3 años después.
Un camino de rosas estaba a mi paso, a los lados del extenso camino hacia globos plantados sobre la tierra con fotos de Alec y de mi.
Algunos papeles colgaban del pequeño techo de madera.
"Por ti he vuelto a creer."
"El amor que te tengo parece nunca acabar."
"Tú le regresaste el color a mi vida."
"Le pido a las estrellas que no vuelvas a alejarte nunca más, porque sin ti la luz se vuelve oscuridad."
"Jamás te alejes porque por ti cada día vuelvo a creer."
"Todas las noches que toco tú piel me vuelvo más y más adicto a ti."
Tal vez olvidé mencionarlo pero hoy es mi aniversario con Alec, cuatro años desde ese día que decidí dejar de darle tantas vueltas e ir por todo con él.
Cuatro años desde que deje caer ese secreto que se volvió mi condena, mi cadena que me hundía cada día más, hoy estoy libre de ataduras.
Hoy puedo afirmar que ese amor que sentí desde adolescente no era un amor de nada, pasajero y platónico sino que es el amor más grande que he sentido en mi vida.
Ahora no somos solo amigos, somos pareja, amantes y compañeros de vida y travesuras.
Termino de pasar por esa increíble pasarela tan nostálgica y romántica para encontrarme con una gran pantalla encendida donde se ve una imagen de estrellas.
—Qué extraño. —hablo para mí misma.
—Es una imagen de cómo me siento cuando estoy contigo. —habla detrás de mí Alec.
Me doy la vuelta para observarlo.
Viste un perfecto traje azul.
—Muy guapo. —le sonrió.
—No quería desentonar contigo.
Inconscientemente o tal vez lo sabía pero su corbata hace juego con mi vestido azul marino.
—¿Cenamos? —pregunto.
—No, primero quiero que veas algo por el telescopio.
—¿Un telescopio? —vuelvo a preguntar para mirar hacia los lados y ver que detrás de la mesa se encuentra uno.
Camino tomada de la mano de Alec hasta esté y me asomo.
—No entiendo lo que estoy viendo. —digo al ver una casa en un terreno. —Dirígeme hacia donde debo de ver.
Él se mantiene en silencio así que algo molesta porque me ignora me giro para enfrentarlo y lo veo arrodillado frente a mí con un estuche abierto en su mano, un bello anillo dentro de este.
Realmente parece un sueño, uno de esos que una jamás quiere que la despierten.
Mis ojos enseguida se llenaron de lágrimas y mi sonrisa era inevitable de esconder, él podría decir que era una broma y juro por lo más sagrado que lo mataría porque con los sentimientos así no se juega.
—Oreo, ¿Me harías el honor de ser mi esposa? y comenzar a construir nuestra vida juntos en esa hermosa casa que acabas de ver.
—Si si, claro que sí. —saltó sobre él derribandolo y quedando yo encima.
Reparto millones de besos por todo su rostro. —Mil y una vez te diría que sí, hasta que mi corazón diga basta.
Él me abraza y me da vuelta quedando está vez sobre mí.
—Entonces pequeña Oreo ¿Si nos casamos?
—Obvio que sí.
Meses después
Aún no puedo creer estar frente al altar, tomando la mano del único hombre que puedo decir que he amado, uniendo nuestras vidas hasta que el destino decida lo contrario.
Querernos sin ataduras ni restricciones.
Amar el presente y recordar el pasado pensando en el futuro pero siempre uno con él otro.
—Alec ¿Aceptas como esposa a Oriana?
Alec me mira y sonríe.
—Sí, aceptó.
—Oriana ¿aceptas como esposo a Alec?
—Si, acepto. —digo con una gran sonrisa.
Todo comenzó en una fiesta de verano como cualquier otra, pero esa noche marcó el inicio de algo tan grande que poco a poco comenzó a consumirme, jamás había oído de un amor que te consuma por completo, pero más allá de eso este amor me hace fuerte, me da las fuerzas que necesito para enfrentarme, día a día a mi realidad, este amor me enciende.
Porque estar enamorada de Alec jamás fue sencillo para mí y hoy es un regalo de la vida.
Puede que el futuro pueda ponerse feo pero aprendí que si dejo mis secretos de lado y me animo a vivir todo lo que parece imposible termina por cumplirse.
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Editado: 30.11.2022