Zyran ha sido la única persona que se ha preocupado verdaderamente por mí. Hasta conocerlo, no había tratado con nadie capaz de anteponer su seguridad con tal de que esté bien.
Sí, al principio lo consideraba un fastidio, pero con el tiempo le he tomado mucho cariño.
Por esa razón, desde el día en que se desplomó frente a mis ojos, prometí que lo protegería con mi vida. Buscaría la forma de despertarlo, y juntos nos vengaríamos de las personas que nos pusieron en esta condición. Por ello, ahora que la vida se me escapa de las manos, sonrío.
Me causa felicidad saber que cumplí mi misión y que él despertará pronto, y al mismo tiempo, muero de risa al imaginarlo vengándome. Zyran no perdonará a aquel feérico infeliz, ni a esa bruja despreciable. Los buscará por cielo, mar y tierra para torturarlos. Hacerlos gatear sobre hierro frío será lo mínimo que les haga.
Y eso me alegra mucho. Porque el dolor que siento en estos momentos, es el más fuerte, punzante e insoportable que he tenido jamás. Si antes me pregunté por lo que Enora sentía mientras su maldición se le propagaba por el cuerpo, ahora tengo la respuesta. Es una manera horrible de morir. ¡Duele como nunca! El cuerpo me duele tanto que ni siquiera sé por qué lado me duele más; si los huesos, los músculos o cada uno de mis nervios.
No tengo que mirarme al espejo para saber que tengo los ojos inyectados de sangre, pues percibo el líquido viscoso deslizándose por los costados de mi cara y casi no puedo moverlos. Veo movimiento a mi alrededor; me encuentro en la misma habitación de antes, y el oficial del cielo estrellado trata de conjurar hechizos para salvarme, pero dudo que pueda.
Él mismo lo dijo, tenía el riesgo de morir.
Si tan solo tuviera el mismo poder de Enora... la historia fuera distinta. Bueno, de haber sido la mitad de prodigiosa que ella, me habría convertido en una egocéntrica total. Puede que no hayamos terminado así, porque nunca hubiese permitido que Griselda se nos acerque en primer lugar.
¿Por qué tuve que nacer con la capacidad de manipular magia? Me sirvió para salvar a Zyran, pero eso no quita que siempre fue una mortificación para mí. Al menos después de escapar al mundo humano.
Pensándolo bien, el problema no está en la magia. Sino que nunca aprendí a usarla de otra manera. ¿Por qué no pudo ser práctica como la de Zyran? Me habría ayudado a hacer una infinidad de postres.
Claro, los postres. Incluso ahora que estoy muriendo, me antojo de clafoutis; una tarta francesa que solo hice una vez. Hmp, la haré de nuevo si sobrevivo.
—No hay nada que pueda hacer —se rinde el oficial—. Hiciste buen trabajo, muchacha. La familia imperial está por encima de todo. Espero que descanses en paz tras tu sacrificio.
¿Descansar en paz? No lo creo. Nadie que aguante este dolor podría hacerlo.
—Z-Zyran... —le aprieto la mano para que despierte. Creí que lo haría de inmediato. Si muero, quiero verlo con los ojos abiertos una última vez. Sentir que mi esfuerzo valió la pena.
—Pídeme que acabe con tu sufrimiento —el rey Erian desenvaina su espada.
Mi atención está en Zyran. ¿Por qué continúa dormido? Él dijo que despertaría. ¿Acaso me mintió?
—D-Des... —toso un puñado de sangre—. Despierta, Zyran.
Comienzo a perder la fuerza del agarre. Quiero gritar; quejarme del dolor, pero nada sale de mi garganta. Estoy en un punto de trance, en que muy pronto me disociaré de mi cuerpo como un mecanismo para superar esto. Si mi hipótesis es correcta, ¡que ocurra ya!
—Si no te das cuenta, la mujer que quieres está muriendo —el rey le habla a Zyran—. Tú eres el único que puede salvarla. ¡Reacciona!
¿En serio puede salvarme?
La verdad es que a mí también me da miedo la muerte...
—Zy... —trato de apretarle la mano, pero no puedo—. A-Ayuda.
Lo peor de ser absorbida por una maldición ocasionada por magia negra, es que la muerte es muy lenta. La oscuridad se va apropiando del cuerpo a pasos diminutos, cosa que nada más conviene para despedirse.
¿Qué debería decir como últimas palabras? Si es que puedo, claro.
«Véngame», se oye bien.
El ritmo de las palpitaciones de mi corazón incrementan. Termino rindiéndome, a la vez que suelto mi agarre. Estoy muy débil. En cualquier instante... Yo...
Es cuando las palpitaciones ya no se sienten tanto y percibo un agudo «golpe» en el pecho que me hace chillar que cierro los ojos. No puedo respirar con normalidad. Es mi fin.
—¡Príncipe Zyran! —oigo que exclama el oficial del cielo estrellado.
En cuestión de segundos, siento unos brazos que me rodean. Reconozco este dulce aroma a rosas fusionado con el del sándalo. Él me sienta en su regazo, a la vez que yo apoyo la cabeza en su pecho con una pequeña sonrisa.
Así es como mueren los fuertes.
Abro un poco los ojos, y lo veo mirándome. Zyran no ha despertado en su totalidad, sino que tiene los ojos en blanco. No está actuando a conciencia.
Él dibuja algo en mi frente, y luego me estampa un fuerte palmazo con la mano bien abierta. No sé cómo, ni qué ha hecho, pero el dolor se me va al instante y dejo de sangrar. De reojo miro por debajo de mi cuello, y está libre de oscuridad. Lo único que siento es un terrible ardor por su golpe, pero nada grave.
—Hizo que la oscuridad se desprendiera con un solo movimiento —comenta el oficial muy impresionado.
Y es que, la energía maldita está flotando sobre nuestras cabezas. Es así hasta que Zyran inhala profundo y la misma se adentra a su cuerpo por medio de su nariz.
—Entonces es cierto. Él puede absorber la energía maldita —dice el rey.
—E-Es asombroso —secunda el oficial.
Y yo, tengo sueño. Después agrego mis comentarios al respecto.
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No tengo idea de cuántas horas han pasado, y la verdad es que no me interesa. Lo único que importa es que sigo con vida. Sobreviví. Qué viva yo, y todo lo que se dice cuando uno logra evadir la muerte.