventana hasta que me duermo por fin.
Despierto cuando mi madre acaricia mi cabello.
—¿Cómo estás? —me pregunta y en su voz noto algo de angustia.
—Estoy bien, no te preocupes. —le sonrió.
—Me asustaste muchísimo, aún cierro mis ojos y te veo en esa camilla totalmente inconsciente, aún escucho las voces de esos paramédicos diciéndome que tenías problemas para respirar.
—Lo sé, aún recuerdo haber sabido despedida del auto porque olvidé ponerme el cinturón de seguridad, lo irónico es que es lo que siempre me dices que debo hacer cuando subo a un auto. —Hago una pausa. —Ahora estamos iguales mi hermano y yo, ninguno de los dos tenemos auto.
Me quedo en silencio cuando veo que viene mi hermano con Roma acompañados con Alec que tiene una rosa roja.
—Oreo … hoy me has encontrado de buen humor y te traigo una rosa con espinas como tú. —dice para guiñar un ojo.
—¿Puedo decir que estoy celoso? —Aiden pregunta. —A Love le trajiste un girasol, a mi hermana una rosa y a mi que soy tu mejor amigo, casi tu hermano solo me trajiste un auto de juguete.
—¿Querías una rosa también? —le pregunto en tono de burla.
—Obvio. —responde haciendo reír a todos los presentes.
Alec se acerca para darme la rosa y roza nuestras manos, cosa que no pasa desapercibido para mi madre que frunce el ceño así que apartó mi mano rápidamente.
No lo mire directamente a los ojos porque podría jurar que eso aceleraría mi corazón por las emociones que él despierta, y quedaría en evidencia de forma vergonzosa por los aparatos que tengo conectados y el monitor cardíaco.
—Esta bonita, gracias Alec es un muy bonito gesto. —le respondo indiferente y este solo asiente.
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Editado: 30.11.2022