Post Mortem

Capítulo 14: Ya no existes

Kate. 

Evado sus golpes lo mejor que puedo, pero William es más rápido que yo. Mis reflejos se vuelven lentos, siento mi rostro chocar con el pavimento de nuevo, apoyo mis manos en el suelo para levantarme, el dolor recorre todo mi cuerpo volviendome frágil y vulnerable.

—No entiendo porque te resistes si el resultado será el mismo, la oscuridad que está creciendo en tu cuerpo será quién regresa a la vida, no hay otra opción para ti, te quedas en esta oscuridad sin salida para siempre.

—¿De qué está hablando? ¿Cómo que la oscuridad que está en mi cuerpo?

—¿No lo sabes?—muestra una sonrisa burlesca.—Snake te inyecto con un suero que ahora poseerá tu cuerpo. Claro, para ello primero tenemos que deshacernos de ti.

—¿Por qué? —estúpidamente pregunto, un nudo se forma en mi garganta esperando su respuesta. 

—Mi padre tendrá el control sobre ti, princesa. Te manejara a su antojo, usando tus poderes como a él mejor le plazca, sin ti en su camino no hay nadie estorbándole para lograr lo que quiere. 

Miro el suelo procesando la información, me está diciendo que nunca fue la intención de Snake herir a Ethan, su objetivo siempre fui yo, solo se divirtio conmigo haciéndome creer lo contrario. Mi vista viaja hasta mis brazos donde mis venas resaltan de un líquido negro. Trago grueso con el peso de la realidad golpeandome, me estoy convirtiendo. ¿¡Esto también quiere decir que no estoy muerta!? Todo esto, vivir el mismo día una y otra vez, el ataque de los aldeanos, la aparición de William, es para debilitarme hasta matarme o hasta que la oscuridad logre poseer todo de mí.

Si quiero ser yo quién regrese a mi cuerpo tengo que deshacerme de la oscuridad que tengo dentro. Es decir, tengo que volver a matar a William, tengo que matar a todo lo que intente terminar conmigo. William me mira con los ojos abiertos seguro de que acaba de cometer una equivocación al hablar de más. Concentro mi energía en mis manos, las chispas no tardan en salir, miedo se refleja en sus ojos al ver mis manos chispear, el cielo se oscurece, truenos se escuchan a lo lejos acercarse hasta nosotros.

—No. No moriré de la misma manera. 

Me ataca antes de que pueda dispararle, logra derribarme poniendo todo el peso de su cuerpo encima de mí. Sus manos encuentran mi garganta, aprietándola con fuerza esperando que eso sea suficiente para detenerme. Obligo a mi cerebro a reaccionar, pongo mis manos en las suyas descargando toda mi energía. Se retuerce gritando de dolor, sin embargo, sus manos siguen aferradas a mi cuello. Un rayo cae muy cerca de nosotros obligándolo a apartarse, maldice viendo sus muñecas con graves quemaduras, escupe palabras esperando que me lastimen más que sus golpes, pero no lo hacen. El alivio que empezaba a sentir se disipa tan pronto veo sus quemaduras sanar, en cuestión de segundos no queda rastro alguno del daño. Una sonrisa de satisfacción aparece en su rostro.

—Te lo dije Kate, tendrás que hacer más si quieres detenerme está vez. 

En un abrir y cerrar de ojos sus golpes vienen de todas partes haciéndome imposible detenerlo. El aire abandona mis pulmones, por más que lo intento no puedo respirar, cierro los ojos buscando una vez más mi energía, pero los golpes dificultan mi tarea de concentrarme. Los moretones empiezan a pintar mi cuerpo junto con el color carmesí de la sangre que sale de mis heridas.

Quiero levantarme, detener su ataque, pero mi cuerpo no parece reaccioanr, pareciera estar anestesiado de todos los golpes que está recibiendo. Se está dando por vencido en mí. Intento de nuevo. Milagrosamente comienza a ceder, detengo el golpe de William regresando el favor golpeando su rostro, su pecho, sus pies, todo lo que tenga alcance mis manos y pies. Se tambalea hacia atrás desorientado, apunto de nuevo a su cara, detiene mi puño en el aire, atrapa mi otra mano impidiendome golpearlo, me acerca a él permitiéndome verlo directo a los ojos. 

—Muérete de una vez—me retuerzo intetando liberarme de su agarre, ejerce más presión lastimándome.—A nadie le importas, para todos tu ya estás muerta.

¿Qué?

 —Nadie te extraña. Nadie te necesita. Tu. Ya. No. Existes. Katherine. 

—Mientes—refuto segura, pero mi voz flaquea. Ellos saben que sigo viva. Ellos saben…

—No Katherine, para ellos moriste el día del baile—dice disfrutando verme herida.

Libero mi mano de su agarre golpeándolo con fuerza. Lo odio. Odio que sepa cómo meterse debajo de mi piel. Odio que me haga dudar. Odio que no me deje en paz ni siquiera después de muerto. Mis nudillos palpitan de dolor, aún así dejo salir toda mi energía en cada golpe. Pronto William cae al suelo protegiéndose de mis golpes. Un rayo cae del cielo golpeandolo directo en el pecho, el rayo se exparse por todo su cuerpo iluminandolo, hasta que la energía se detiene al igual que él. Me alejo para verlo inconsciente en el suelo, espero a que sus heridas sanen y despierte de nuevo. Frunzo el ceño cuando no lo hace, se queda inmóvil en el pavimento. Mis manos tiemblan manchadas con su sangre, no me gusta esto, terminar con alguien nunca a sido algo que imagine hacer, mucho menos a alguien que alguna vez creí era mi amigo. 

—Sabía que no iba a poder terminar contigo—me congelo en mi lugar al oírlo detrás de mí.—No lo hizo antes, ¿porqué sería diferente ahora? 




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