Presente En Mis Ruinas

Capitulo 25: ¿Quien soy sin la tristeza?

Hay preguntas que llegan tarde.
No porque antes no existieran, sino porque una pasa tanto tiempo sobreviviendo que ni siquiera se detiene a pensar quién es realmente debajo de todo el dolor.

Últimamente esa pregunta no deja de perseguirme:

¿Quién soy sin la tristeza?

Y mientras más lo pienso, más miedo me da responder.

Porque la tristeza ha estado conmigo desde hace tanto tiempo que ya no sé dónde termina ella y dónde empiezo yo. Se metió en mis rutinas, en mi forma de amar, de hablar, de mirar el mundo. Aprendí a existir con un nudo en la garganta como si fuera parte natural de respirar. Me acostumbré al cansancio emocional como quien se acostumbra a vivir cerca del ruido: al principio molesta, después simplemente se vuelve parte del paisaje.

A veces siento que toda mi personalidad se construyó alrededor del dolor.
La niña sensible.
La hija rota.
La que siempre está triste.
La que necesita ser salvada.
La que escribe porque no sabe cómo sobrevivir de otra manera.

Y entonces aparece el miedo más extraño de todos: el miedo a sanar.

Porque sanar significaría soltar cosas que, aunque me destruyeron, también me acompañaron. Sería dejar atrás una versión de mí que conozco de memoria. Y aunque esa versión llore todas las noches, aunque se sienta insuficiente y cansada, al menos me resulta familiar.

La tristeza se volvió casa.
Una casa fría, oscura, llena de grietas… pero casa al fin y al cabo.

¿Y si un día despierto y ya no duele?
¿Quién queda?

A veces imagino cómo sería vivir sin esta angustia constante en el pecho. Sin pensar demasiado. Sin sentir que todo puede romperse de un momento a otro. Me imagino riendo sin culpa. Durmiendo tranquila. Dejando de sobrepensar cada palabra, cada abandono, cada silencio.

Y debería sentirse esperanzador.

Pero no siempre lo es.

Porque hay una parte de mí que siente que, si dejo de sufrir, también voy a perder profundidad. Como si mi tristeza fuera la única prueba de que sentí las cosas de verdad. Como si todo lo que escribo, todo lo que soy, naciera únicamente del dolor.

Y eso me rompe el corazón.

No quiero ser solo mis heridas.

No quiero que toda mi identidad esté hecha de pérdidas, decepciones y cicatrices. Tiene que haber algo más dentro de mí. Algo que exista incluso cuando deje de llorar. Algo que sobreviva cuando el dolor ya no sea el centro de todo.

Pero encontrarlo da miedo.

Porque llevo tanto tiempo sobreviviendo, que olvidé cómo vivir.

Me acostumbré a apagar incendios emocionales. A cargar penas ajenas. A sostenerme con las uñas. A creer que descansar era un lujo y no un derecho. Y ahora que, a veces, aparece un pequeño momento de calma… no sé qué hacer con él.

El silencio me incomoda.

La tranquilidad me parece sospechosa.

Como si mi cuerpo estuviera esperando la próxima tragedia.

Y quizás por eso me cuesta tanto recibir amor sin miedo. Porque cuando una vive demasiado tiempo en el caos, termina confundiendo intensidad con cariño. Termina creyendo que sufrir es parte inevitable de amar.

Pero tal vez no.

Tal vez existe otra versión de mí.

Una que todavía no conozco.

Una que no vive desde la herida, sino desde la reconstrucción.

Una que puede recordar sin destruirse.
Una que puede amar sin perderse.
Una que puede existir sin sentir culpa por seguir viva.

Quizás sanar no significa convertirme en alguien completamente distinta. Quizás no tengo que dejar atrás todas las partes tristes de mí para merecer paz. Tal vez la tristeza no desaparece del todo; solo deja de gobernarte.

Y quizá ahí está la verdadera pregunta.

No “¿quién soy sin la tristeza?”,
sino:

¿quién podría llegar a ser si dejo de permitir que ella decida todo por mí?

Todavía no tengo la respuesta.

Pero por primera vez en mucho tiempo… quiero descubrirla.

~A veces creemos que sanar significa dejar de sentir, dejar atrás todo lo que dolió y convertirnos en alguien completamente nuevo. Pero no. Sanar no es traicionar a la persona que sobrevivió; es aprender a abrazarla sin vivir atrapados en su sufrimiento.
La tristeza puede acompañarnos durante años hasta confundirse con nuestra identidad, pero eso no significa que sea todo lo que somos. Detrás del dolor también existe una versión nuestra que merece descubrir la calma, la ternura y la esperanza sin sentir culpa por ello.
No tienes que destruir tus cicatrices para volver a empezar. Solo recordar que naciste para mucho más que sobrevivir. Y aunque hoy todavía no tengas todas las respuestas, el simple hecho de querer encontrarte ya es el inicio de algo nuevo…~




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.