Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 25 ❀◦✧◦

Se supone que al ser la mente de Zyran, nada de lo que me rodea es real. Sin embargo, siento el suelo en los pies, escucho el sonido de las personas y puedo tocar la superficie de las paredes y mesas. ¿Cómo es que todas estas sensaciones pueden ser falsas? Inclusive mini Zyran, quien tiene las manos frías, se siente más vivo que nunca.

La hacienda luce un tanto diferente, sí; pero debe ser por el tiempo en que transcurrieron los hechos y no porque sea una recreación del lugar. Zyran y Allister están a tan solo unos metros de mí, pero es como si estuvieran más lejos.

Por impulso me acerco. Le grito para que se detenga, pero ninguno de los dos puede verme. El segundo príncipe no carga una expresión divertida, sino que todo el tiempo lo observa con seriedad.

Él suelta el ala rota, y la misma desaparece al instante como polvo de estrellas.

¿Por qué me haces esto, hermano? —cuestiona retorciéndose de dolor. Zyran se encuentra al borde del llanto, mientras se intenta agarrar la herida para, según yo, frenar el dolor y sangrado.

Un hecho intrigante es que tiene los ojos cerrados. Las raíces que están en el suelo, comienzan a enredarse alrededor de sus piernas, con intenciones de seguir subiendo e invadir todo su cuerpo. Él no parece sentirlas ni verlas. Solo yo puedo hacerlo.

—¡Zyran! —grito su nombre. Si no me equivoco, esta debe ser una de sus pesadillas. Tengo que hacer algo a la de ya—. ¡Nada de esto es real! ¡Despierta!

No puedo tocarlo...

Porque te amo —contesta Allister, y yo de inmediato lo miro con impacto.

¡¿Porque lo ama?! ¡¿Qué clase de ser perturbado le haría algo así a alguien que ama?! Lo que más me aterra es que no está mintiendo. ¡No puede hacerlo!

—¡Malnacido! —quiero golpearlo, pero mi puño lo traspasa—. ¡¿Cómo te atreves, maldito?!

No olvides que todo lo que hago, lo hago para protegerte —susurra acercándose. Va a por la otra—. No haría nada para dañarte. Eres mi amado hermanito.

—Allister... —retrocede asustado—. No..., no, por favor.

Eres débil. ¿Por qué no puedes ser más como yo?

Allister sujeta el ala restante y la jala sin prestarle atención a los fuertes alaridos de Zyran. La escena me hizo olvidar al niño que, contrario a ellos, puede verme. Así que giro sobre mi eje, y lo que veo me inquieta. Las raíces invadieron su cuerpo; adhiriéndose a sus extremidades. Él no opone resistencia, puesto que su atención va más dirigida a lo que ocurre delante de sus ojos.

Está en shock.

—Maldita sea —corro en su ayuda. Forcejeo con las raíces para que lo suelten, pero no vale que las corte, aparecen más—. Zyran —le hablo, pero no reacciona. No aparta la mirada del recuerdo—. N-No mires eso —opto por refugiarlo en mis brazos. Le cubro los ojos, y a medida que se escucha el sonido del ala arrancándose de su cuerpo, lo abrazo más fuerte. Soy un mar de lágrimas. La escena es en serio aterradora—. T-Todo estará bien —digo llorando. Lo tengo aferrado en mi pecho, y en serio no quiero soltarlo—. Estoy aquí. Es un sueño. No es real...

Pero en un punto lo fue.

—¡Aggh!

Escuchar los gritos incesantes de Zyran son una tortura para mí. Él se retuerce de dolor. Su cuerpo queda bañado por su propia sangre, al igual que las manos de Allister. Este último vuelve a tirar el ala, y luego de que desaparece, mira al techo tragando una bocanada de aire.

A mí me duele más —asegura con frialdad—. Todo lo que hago, hasta la más mínima cosa, es debido a mi gran amor por ti. Dime, Zyran. ¿Sabes amar? Por supuesto que no. Jamás lo entenderías —se limpia las manos con un pañuelo que se saca del bolsillo—. Tú asesinaste a la primera persona que debías amar. Mataste a tu madre, Zyran. No conoces nada del amor. ¿Acaso lo que he hecho ha sido suficiente para que me odies? ¿Me odias, hermano?

No quiero escuchar más. Quiero salir de aquí. Mi pecho está humedecido por las lágrimas de mini Zyran. Tengo que sacarlo.

Aun con el gran charco de sangre que tiñe el suelo de rojo, y de haber vociferado gritos de dolor, Zyran no responde a su pregunta. Él lo mira sollozante. De odiarlo lo habría gritado sin pensarlo; duele y es más difícil responder que no.

—Es un sueño —repito besando la frente de mini Zyran. Sus alas ya no están—. Mientras esté aquí, prometo que no te pasará nada. Tranquilo. Estoy aquí. Ya no estás solo.

—Hm —el mentón le está temblando.

—Recuerda que te prometí que volaríamos en parapente. Son unas enormes cosas que te ayudarán a estar en los aires de nuevo. Recuerda cómo se siente la brisa de tu rostro. Lo harás muy pronto cuando despiertes. ¿Bien?

—¿Parapente...? —arruga la cara—. ¿Es una promesa?

—Claro.

—Hmm —las raíces se alejan solas. Mini Zyran se aparta de mí. Él camina hacia un ventanal.

Lo sigo, viendo que del otro lado está de día. El jardín, pese a que está soleado, sigue luciendo gris. Allá hay otra versión de Zyran que se prepara para extender sus alas y volar. —Ya no las tengo —susurra apoyando las manos en el cristal. La otra versión suya se eleva por los aires con una felicidad tremenda. Creo que nunca lo había visto así de contento—. Faye. Mis gafas, ¿dónde están?

—Ya te dije. Están en el mundo exterior. Tienes que despertar primero.

—¿Por qué todo está tan oscuro? —mira la sala—. No me gusta. Haz que se vayan —patea una de las raíces más gruesas—. ¡Fuera! ¡Destrúyelas! ¡Ah!

—Zyran —le llamo. ¿Es impresión mía o está más grande?—. ¿Acaso creciste?

Ahora se ve como un niño de ocho a nueve años.

Él se detiene y me mira por unos segundos. Luego corre, y antes de que pueda detenerlo, desaparece tras atravesar una pared. —¡Oye! —golpeo la superficie donde se fue—. ¡No me dejes aquí! ¡Zyran! ¡¿Dónde está tu núcleo? ! ¡Dímelo para poder despertarte! ¡Vuelve!

¿Pero a dónde se ha ido?




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