Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 28 ❀◦✧◦

Los mismos ojos. Los mismos gestos. Aquella similitud que desde un principio no me hizo dudar de que eran familia. Sin embargo, solo los consideré como hermanos muy parecidos; nunca como padre e hijo.

Quisiera borrarme la memoria y no recordar esto nunca más. ¿Con qué coraje le diré a Zyran todo lo que he visto? Sencillamente no podría.

A pesar de la muerte de Enora, la escena no ha cambiado. Después de que ella cerrara los ojos por última vez, Sonya salió con Zyran en brazos y anunció su triste partida. El alboroto no tardó en aparecer. El emperador llegó, e ignorando al bebé, se encerró en la habitación de Enora y por lo que pude apreciar, la lloró en brazos. Maldiciendo cada minuto de su embarazo, y ofreciendo cualquier cosa para tenerla de vuelta.

En estos momentos, camino por los pasillos del palacio. Busco la puerta que me conduzca a la salida de este plano, pero por más que abra una tras otra, no logro dar con la indicada.

Me preocupa el tiempo que he pasado aquí. No soy consciente de cómo el exterior afecta este sitio. Ahora mismo podría estar falleciendo por usar demasiada energía oscura, y ni siquiera me daría cuenta de ello.

La sensación de una punzada en el cuello me detiene. Giro hacia atrás, y la respiración se me corta del espanto. Es el mismo espectro de antes. Él se encuentra a unos metros de mí, por lo que no bien lo veo, cuando empiezo a correr.

¿Cómo ha llegado hasta aquí? Debió atravesar la puerta, ¿pero dónde demonios está?

—¡¿Pero qué...?!

El piso se comienza a mover al mismo tiempo que el escenario se distorsiona. Las paredes me caen encima; las traspaso. Cierro los ojos, y al abrirlos, aparezco frente al cúmulo de energía oscura que rodea al «ser» que me persigue.

Trato de escapar, pero vuelve a suceder lo mismo. El individuo debe ser el responsable de que el espacio se torne inestable. Sin darme tiempo de procesar lo que está pasando, el «ser» me ataca con su energía oscura, haciéndome atravesar muchas paredes y caer al suelo sin fuerzas.

Me levanto y percato de que estoy de vuelta en el pasillo de las puertas infinitas. El objetivo del «ser» era sacarme de aquel plano, ¿pero cómo y por qué?

—¡Ahg! —grito después de que apareciera de la nada y me choque contra la pared.

Agito la daga para defenderme, y es efectiva para cortar la energía que me rodea como si fuera niebla, pero al ser tanta es difícil disiparla toda. ¡¿Por qué Zyran tiene una cosa así en su mente?!

«Me fusionaré con su alma, y me encargaré de que toda la energía maldita que le transferí, no se desborde en su interior. Nunca estará solo».

Entre todas las personas que he conocido, solo alguien es capaz de tener esta bestial cantidad de energía oscura. Hasta hace unos minutos estuve en sus recuerdos. Ella me llamó por mi nombre... ¡Zyran vive porque le dio su energía vital!

—¡¿Eres tú, Enora?! —mi grito detiene el ataque del ser. ¿Cómo no lo pude ver antes? Reconozco el patrón de su «magia».

La niebla se dispersa, revelando la verdadera apariencia del espectro. Es ella. Enora me observa con la misma expresión analítica que me brindó cuando hablamos en el bosque. Su cabello es negro, ondulado y muy largo; le llega hasta el suelo. Contrario a los ojos café que tenía, ahora son rojos y afilados. Su cuerpo está cubierto con una túnica negra, y tiene las uñas alargadas y oscuras.

—¿Te divertiste husmeando en mis cosas, Faith? —cuestiona, haciendo aparecer una espada en su mano—. Tú... ¡Eres la responsable de que la mente de mi bebé haya sido invadida por esas malditas cosas! —apuñala una raíz que se propagaba por la pared.

De hecho, veo más raíces que antes.

—¿Cómo es posible? —estoy sin palabras. En verdad es ella. Todo este tiempo, el emperador tenía razón.

—No eres bienvenida a este lugar. Nadie lo es —se acerca. Volverá a atacarme—. ¡Sal, ya!

—¡Vine a arreglar las cosas! —me levanto del suelo—. ¡No me iré de aquí hasta despertar a Zyran!

—¿Despertarlo? ¿De qué estás hablando?

—¿No tiene idea de qué son estas raíces? —¿entonces por qué piensa que yo soy la responsable?—. Zyran fue víctima de una maldición por la fruta de «dulces sueños». Estas raíces se encargan de alimentarse de las pesadillas que el árbol le provoca. Si no logro despertarlo, su hijo se quedará así por siempre.

—No puede ser... —retrocede con los ojos abiertos de par en par—. Con razón no importa lo mucho que las destruya; vuelven a aparecer más —se pone de cuclillas. Ella apoya la frente en sus rodillas. Su postura me recuerda a la que tenía mini Zyran cuando llegué—. Mi bebé está lleno de pesadillas... —dice llorando—. Y no puedo hacer nada para ayudarlo. Ni siquiera puede verme como tal.

—¿Qué no puede verla? —me pareció que sí por la reacción de mini Zyran—. Enora, ¿me puede explicar qué es usted?

—Soy la razón por la que mi bebé está con vida —susurra—. No soy la verdadera Enora. O mejor dicho, no soy la que viste en los recuerdos. Soy la parte de ella que se fusionó con Zyran después de que le transfiriera mi energía vital. Yo lo protejo de la energía maldita que usé para el ritual de transferencia, y de intrusos como tú o las raíces.

El oficial del cielo estrellado mencionó el riesgo de que la mente de Zyran se cierre por una segunda invasión, pero en realidad yo soy la tercera. Esto es más peligroso de lo que pensé.

Por eso la magia práctica de Zyran es tan rara —hablamos de la magia de su madre, después de todo—. De poder, es posible que Zyran la llegue a dominar como ella.

—¿Qué pasaría si es separada de Zyran?

Si es que se puede, claro está.

—Terminaría desapareciendo, y mi bebé muriendo —se pone de pie—. Tú misma lo viste. Sacrifiqué mi vida a cambio de que él viviera —me apunta con la espada—. Seré lógica y por eso no te asesinaré. Ahora dime, ¿cómo piensas despertar a mi bebé?

—Necesito encontrar su núcleo. ¿Sabe dónde puedo ir? Si llego a ese lugar, podré despertarlo.




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