Possesive Love

Capítulo 36

Oreo.

Vuelvo a escribirle una vez más a Alec, aún sabiendo que no me responderá porque estos últimos días jamás responde.

Dejó caer el celular sobre mi cama.

No sé si podría decir que estoy mal con esta situación porque realmente estoy muy confusa, ha faltado a clases sin razón alguna, las pocas veces que ha ido me ignora totalmente y yo ya me cansé de esta situación.

—No seré la perdedora de este juego. —declaró antes de terminar de ajustar mis botas.

No me quedaré llorando en casa por algo que no tiene razón de ser, nadie me verá mal por un secreto.

Me miró al espejo chequeando que todo esté en orden.

Un vestido negro pegado al cuerpo, unas medias de red y mis botas negras, mi maquillaje muy tranquilo y natural.

Alguien toca en mi puerta.

—¿Oreo ya estás? —entra mi hermano a mi habitación.

—Si, ya. —le sonrió. 

Aiden me mira detalladamente. 

—Estas muy hermosa, cuesta que lo admita porque eres mi hermanita pequeña pero realmente estás muy hermosa.

—Me puse hermosa porque sé que hoy como siempre me cuidarás y a nada le temo si tú me cuidas. 

—Bien, bajemos, Alec ya está aquí.

Asiento.

Mi propósito para esta noche es hacer lo mismo que él hace conmigo, ignorarlo.

Baje y lo vi hablando con Roma, pero solo lo saludé con un asentimiento.

No seré la que llore por su indiferencia.

Le escribo a Tina avisándole a donde vamos para que me alcance allí porque no quiero ni tener la oportunidad de quedarme sola con él. 

No quiero conmigo a alguien que de la noche a la mañana se vuelve frío y distante sin razón alguna, además solo es conmigo porque con mi hermano nada sucedió, siguen siendo los mismos amigos casi hermanos.

Nos vamos a la fiesta en la playa celebrando el final de semestre.

—Hermanito y cuñadita nos vemos luego. —me despido de ellos.

—No bebas de más y no te alejes mucho. —me pide mi hermano y asiento.

Mi hermano desde el accidente se ha vuelto más comprensible conmigo y podría decir que confía más en que yo pueda cuidarme sola.

Me alejo aún sintiendo la mirada de Alec sobre mi pero no me importa, no hay nada que me haga cambiar mi plan de tratarlo tal como lo hace él conmigo.

Veo a Tina que tiene dos vasos en su mano.

—¿Tan temprano comienzas a beber? —llegó a ella asustándola.

—No es alcohol, dijimos que hoy no beberíamos. —me recuerda. —Es un batido. —me pasa uno de los vasos.

Comenzamos a bailar por un par de horas, la noche se vuelve nuestro único testigo y espectador.

El alcohol comienza hacer efecto en la mayoría, algunos corren al agua otros se sientan frente al fogón mientras yo sigo bailando con Tina intentando ignorar los ojos que ya me he cruzado un par de veces.

—Vino Sebastián. —me informa Tina cuando vamos por más batido. —Llegó hace dos días del pueblo.

—¿Tú primo? 

—No conozco a otro Sebastián, lo he invitado a venir.

—¿Tú primo en una fiesta? Eso sí que sería extraño.

—Extraño sería no verte a ti en una. —murmuran detrás de mí. 

Me doy la vuelta encontrándome con un chico tan lindo cómo solo Sebastián Prens puede ser.

—¿No me saludaran? —pregunta.

Inmediatamente ambas lo abrazamos.

—¿Me extrañaron? —pregunto.

—Si te soy sincera, si tú prima no te mencionaba pues ni te hubiera recordado, he estado muy ocupada pensando en otras cosas. —le sonrió.

—¡No me digas! ¿Si te animaste a ir detrás del guapito de Alec? 

—Callate, no vaya a oírte alguien. —lo tomó del brazo para abrazarlo. —Si en algo así estaba pero ya creo que terminó.

—¿Dónde está él? —murmura buscándolo con la mirada. —Ah ya veo. —dice mirando detrás de mí. —Pues no parece estar muy molesto ¿Será porque te estoy abrazando? —dice para abrazarme más fuerte.

—Sebastián, déjalo así, no importa. —me alejo de él. —Al menos lo intente, pero no se pudo y ya. —repito lo que día a día me he repetido cada vez que esas ganas de llorar aparecen.

—Pues dile eso a tú cara porque no te ves muy feliz.

Le sonrió.

—Pues no toques ese tema entonces.

Seguimos charlando de cosas como que hicimos durante todo este tiempo, hasta que Tina se despide de nosotros porque vinieron por ella.

Me quedo bailando con Seba hasta que luego de un rato alguien me aparta.

Se que no es mi hermano porque esto es de las cosas que resolvimos.

Saco las manos que reconozco de mi cintura para enfrentarlo.

—Alec ¿Qué quieres? —digo poniendo mis manos en la cintura.

—¿De verdad no sabes que quiero? Sabes bien que odio que otros te toquen. —gruñe llamando un poco la atención.

—Deja de hacer dramas, mejor ve a seguir en lo que quieras que estabas haciendo o sigue ignorandome, no me importa—me doy la vuelta. 

Frente a todos los presentes Alec me carga y comienza a caminar conmigo en su hombro.

—¿¡Pero qué te pasa idiota!? —lo empujó cuando me bajó. —¿¡Eres o te haces!? Acabas de hacer un espectáculo sacándome así que ni mi hermano se ha atrevido a tanto.

Me arrincona contra un árbol.

—¿¡Qué hacías bailando con Sebastián, cuando bien sabes que odio que bailes con otros!? —me gruñe apegando su cuerpo al mío intentando intimidarme.

—¿¡Ahora no puedo bailar con mis amigos!? Me importa muy poco lo que odies o no, yo hago lo que quiera ni tú ni nadie me limita. —lo empujó.

—Eres mía, y no voy a permitir que otro te toque.

Me acerco a él de forma desafiante.

—No digas mentiras, yo no te pertenezco a ti ni a nadie, deja de imaginar cosas que no son, entre tú y yo no hay nada como para que sientas que tienes un control así sobre mí.

Alec sonríe.

—¿Nada? No es eso lo que yo recuerdo Oriana. —se acerca a mí para mirarme a los ojos. —Pero si quieres jugar así, juguemos. —me desafía para marcharse.

Y sin siquiera planearlo el juego toma una nueva vuelta, un nuevo capítulo.




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