Presente En Mis Ruinas

Capitulo 24: "19 de mayo"

Ya son dos años sin ti, papá… y todavía hay días en los que el dolor me toma por sorpresa, como si la noticia acabara de llegar. Al principio me costaba entender que realmente te habías ido. Mi mente seguía buscándote en los lugares de siempre, esperando escuchar tu voz, imaginando que en cualquier momento volverías a aparecer como si nada hubiera pasado. Creo que una parte de mí se negaba a aceptar una vida donde tú ya no estuvieras.

Con el tiempo aprendí a vivir con tu ausencia, o al menos a fingir que puedo hacerlo. Ya no lloro todos los días como antes, ya no me derrumbo cada vez que escucho tu nombre… pero eso no significa que duela menos. Hay dolores que no desaparecen, solo aprenden a esconderse en rincones silenciosos del alma. Y el tuyo vive ahí, acompañándome incluso en mis días más felices, porque siempre falta algo cuando pienso en ti.

Me duele tanto todo lo que quedó pendiente. Me duele no poder abrazarte una vez más, no escuchar tus consejos, no verte reír. Me duele mirar hacia atrás y darme cuenta de cuántas cosas quisiera contarte hoy. Hay momentos en los que necesito tanto a mi papá que el pecho se me aprieta y no sé qué hacer con tanta tristeza guardada.

Y aunque suene pequeño para algunos, me rompe el corazón ni siquiera poder llevarte flores. No tener un lugar donde ir a hablar contigo, donde sentarme un rato a sentirte cerca. Es una herida silenciosa que pocas personas entienden. Porque cuando amas a alguien así, necesitas sentir que todavía puedes cuidar de su memoria de alguna forma, aunque sea dejando flores, aunque sea quedándote unos minutos en silencio pensando en él.

A veces me pregunto dónde estarás. Quiero creer que existe un lugar hermoso, tranquilo, lleno de paz, y que desde ahí todavía puedes verme. Quiero pensar que de alguna manera sigues acompañándome, que en los días difíciles me das fuerzas aunque yo no pueda notarlo. Y también quiero creer que algún día volveremos a encontrarnos, porque hay amores que son demasiado grandes para terminar con la muerte.

Te extraño en las cosas más simples: en conversaciones cotidianas, en fechas importantes, en los días malos y también en los buenos. Te extraño cuando logro algo y pienso inmediatamente en que me habría gustado que estuvieras ahí para verlo. Te extraño cuando la vida se vuelve pesada y solo quisiera escuchar que todo va a estar bien.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero creo que hay ausencias que uno simplemente aprende a cargar. La tuya es así. Ya no lucho contra la realidad de que te fuiste, pero sigo sintiendo este vacío inmenso que dejaste. Porque resignarse no significa dejar de amar, y aceptar tu partida jamás va a significar olvidarte.

Mantengo vivo tu recuerdo todos los días porque siento que mientras alguien sea recordado, nunca termina de irse del todo. Hablo de ti, pienso en ti, guardo cada memoria como un tesoro, porque olvidar sería como perderte otra vez… y yo no podría soportarlo.

Te amo y te extraño más de lo que las palabras pueden explicar, papá. Y aunque pasen los años, siempre va a existir una parte de mí esperando volver a encontrarte.

A veces creemos que el duelo debería volverse más pequeño con el tiempo, pero la verdad es que hay pérdidas que no disminuyen: simplemente aprenden a convivir con nosotros. Perder a un padre no es solo despedirse de una persona, es despedirse de una parte de nuestra historia, de nuestro refugio, de esa voz que parecía capaz de sostenernos incluso en los días más difíciles. Y aunque el mundo siga avanzando, hay algo dentro de uno que se queda detenido para siempre en el momento en que esa ausencia comenzó.

El amor verdadero no desaparece con la muerte. Se transforma. Vive en los recuerdos, en las enseñanzas, en las costumbres que heredamos sin darnos cuenta, en las palabras que todavía repetimos porque alguna vez las escuchamos de ellos. Por eso duele tanto: porque cuando alguien fue tan importante, su ausencia se vuelve parte de nuestra vida cotidiana. No hay despedida suficiente para alguien a quien todavía seguimos amando.

También hay heridas silenciosas que pocas personas logran entender. Como necesitar un lugar donde ir a hablarle, dejar flores o simplemente quedarse en silencio sintiendo cercanía. Porque el duelo no siempre necesita explicaciones; a veces solo necesita pequeños actos de amor para seguir manteniendo viva la conexión con quien ya no está físicamente.

Pero incluso dentro de ese dolor existe algo profundamente hermoso: el hecho de seguir recordándolo con tanto amor significa que su existencia dejó una huella inmensa en tu vida. Y hay personas que, aunque se vayan, jamás dejan de acompañarnos. Permanecen en nuestra forma de amar, de resistir, de seguir adelante aun cuando el corazón pesa.

Quizás el tiempo no cure completamente ciertas ausencias, pero sí nos enseña que es posible seguir viviendo sin traicionar el amor que sentimos. Porque olvidar no es sanar. Sanar, muchas veces, es aprender a mirar el dolor con ternura y entender que extrañar tanto a alguien es también una prueba de todo lo hermoso que significó haberlo tenido…”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.