Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 23 ❀◦✧◦

♪ Buenos días ♪ —entro a la habitación de Zyran.

Lo primero que hago es abrir las cortinas para que entren los rayos del sol. El día luce muy bonito; con las ramas de los árboles moviéndose de un lado a otro, y el sonido de los pájaros cantando muy cerca de la ventana.

Por mucho tiempo viví en las tierras de la corte del bosque eterno, pero nunca me paré a contemplar el hermoso paisaje que me rodeaba. El palacio está rodeado de árboles en su totalidad, con la increíble característica de que cada uno forma parte de un solo organismo enorme que comparten un extenso sistema de raíces subterráneas. Cada árbol está conectado, y ninguno se considera como un individuo aparte.

Siguiendo el ritual que se ha transformado en mi rutina de todos los días, alisto las herramientas y me preparo para empezar. Primero tomo las tijeras. Ha pasado un mes desde su último corte de puntas, así que le peino los mechones de cabello y corto con mucho cuidado.

—Tranquilo, solo te corto un poco las puntas —digo acariciándole la mejilla. Zyran nada más suaviza su expresión cuando escucha mi voz, o lo toco. Desde que me aparto, vuelve a arrugar la cara y a hacer muchas muecas incómodas—. Oye, hoy hace un buen día. Hagamos un pícnic fuera. ¿Qué tal?

Él ha permanecido dormido durante tres largos meses. He escuchado su voz en muy pocas ocasiones, cuando susurra palabras inentendibles en medio de una pesadilla.

He investigado con brujos, leído cientos de tomos, pero no he encontrado ninguna solución para su mal. Ahora mismo, en lo único que tengo esperanza es en encontrar al oficial del cielo estrellado para ver si podría ayudarnos. Él anticipó los eventos. Puede que su sabiduría y gran experiencia nos sirva de algo. El problema es que desapareció de la coronación sangrienta, y nadie ha sabido nada de su paradero desde entonces.

Después de terminar de cortar y cepillar su cabello, es hora del segundo paso: arrancarle las ramitas que brotan de su torso. Si las dejo, pronto crecería un árbol de «dulces sueños», y lo apresaría en su interior. Por suerte, hoy nada más tiene una, la cual arranco y tiro al fuego.

—Disculpa, no conseguí la crema que te gusta —suspiro, untándosela en la cara. Espero que le agrade el aroma del aguacate, porque esa fue la única que conseguí—. Pero esta huele igual de bien, así que no te quejes.

Me gusta creer que él me está escuchando. Es una posibilidad por el cambio que tiene su rostro cuando le hablo. No emite ninguna expresión de acuerdo a lo que digo, pero por lo menos no luce mortificado.

Terminado el «ritual», guardo todo y me tiro a su lado. Lo rodeo con el brazo para que sepa que no está solo. —Zyran, ¿no tienes frío? —su piel es como un témpano de hielo—. Ay, no. Esto es malo.

Me levanto y alimento más la chimenea con varios pedazos de madera. También, caliento agua para ponerle varios paños en la frente. Debo asegurarme de que esté lo suficientemente arropado. Al ver que la temperatura no sube como quiero, saco otra manta y lo cubro con ella.

Sí, hasta ahora todo forma parte de mi rutina. Nada nuevo. Me la paso toda la mañana aquí, y hago lo mismo en las noches. No me gusta dejarlo solo por mucho tiempo por lo que dije antes. Tampoco quiero que se sienta abandonado.

—Oh, cierto —se me había olvidado mencionarle algo—. Zyran, mira lo que tengo aquí —sonrío hurgando en mi bolso. De allí saco sus gafas, las cuales recuperé ayer de una sirvienta que venía de la hacienda de Allister. Le pagué con el vestido que usé en la coronación para que entrara a la habitación de Zyran y trajera un par de cosas. Entre ellas, las gafas y el reproductor de música—. Lamento no haberlas recuperado antes. Las cosas se pusieron tensas en la corte de las espinas.

La noche anterior me ocupé de pegarlas con pegamento de duendes; las gafas no iban a durar mucho si seguían envueltas en cinta. Con una pequeña sonrisa, se las coloco en el rostro.

Me da miedo que se mueva y se rompan. No se las dejaré por mucho tiempo.

—Dime, ¿quieres escuchar música? —reproduzco «the world we knew» de Frank Sinatra. Él ama las canciones del «viejito». Quién sabe si lo hacen despertar—. ¿Te gusta? —le acaricio el cabello—. Vamos, por lo menos emite un pequeño sonido para hacerme saber que me estás escuchando.

¿Y si solo soy una ingenua y he hablado sola todo este tiempo? Mejor no pienso en eso. Zyran me escucha. Él está ahí. Lo sé.

◦✧◦

Cuando la mente se me llena de pensamientos negativos, y estoy por tirar la toalla, hago la única cosa que me relaja: hornear.

No es una sorpresa.

Pensé que no iba a hornear nunca más desde que me libré del dominio de Allister, pero incluso en este lugar lo he hecho todos los días. La verdad es que coincide cuando «hablo» con Zyran, y veo que sigue igual como el primer día en que fue maldecido con la fruta. Tal vez peor.

No pienso en nada más que las recetas cuando estoy horneando, lo cual me cae estupendo.

«¡¿Dónde demonios está el oficial del cielo estrellado?!».

Bueno, los cupcakes están listos. Seguiré pensando en el paradero del viejo luego de comer. Por ahora, será mejor que atienda mis postres si es que no me quiero volver loca.

—La, la, la —canturreo decorándolos con suspiro. Se ven muy bien.

Hm, debería acompañarlos con un chocolate caliente bien espeso.

Camino al estante para tomar un recipiente con leche fresca, pero me detengo al ver al rey Erian. Por el modo en que se recarga de la pared de la entrada de la cocina, me da la impresión de que lleva ahí mucho tiempo. Siempre me impresiona lo fantasmales que son sus pasos. Nunca siento cuando llega.

—¿Qué hay para hoy? —dice con una pequeña sonrisa—. Si estás aquí, intuyo que el príncipe Zyran no ha dado ningún indicio de despertar.

—Está en lo correcto —saco la leche y la coloco en la encimera—. ¿Le gustan los cupcakes?

—Deberías descansar —se acerca. Él toma un cupcake y le da un mordisco—. Está delicioso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.