Premoniciones: T.E.P [2]

MACABRA DIVERSIÓN (2/3)

Y por primera vez desde que comenzaron las visualizaciones, Dan cayó desvanecido hacia el suelo de la sala.

—¡Dan! — llamó Caum para seguidamente tomarlo entre sus brazos y comprobar sus latidos.

Rápidamente, lo acomodó en su hombro y se dirigió hacia enfermería.

—¿Qué ocurrió? — interrogó el doctor al ver a ambos agentes.

Hayden avanzó hacia la camilla en la que recostó a Dan.

—De repente se ha desvanecido— informó.

El doctor toma el estetoscopio para seguidamente acomodarlo en sus oídos y llevar el otro extremo del instrumento hacia el pecho de Dan.

—Realizaré un chequeo general.

Hayden asintió en respuesta.

—Esperaré en la puerta.

Hayden salió de enfermería y fue en búsqueda de Jay quien se encontraba en recepción.

—Ha ocurrido de nuevo— informó Hayden al acercarse hacia Jay.

—Agente Caum— saludó— ¿A qué se refiere?

—No hay tiempo, Downie. Lo sé todo, Dan te explicará todo en otro momento, pero primero hay personas que salvar.

Jay sabía que el agente había descubierto lo que estaba ocurriendo con Dan; sin embargo, le resultaba extraño aún.

—¿A quién tenemos que salvar?

...
En una precaria casona de madera, lo que parecía un santuario se encontraba al final de ella, las velas negras iluminaban una oscura imagen, la imagen del Dios de la muerte. El santuario estaba manchado en cada rincón de él por un líquido rojo y varios objetos personales se encontraban esparcidos en él.

Un pequeño niño de aproximadamente siete años avanzaba con lentos pasos hacia el santuario mientras una expresión de terror invadía su rostro, sin embargo, se detiene a solo unos pasos de él.

En cambio, yo me acerco lo suficiente y me arrodillo frente a él para seguidamente tomar una vela negra sin encender. De mis bolsillos tomo un mechero y la enciendo.

—Sabes cuánto confiamos en él, que él es el único dios que existe y, ¿te cuento un secreto?

Llevo la mirada hacia el pequeño y este asiente para nuevamente regresar la mirada hacia el santuario, la vela que acababa de ser encendida ahora se encontraba en medio del mismo.

—Me ha hablado y me pidió un sacrificio, a cambio de eso, dijo que cumplirá todos nuestros deseos.

—¿Un sacrificio? — y pudo notar con la voz del pequeño se estremecía— Tengo miedo, no quiero hacer esto.

Esta vez me giro por completo hacia el pequeño.

—No hay nada que temer, todos haremos lo mismo, como parte del juego.

—¿Todos lo harán? — repite el pequeño.

Y un grupo de niños de variadas edades comenzaron a ingresar al precario lugar.

—Sí, todos lo haremos— se oyó la voz de uno de ellos.

—Serás la nueva ofrenda para nuestro dios y será realmente divertido.

—Nosotros también lo haremos, no tienes que tener miedo, es solo un divertido juego más— sumó otro de ellos.

Giro la mirada hacia un lado y mi mirada se cruza con uno de los pequeños que acaba de ingresar.

—Todo está listo— informo— Ya saben lo que tienen que hacer.

Los niños ataron al pequeño de pies y manos para seguidamente privarlo de su propio oxígeno, colocando un palo sobre su tráquea hasta que el aire en sus pulmones comenzó a faltarle mientras luchaba por mantenerse lucido.

Sentí un peso sobre una de mis manos, una gran roca se encontraba a la espera de ser usada en contra del pequeño y sin control alguno, mi mano comienza a bajar y subir con gran fuerza mientras que un charco de sangre comenzaba a formarse a su alrededor, el resto de los niños imitaban mi acción.

Hasta que cada uno tomo unas cuchillas de sus bolsillos. Lo próximo que veo es un extenso charco de un líquido rojo mojando mis zapatos, mientras que mis prendas tienen un sinfín de manchas rojas, al igual que las prendas del resto de los niños.

—¡No!

Los ojos de Dan se abren abruptamente mientras que lucha para que su agitada respiración se normalice.

—Tranquilo, agente Tormen— pide el enfermero frente a él.

El rostro de Dan se encontraba completamente humedecido, las lágrimas habían caído incontrolablemente, incluso al recordar en sueños lo que había visto.

En cuanto su respiración se normalizó, Dan se levantó de la camilla para seguidamente ir en búsqueda de Jay.

—Agente, debe descansar— oyó la voz del enfermero a sus espaldas, pero no podía darse el lujo de hacerlo.

Rápidamente, se dirigió hacia la recepción y en cuanto vio a Jay lo envolvió en un abrazo mientras que sus ojos volvieron a cristalizarse.

—Dan— esboza Jay ante su repentina presencia para seguidamente corresponder el abrazo.

—Tengo miedo, por primera vez tengo miedo.

Jay palmea suavemente la espalda de Dan.

—Ya no estamos solos, el agente Caum va a ayudarnos y lograremos salvar a quien sea que esté en peligro, ¿lo oyes?

Dan asiente ante las reconfortantes palabras de Jay para seguidamente secar las lágrimas que se habían deslizado por su rostro.

—Agente Tormen— esboza el agente Caum al verlo en la recepción.

—Tenemos que salvar al pequeño— pide en un ruego.

El agente Caum asiente con firmeza y los tres se dirigen hacia la sala de planificación.

—¿Qué es lo que has visto?

Y Dan, abrumado por la reciente visualización, toma una bocanada de aire.

—Un grupo de niños asesinarán a un pequeño de aproximadamente seis años, sin embargo, no sé con lo que podríamos llegar a lidiar— una breve pausa invade la sala hasta que vuelve a oírse su voz— Son adoradores del ángel de la muerte y decían que les había pedido un sacrificio, un sacrificio humano.

Dan refriega sus ojos y larga un suspiro.

—Lo segmentaron en partes— se lamenta— Sin dudarlo, aquel grupo de jóvenes se cobrarán la vida del pequeño, si no logramos llegar a tiempo.

Hayden toma una pizarra frente a él y comienza a trazar palabras en ella.



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En el texto hay: premoniciones, crimenes, crimenes y asesinatos

Editado: 13.11.2023

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