Post Mortem Cadáver

Capítulo 11: Abismal

Descendía a las profundidades del lago, entregándose a las luces que habían aparecido en el fondo del agua, en la que había luchado con fiereza, contra las criaturas que trataron de hacerlo caer de la barcaza. Los dos círculos incandescentes atraparon sus ojos, y vio en ellos la salvación que estuvo anhelando, desde que había descendido por el prado, que posteriormente estalló en refulgentes llamaradas, y que lo obligaron a saltar al agua. Atrás había quedado la batalla agitada por sobrevivir, así como las fuertes brazadas para tratar de alcanzar la orilla; aquella, que parecía tan cercana para él.

 

La lucha frenética remando en la embarcación, y golpeando a todo aquello que no estuviera hecho de madera, la veía tan lejana, que parecía que habían pasado muchas horas, y que incluso, aquella escena, podría pertenecer a otra de sus tantas pesadillas que fabricaba su mente. Joe Materson se entregó al brillo del fondo del lago, extendiendo sus manos para palpar aquella luz divina, y esperando que ese fuera el último paso para sentir la paz que le urgía alcanzar. La sensación de ahogo se había ido, y se percató que ya no era necesario que sus pulmones absorbieran oxígeno, y que este posteriormente llegara a la sangre. Ya no era imprescindible exhalar el dióxido de carbono, ni que su cerebro repitiera mecánicamente el proceso. Ya podría renunciar a su sistema respiratorio, si de su decisión dependiese el poder hacerlo.

 

Era, como si no estuviera sumergido en el agua, y los peligros acechantes se hubiesen ido de golpe. Le pareció que su cuerpo había adquirido cierta ligereza, y se dejó llevar del todo por la corriente, que lo arrastraba al resplandor que anhelaba fervientemente. Cerró los ojos, y aún, con los ojos cerrados, el brillo de la luz se colaba a través de sus párpados, proyectándole una especie de estallidos de fuegos artificiales que le recordaron el 4 de Julio, y aquellas fiestas independentistas junto a su familia, en la que salían a su patio de la pequeña casa en la que vivieron durante tantos años, se arrojaban al césped, y observaban las explosiones y juegos de luces de bengala de diferentes colores, pólvora, y figuras dibujadas en el cielo tan oscuro como las sombras de una persona expuesta al sol del medio día. Las siluetas iluminaban el cielo por algunos segundos, y le daba vida a la negrura de la oscuridad que tanto lo atemorizaba.

 

Trajo el recuerdo de su madre sentada en una silla de descanso, que reclinaba para poder ver el espectáculo junto a sus hijos. Fue el último 4 de Julio, en el que la matriarca de los Materson y su descendencia, vieron el show juntos por última vez. Emma Materson, había quedado tan deslumbrada por el espectáculo lumínico, que quedó sumida en una abstracción tan profunda, que le hizo preguntarse a Joe, si acaso era cierto, eso que decían; que su madre no estaba bien mentalmente. Las palabras: “desequilibrada”, “trastornada”, “perturbada” y hasta “loca”, parecían tomar forma en su cabeza. Por momentos, las charlas con su hermano Steve en las que este sostenía, que no la veía bien, y que ya casi ni se preocupaba por ellos, se solidificaban cada vez más.

 

En aquella noche de verano, en la que las temperaturas alcanzaban ya los 32 grados centígrados, le resultó particularmente fría. Se resistía a la idea de pensar, que su madre ya no era del todo consciente de sus pensamientos y emociones, y aborrecía la idea de internarla en un centro clínico psiquiátrico como se lo habían recomendado. La familia Materson no contaba con presupuesto para pagar su tratamiento y estadía en el centro clínico, y este hecho, se había convertido en la excusa perfecta para el mayor de los Materson, que se oponía férreamente a la idea de internar a su madre, en lo que básicamente era para él: Un manicomio.

El frío que había sentido aquella noche festiva, le provocó un estremecimiento que no supo explicarse. Se había acercado a su madre, tratando de entablar una conversación directa, donde ella tuviera que hilar palabras coherentes para comunicarse con él, y despejar aquellas dudas que empezaban a nacer en su mente, y convencerse de una vez por todas, que ella estaba tan cuerda como él.

 

Se acercó con paso firme, buscando que el sonido de sus pasos en el césped, sacaran del ensimismamiento en el que se había sumergido su madre. El sonido de las risas de sus hermanos le llegaba a lo lejos, como si estos se encontraran en una calle más lejana, cuando la realidad era que los tenía a menos de diez metros. Cuando llegó hasta la silla, pensó que no lo había escuchado. Estaba atrás de ella, fuera de su vista, y cuando Emma Materson pronunció palabra, Joe dio un respingo y no pensó que estuviera tan abstraído. Había avanzado hasta su posición tan inconscientemente, dibujando escenarios del posible final de su progenitora, que no se había percatado que ya estaba atrás de ella.

 

— Es hermoso, ¿No crees? — Le había preguntado su madre. La pregunta le tomó por sorpresa y no había atinado nada más que decir, que pedirle una aclaración de lo que le acababa de preguntar. Todavía se sentía un poco desorientado.

— ¿Hermoso qué, madre?

— El cielo — Le dijo —. Es realmente muy bello.

— Si, lo es —. Le respondió Materson, tan rápido como pudo. Se alegró de que ella estuviera alerta y que se hubiera percatado de su presencia. Después de todo, parecía que los temores de sus hermanos y de sus conocidos, eran infundados.



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En el texto hay: misterio, suspenso, terror

Editado: 03.04.2024

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