Possesive Love

Capítulo 35.

Roma.

El tiempo continúa avanzando de forma tan desproporcional a como nosotros sentimos que pasa el tiempo, todo aquello que creíamos reciente se pierde en el pasado volviéndose un recuerdo.

El invierno ya está aquí, y eso me alegra mucho no solo por ser mi estación favorita sino que también con el invierno vienen las vacaciones de invierno.

Miro impacientemente hacia las escaleras esperando ver bajar a alguno de los chicos ya sea Aiden o Oreo.

A los minutos Aiden baja corriendo siendo perseguido por Oreo.

—Aiden, te toca a ti cocinarme. —se queja Oreo.

—No, ya me tuviste varias semanas cocinando para que la niña malherida no se canse. —se queja. —No puedo creer cómo fui capaz de creerte que de verdad te dolía hasta caminar, estuvo más de una semana cargándote así no subías escaleras.

—Qué más puedo decir, tengo el poder de convencimiento fácil y todos terminan siendo mis esclavos, es un don.

—Ese comentario es muy de Alec. —dice Aiden y veo como ella borra su sonrisa.

—¿Me estás diciendo que no soy original? 

Alec.

Todo se vuelve tan oscuro, un día todo era feliz y alegre pero al minuto siguiente ya solo queda el recuerdo de ese momento.

Tiro la botella vacía al suelo.

—¿Qué sentido tiene seguir con todo esto cuando ella no podrá verme cumplir sus sueños? 

Esas palabras aún resuenan en mi cabeza.

«Tengo cáncer.» esas palabras hicieron que todo mi mundo que parecía estar correctamente perfecto se cayera y se rompiera en millones de pedazos imposibles de volver a unir.

La sola idea de perderla a ella de que su vida llegue a su fin hace que algo dentro de mí también se apague junto con ella, se que es natural el hecho de que los abuelos mueran antes que los padres y que los nietos, pero uno jamás estará cien por ciento preparado para perder a un allegado, siempre sentirá esa falta.

—Hijo deberías salir de tu habitación. —dice mi madre irrumpiendo en mi habitación.

—No quiero.

—Sal a hacer algo no te quedes aquí, tú abuela está bien, ella está cocinando un pastel de limón para ti.

—Tengo miedo a que ella muera. —le digo a mi madre con mi vista fija en el suelo.

Mi madre se sienta en el suelo junto a mí.

—Es mi mamá así que imagína como yo estoy ante ese pensamiento, pero ella está bien ahora, puede hablar no tiene ninguna gran dolencia, solo tiene un diagnóstico médico aún le queda una larga lucha como para que ya estemos agotando nuestras energías desde ya. —despeina mi cabello y me sonríe.

—¿Por qué no sales a pasear?, tal vez invitas a alguna chica contigo, ni yo, ni abuela queremos que estés aquí encerrado solo bebiendo, teniendo tantas cosas que vivir. 

—No tengo otro lugar a dónde ir.

—Yo he invitado a unas amigas, si gustas puedes quedarte conmigo, vienen con Cathia los mellizos, Iris y Ihan.

—¿Viene el pesado de Ihan? Que horror. —bufó. —Ese chico me odia.

—Si creo que es claro el porqué después de todo su hermana sufrió cuando tú terminaste con ella.

—Mamá primero que nada no sé puede terminar algo que jamás ha empezado y segundo solo la bese un par de veces estando algo ebrio y ella se creó una película.

—¿Por qué no intentas salir con ella ahora? Es decir siento que en estos momentos es cuando más necesitas de alguien cerca de ti.

—Si, no eso no sucederá ya tengo a alguien y antes que me pregunte no te diré de quién se trata.

—Alec, ¿como que tienes a alguien? A ver cuéntame todo ¿donde la conociste? 

—No voy a responder ni una sola de tus preguntas, solo me quedaré aquí porque no tengo ganas de hacer nada.

—Debes salir de esta habitación, Alec.

Dos horas más tarde.

Estoy con mis auriculares desconcertado del mundo hasta que siento como mi cama se hunde a mi lado.

Abro los ojos y la veo a ella, solo la observó extrañado y ella me quita los auriculares.

—¿Qué haces en mi habitación? —le pregunto.

—¿Ahora te molesta que entre a tu habitación? Antes no lo hacía.

—Iris deja de vivir de esos recuerdos y mejor vete de mi habitación no estoy de humor.—me giro dándole la vuelta.

—Entonces es cierto lo que dice tú madre, estás con alguien, y yo que venía aquí a ver si me ayudabas con estas ganas … —me abraza por detrás para luego morderme el lóbulo de la oreja, me paro deprisa de mi cama para alejarme de ella.

—Vete de mi habitación.

—Qué aburrido. —se recuesta en mi cama. —¿Será que la conozco? es raro que aún estando con alguien me rechaces y me eches de tu habitación en otro momento te hubiera dado igual … ya se, la infidelidad de Ana te hizo cambiar pero te cuento alguien, los mujeriegos jamás cambian.

—¿Qué te hace pensar que no cambie? Tal vez ella si es la persona que lo cambió todo.

—Alec tiendes a aburrirte pronto, eres cazador nato pero luego cuando ya tienes a la presa, la sueltas. —suspira. —Bien si veo que estás de un pésimo humor así que dejaré de jugar con eso, mi madre me ha enviado a invitarte a una carrera a la que iremos con mi hermano, él no vino a hacerte la invitación por una clara razón, no quiere que ambos terminen a los golpes escaleras abajo.

—Tú hermano es el resentido que no soporta estar en el mismo espacio que yo.

—Como sea, alístate y escríbele a tú amigo, estoy segura que le interesará.

—Él está sin auto. —le recuerdo.

—Es una carrera de motos como las que estaba buscando hace unos años, finalmente abrieron una pista a las afueras de la ciudad.

Le escribo rápidamente antes de tomar mi abrigo, solo espero que no lleve a Oreo, porque llevo unos cuantos días sin hablar con ella, luego de lo de mi abuela decidí desconectarme de todo y ni siquiera fui capaz de decirle que sucede.




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