Una vez que el elevador se cerró, Héngwǔ se quedó solo. Suspiró por unos momentos y entonces esperó paciente hasta que el aparato lo llevará a su destino.
El timbre de las puertas sonó y éstas se abrieron para dejar salir al de matemáticas. Él caminó hacía su habitación, sacó su llave y se preparó para abrir la puerta de ésta, no sin antes voltear a ver la entrada del cuarto de Lìān que estaba casi enfrente del suyo.
«Así que lo veré más seguido de lo normal. ¡Vaya coincidencia!», pensó de momento, para luego introducir la llave de su departamento a la cerradura, lo que abrió la puerta.
Como le sucedía a la mayoría, su habitación estaba como nueva, pues casi todos llegaron ese día en la mañana, por lo que no les había dado tiempo de desempacar.
Héngwǔ no había llevado mucho, tan sólo una maleta, y tenía la esperanza de ir comprando cosas para personalizar un poco su nueva morada. Pronto pasó a retirarse el uniforme y colocarlo en un gancho que colocó en una de las puertas del armario que el sitio poseía del lado izquierdo a la entrada.
Ya hecho esto, Héngwǔ se sentó en uno de los sillones y se dispuso a abrir la maleta para acomodar sus cosas. Entonces recordó lo dicho por Hānáng antes de siquiera abrir el contenedor.
Aquello le rebotaba dentro de su cabeza una y otra vez. La curiosidad que le había plantado el de rosa no podía dejarlo en paz mientras trataba de abrir su equipaje, hasta que se detuvo en seco, notable que estaba molesto.
«Maldita sea, de verdad quiero saber dónde estará Zhào Xiāohuàn», confesó dentro de su mente, se puso de pie e, indeciso, se preparó para salir a la terraza, de donde vería al joven entrar dentro de un par de minutos. «Pero, ¿qué haré si Jì Hānáng me ve ahí? ¡Tendré que inventarme una excusa!», terminó de planear para luego salir apresurado.
«Es cierto, seguramente Jì Hānáng estará ayudando a Wú Lìān a subir sus cosas. Estaré sólo allá arriba», recordó Héngwǔ, por lo que le nació una pequeña sonrisa.
Con más tranquilidad, y algo de prisa, el de anteojos caminó hasta la puerta de la azotea que se hallaba un piso más arriba de donde llegaba el ascensor, al cual sólo se podía acceder por medio de unas escaleras de acero más viejas que lo demás en el edificio.
Héngwǔ se acercó a la puerta de acero que lo separaba de salir a la terraza, vio su móvil y notó que, en efecto, los de medicina ya habían salido y la facultad estaba algo cerca de donde estaban, no tanto como la de matemáticas, pues se hallaba al lado, cosa por la cual él pudo llegar hasta ahí caminando.
Una vez más, antes de arribar a su destino, Héngwǔ se preguntó sus acciones. ¿Estaba bien lo que hacía? Wú Lìān tenía razón, no debería acosar así a nadie, pero su corazón le dictaba algo más, deseaba saber sobre Xiāohuàn a como dé lugar, y por ello, abrió la cerradura de la puerta y la empujó para salir.
Por desgracia, lo que encontró allá afuera fue a Hānáng acompañado de Lìān, los cuales estaban viendo hacia la entrada del compendio de departamentos situados en una de las orillas del lugar. El sonido de la puerta los hizo voltear hacia ella, sólo para encontrarse con un Héngwǔ que se había sonrojado.
—¿Qué demonios hace él aquí? —preguntó en voz baja Hānáng, sorprendido un poco Lìān.
—Sigo sin poder creer que te siga cayendo mal a pesar de que es tu fan.
—¡Eso no cambia nada! —respondió el de artes un tanto molesto, todavía susurrando ambos, para luego Héngwǔ cerrar los ojos, respirar hondo y caminar a un costado de donde los estudiantes estaban. Él se recargó cerca y miró el cielo, como si tuviera intenciones diferentes a la del otro par.
—¡Ey! ¿Puedo preguntar qué haces acá? —mencionó Lìān, cosa que llamó la atención del de anteojos.
—Quería tomar aire. Fue un día muy pesado en la facultad de matemáticas. Además, vine hasta acá caminando. No es un tramo largo. Aun así, es agotador. —Se justificó de manera inteligente el matemático al ver con sus fríos ojos a la dupla, para luego continuar con su propia pregunta. —¿Ustedes que hacen aquí? Creí que tenían que mover cosas a la habitación tuya, Wú Lìān —expuso el muchacho, dejado sin habla al ingeniero.
—Eso íbamos a hacer, pero Lìān…
—你要住口(Nǐ yào zhùkǒu)[Cállate], Hān! —gritó el más alto mientras tomaba a su amigo y le cubría la boca para que no terminara—. Simplemente lo dejamos para después. Quería ver cómo era la azotea. ¡Ja, ja, ja! —Fingió un poco nervioso el hombre. Eso no convenció para nada a Héngwǔ, quien poseía una mirada seria en todo momento.
—Ya veo. Entonces no es sólo Jì Hānáng quien tiene interés en Zhào Xiāohuàn, sino que tú también lo tienes —mencionó directo el matemático, lo que impresionó a ambos jóvenes, soltado ya Hānáng por Lìān, cuyo semblante se endureció un poco, luego volteó hacia abajo y cambió su rostro de repente.
—¡Ya llegó Zhào Xiāohuàn! —exclamó el alto. Aquello hizo que tanto Hānáng como Héngwǔ voltearan a la entrada, percibidos varios alumnos de medicina, pero no el mencionado, desesperado el de matemáticas por encontrar al prodigio—. Parece ser que no somos los únicos —aseguró Lìān al darse cuenta que el de rojo también estaba al pendiente de Xiāohuàn.
—¿Cómo puedes decir eso? —preguntó el tercer muchacho al regresar sus ojos al dúo, lento.
—No sólo volteaste, estuviste buscándolo con la mirada. ¡No te hagas el tonto, Yáng Héngwǔ! Estás aquí porque Hānáng mencionó que se iba a poder ver a donde irá Zhào Xiāohuàn. —Las palabras atrevidas del deportista molestaron mucho a Héngwǔ, por lo que dio un paso hacia la dupla para ponerse frente a frente con Lìān.
—Y sí es así, ¿qué? —preguntó con un enfado más notable que antes.
Lìān no se tomó eso bien, por lo que dio un paso más para estar cara a cara con el de anteojos. La mirada de ambos estaba clavada en la del otro, era evidente que estaban molestos por lo que acababan de descubrir.
—¡No está! —mencionó Hānáng, lo que llamó la atención de los dos estudiantes—. Zhào Xiāohuàn no entró. —Lo dicho dejó a ambos sin habla, a la par que se hacían preguntas mentales.