Prai-Isu: Secretos Ocultos

Capítulo 10

El día siguiente se hizo presente. Para asegurarse de que los cambios de ayer habían funcionado, decidieron revisar el pueblo nuevamente y registrar todo.

Antes de retirarse, Lucinda le hizo saber a las demás que necesitaba estar con los tres chicos a solas en casa, así que retendrían al resto del grupo lo suficiente.

—¡Florián! —Llamo Lucinda con apuro—. Puedo... ¿Puedo hablar contigo junto a Clelia y Elvira?... —se rasca la nuca—. Quiero decirles algo... —decía apartando la mirada.

Agur no estaba seguro de esa “charla”.

—Amm... Claro, no hay problema —decía Florián relajado.

—Por supuesto —respondió Elvira.

Clelia solo asintió con la cabeza.

Agur estaba por meterse en la conversación, pero Mayra lo retuvo.

—Bueno, nosotros verificaremos al pueblo. Nos alcanzan cuando terminen —decía mientras arrastraba a Agur a la salida.

—Claro, adiós —acto seguido, la puerta se cierra de golpe.

Un silencio invadió la habitación, pues nadie sabía cómo iniciar la conversación.

—Iré por algo de beber —dijo Clelia para dirigirse a la cocina.

—Deberíamos entrar —dijo Elvira señalando el cuarto de Abi y Cinthia.

—¿No se enojarán? —pregunto Lucinda algo insegura.

—Tranquila, no se darán cuenta —dijo Florián para calmarla.

Los tres entraron, se acomodaron y Clelia entra con un jugo de naranja y unas galletas.

—Gracias —dijo Lucinda.

Clelia negó con la cabeza.

—Gracias a ti —respondió.

Lucinda la miro confundida.

—Ella tiene razón —contesto Elvira—. No te hemos agradecido por lo del día de ayer.

—Oh, no fue nada —dice apenada.

—No solo eso —dijo Florián—. Tú forjaste y protegiste a este pueblo, a todos —enfatizo.

—Así es —confino Elvira orgullosa.

—Puede que hayamos comenzamos mal, pero... Ahora nos hemos dado cuenta del tipo de persona que en realidad eres —comento Clelia.

—Casi eres...—dice Florián.

—Parte de la familia —complementaron los tres al mismo tiempo.

Lucinda los miro con total asombro, parecía incrédula y... temerosa. Los tres rieron por esa coincidencia.

—Aunque es cierto, lamentamos tanto juzgarte sin conocerte —menciono Elvira.

—Espero que podamos comenzar de nuevo, ahora que vives con nosotros, podremos ser todos una familia —comento Clelia alegre.

Lucinda se sentía irritada cada vez que escuchaba esa palabra. Se levantó de la silla y grito.

—¡Es que si somos familia!

Un silencio invadió la habitación, solo se escuchaba la respiración agitada de Lucinda.

—¿Qué? —dijo Elvira entre risas nerviosas.

Lucinda se sentó un poco más calmada y respiro hondo.

—Yo... —suspira—. Tú... —señala a Florián—. Ustedes —dice para todos—. Los cuatro, somos... Familia... Somos hermanos —confeso con seriedad absoluta.

Mientras tanto, los demás chicos que se dirigían hacia el pueblo.

—¿Qué es lo que te pasa? —dijo Agur al empujar a Mayra.

—Existe algo llamada privacidad —respondió con naturalidad—. Tranquilo, ella estará bien —bromeo.

—No sé de qué me hablas —frunce el ceño—. Mejor me voy de aquí, tienes un olor realmente desagradable —se aleja de ella y se va con los demás.

Mayra bufa, mientras siente un aire fresco cayendo encima de ella. Se trataba de Fivi, quien hizo explotar una de sus piedras de agua.

—¿Ahora entiendes por qué Erika dice que no fumes?

Mayra bufa nuevamente.

—No es algo que se pueda dejar así como así —la mira incomprendida.

—Yo decía lo mismo, pero llego alguien que me hizo cambiar —mira a Jil—. Deberías pasar más tiempo con esa persona —dice golpeando su codo suavemente.

Fivi se adelanta, dejando a Mayra con una sonrisa amable.

—No te quedes ahí, vamos —Erika la toma del brazo y la lleva con los demás.

Los chicos llegaron al pueblo y revisaron la zona, preguntaron a los habitantes si algo les faltaba o si necesitaban ayuda en alguna otra cosa. En eso, Abi aprovecha para acercarse a Fivi.

—Hay una pregunta que siempre he tenido —dijo Abi.

—¿Cuál? —dijo Fivi curiosa.

—¿Lucinda, es la líder de ustedes?

Fivi dirigió su mirada hacia las hermanas y comenzó a reír incontrolablemente. Abi la mirada confundida y algo asustada.

Poco a poco comenzó a calmarse y limpiaba las lágrimas de risa.

—Por supuesto que no —revelo con una sonrisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.