Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 26 ❀◦✧◦

La concubina Enora era querida por todos. Según escuché, cualquier lugar al que llegaba, se iluminaba con su presencia. Era una mujer hermosa y risueña, capaz de robar el corazón del emperador y fue la única que puso en peligro la posición de la emperatriz.

La puerta plateada me condujo a un bosque. El alrededor no parece formar parte de las memorias de Zyran, sino que se comporta como un mundo dividido.

¿Qué es este lugar?

Sigo a la pequeña niña al interior de la cabaña. Ella se sienta en una mesa junto a una mujer con la que guarda familiaridad.

—¿Por qué tengo que estudiar todo el día? —le pregunta, ojeando decenas de libros gruesos.

La mujer no me ve, y ella ignora mi presencia.

—Debes instruirte en todas las artes si es que queremos llamar la atención —responde tomando uno de los libros—. El emperador disfruta de una buena charla. No bastará con tu belleza. Debes hacer todo lo posible para hacerte de un espacio en su corte.

—¿Y si no quiero? —baja las cejas.

—Nuestra corte depende de ello —la agarra de los hombros para que la mire a los ojos—. Eres la única que reúne todos los criterios de su corte. Hazlo por nosotros.

—Pero...

—Y recuerda. Debes mantener tu energía bien oculta. Nadie puede saber que provienes de una corte oscura. Nadie. ¿Me oyes?

—Es difícil —bufea.

—Pero no imposible. La corte de las espinas nunca aceptará a uno de nosotros si supiera quienes somos en realidad. No puedes usar magia negra nunca. Bajo ninguna condición.

Al igual que sucedió en una de las memorias de Zyran, el escenario se mueve como si fuera una cinta antigua. La cabaña desaparece y la imagen de «Enora» con la mujer a la que denomino como su madre, se va alejando hasta que, en un pestañeo, estoy en otro lugar.

Me ubico detrás de la niña, que ahora es una preadolescente. Me acerco para ver lo que hace, y enseguida pongo una cara de espanto. Está aplastando la cabeza de un gato con una roca, mientras que a unos centímetros se encuentra un perro amarrado de las patas.

¿Pero qué demonios?

—¡Enora! —la mujer de antes acude a ella. Se detiene tras ver lo que ha hecho, intentando contener las ganas de vomitar—. ¡¿Pero qué has hecho?!

—Estoy experimentando —susurra dejando la roca de lado—. Estoy en mis minutos de descanso, ¿no? Puedo hacer lo que quiera.

Enora posa la mano a unos centímetros por encima del perro. Ella cierra los ojos. En cuestión de segundos, sale una luz dorada del interior del animal que la feérica redirige al gato. Detengo la respiración en el instante que este último se levanta como si nada.

El perro no se mueve.

—Fallé de nuevo —masculla—. Creí que podía pasar a experimentar con organismos más complejos después de que consiguiera mantener a dos plantas con vida... ¿Qué estoy haciendo mal?

—¿Pero qué estás haciendo?

Me pregunto lo mismo.

—Experimento con la energía vital de los seres vivos —suspira. Ella vuelve a hacer el mismo movimiento, haciendo que la luz dorada regrese al perro. Las posiciones se invierten y el gato muere de nuevo—. Absorbí la vitalidad del perro y luego se la pasé al gato. Con este experimento aprendí dos cosas: no se puede mantener a dos organismos con vida utilizando una sola fuente de energía. Debo sacrificar a uno para salvar al otro. Lo segundo es que mis capacidades no son lo suficientemente buenas como para prolongar la vida del individuo al que la energía le fue dirigida.

—Me das miedo, Enora... —dice con voz tambaleante—. ¡No puedes jugar con esas cosas! ¡¿Qué te he dicho de usar magia negra?! —para mi sorpresa, le abofetea el rostro—. ¡Terminarás atrayendo energía maldita! ¡¿Eso quieres?! Si tu aura se ve corrompida, entonces nunca serás seleccionada como concubina del emperador. ¡Todos nuestros esfuerzos serán en vano!

—¿Energía maldita...? —no le ha importado la bofetada de su madre. Su cara es la de alguien a la que se le ha prendido el foco—. Claro... Si uso energía maldita podría funcionar.

—¡Enora!

Ella la ignora. Se pone de pie y extiende el brazo. Para que su mamá no la moleste, forma una barrera mágica similar a las creadas por la magia de Zyran, y la repele a unos metros. La chica de nuevo arrebata la vitalidad del perro, pero algo extraño sucede: la luz, que era dorada, adquiere un aspecto turbio.

¿Qué clase de feérico era la madre de Zyran como para manipular este tipo de magia a su antojo? Ella literalmente engulle la vitalidad del perro de energía maldita, como si se tratara de nada. Luego, la conduce hacia el pequeño minino anaranjado.

—Vamos... —forcejea con la inestabilidad de ese tipo de magia—. Puedo hacerlo...

Logra introducirla, y tras eso, cae al suelo de rodillas. El gato vuelve a ponerse de pie, se sacude y ella lo toma en brazos. Sus ojos son de diferente color...

—Oh, vaya —pestañea confundida.

—¡Enora! —vocifera su madre.

—No es lo que buscaba, pero algo es algo. Supongo —acaricia el lomo del animal—. Una muy pequeña porción de la energía vital del perro se ha fusionado con el gato. No logré tenerlos a ambos con vida, pero conseguí prolongar la vida del gato, el cual sin esta intervención no iba a vivir por mucho tiempo. Perdí, pero gané.

»Mamá, te agradezco. No se me hubiese ocurrido sin ti.

—Tu brazo... —lo señala con el dedo.

Está oscurecido. Le cayó una maldición igual que a mí.

—¿Ah, esto? —se encoge de hombros—. Descuida, suele pasar. Nada más tengo que... —lo agita y ella se le despega como gelatina.

La maldición, en forma de energía maldita que ha tomado un aspecto gelatinoso, cae al césped y todas las plantas a su paso se marchitan.

Por las descripciones de Enora, me la imaginaba como una frágil concubina, pero ahora... No sé qué pensar. Era una prodigio con una gran cantidad de energía oscura que podía moldear a su gusto. Las maldiciones le resbalaban, y creo que mejor la magia negra le temía a ella.




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