Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 31 ❀◦✧◦

Ha transcurrido una semana desde que Zyran despertó, y solo dos días desde que se pudo levantar de la cama sin ayuda. El rey Erian tomó distancia con nosotros hasta que Zyran salió de la alcoba y solicitó una reunión con él.

El oficial del cielo estrellado se ha mantenido todo el tiempo al lado del rey Erian, lo que es extraño, ya que se supone que a quien tiene que servirle es al que porta el título de príncipe de espinas.

Lo comienzo a considerar como un cobarde que se refugia detrás del que considera más poderoso. Decidió abandonar a Allister porque temía de las consecuencias de servirle, ¿pero por qué piensa que lo mataría?

Sí, el segundo príncipe no es de fiar. Pero él siempre tiene un motivo para hacer las cosas —retorcido, sí— pero un motivo de todas formas. Nunca actúa porque sí.

—Jamás me ha interesado la corona —dice Zyran desde un sillón. Yo me ubico de pie a su lado, a la vez que el rey se encuentra del otro lado de la mesa—. Allister es poderoso, y lo suficientemente paranoico como para confiar en usted. Jamás perdonará una traición.

—Juré ante la corona, y el príncipe Allister todavía no la lleva puesta —contesta, mientras un sirviente le rellena una copa de vino—. Todavía no sabemos por qué ha aplazado su coronación, pero todas las hipótesis apuntan hacia ti. El segundo príncipe ha gastado una enorme cantidad de recursos en tu búsqueda. Considero que aun huyendo de mí, no podrás hacerlo de él. Este es el único lugar seguro que tienes, príncipe Zyran.

«Todavía no sabemos». Eso significa que él no actúa solo. Hay más personas en esto.

—¿Qué ganaré si acepto ser su marioneta?

—¿Mi marioneta? —levanta las cejas—. Si apartamos al príncipe Allister del trono, tú serás el emperador. Tendrás el control de las tierras altas y un poder sin igual. ¿En serio me preguntas qué ganarías a cambio?

—Existen dos opciones: o me enfrento a mi hermano y tomo la corona, o lo rechazo y usted me ofrece a él como muestra de su lealtad. De las dos formas terminaría perdiendo. En la primera puede que él termine asesinándome. Como le digo, Allister odia los secretos y las traiciones. Dice que me ama, pero eso no le impedirá acabar conmigo.

¿Ni siquiera saber que es su hijo?

—Lo hacía más ambicioso, príncipe.

—No, la verdad no lo soy. Me gustan las fiestas y la diversión. Nada que tenga que ver con peligros, o la muerte.

—Por fuera das la impresión de ser un príncipe rebelde. El cuarto príncipe, un arrogante capaz de retar al mismo emperador. Sin embargo, el príncipe Allister hizo un excelente trabajo adiestrándote. Por más que quieras, sientes que no puedes confrontarlo sin importar la enorme cantidad de recursos que te provea. Eso no es conveniente.

—¿Por qué confiar en mí? Una vez que tenga la corona en la cabeza, obtendré todo el poder de la tierra y no habrá nadie que me detenga.

—Después del príncipe Allister, eres el único descendiente del gran unificador. Es necesario que te sientes en el trono para mantener el equilibrio del mundo —echa un suspiro—. Serás el emperador te guste o no. Me asombra tener que obligarte a hacer algo con lo que muchos sueñan.

—¿Obligarme? ¿Recurrirá a eso?

—Hay otra opción —toma un trago del vino—. Ten descendencia, y no tendrás que lidiar con los problemas de la corona. En dado caso de que aceptes, tendrás la corona por un par de años hasta que el futuro emperador cumpla la mayoría de edad.

—¿Qué? —se ríe a carcajadas.

Hasta a mí me parece una broma.

—Sin embargo, no podrás tener hijos con ella —me apunta con el dedo—. Está el riesgo de que nazcan con facciones humanas. Sin mencionar su origen, lo cual no tiene nada de noble.

—¿Qué opinas, Faye? —continúa riéndose—. ¿Te gustaría compartirme con otra?

—¿Y quién sería la «afortunada»? —mi tono lo dice todo—. ¿Cuáles cortes trabajan con usted?

—No tengo nada en tu contra. Me agradas, de hecho —suspira. Ha decidido ignorar mi pregunta—. Esto no va más allá de los intereses del imperio. No serías emperatriz, pero podrías ser su concubina principal. Es una buena posición para una híbrida de facciones humanas.

—Me encanta lo expresiva que eres —me comenta Zyran por lo bajo. Él luce una de esas amplias sonrisas que pone–. ¿Puedo tomarme mi tiempo para pensar en su propuesta?

—Le doy un año. Ni un día más, ni un día menos.

Es más que suficiente.

—Bien —se levanta.

—Y esperamos que no intente escapar en ese transcurso de tiempo.

—¿No confía en su futuro emperador? —desafía, sin borrar aquella sonrisa burlona—. Vamos, Faye. La reunión ha terminado —coloca el brazo alrededor de mis hombros.

Nos dirigimos al jardín con mucho en mente. No puedo dejar de pensar en las palabras del rey. Zyran me conduce al interior del bosque, y es cuando estamos alejados de cualquier edificación, que se detiene. Él me arrincona contra un árbol. Su rostro está muy cerca del mío.

—Entonces... —me desplaza un mechón de cabello por detrás de la oreja—. ¿Te gustaría compartirme sí o no?

—Eres mío —cruzo los brazos—. Yo no comparto.

Envenenaré a la primera princesita que se le acerque.

—Es lo que quería escuchar —une sus labios con los míos, a la vez que entrelaza las manos alrededor de mi cintura.

Estos siete días han rendido bastante.

Entre besos, manipulo la magia para soltarle el pelo y así impresionar a mi maestro. Él se extraña un momento, y luego sonríe. —Aquí tienes —le paso la cinta que le recogía el cabello, y que anteriormente cayó al suelo. La cosa es que no me agaché para tomarla, sino que la teletransporté a mi mano—. Si te veo con otra mujer, usaré esto para envolver tu cuello hasta estrangularte.

—¿Y por qué tienes que esperar a que lleguemos a ese punto?

Zyran me carga en su cintura mientras me sigue besando. Tengo las piernas cruzadas alrededor de sus caderas. Él ríe cuando yo le doy varias vueltas a la cinta alrededor de su cuello. Le encantan los juegos pesados.




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