«Huye».
Así dice la nota que encontré debajo de la almohada. Reconozco ese estilo cursivo y apuntillante de la letra. Griselda usó sus trucos para hacérmela llegar mediante alguna sirvienta. Es lo único que se me ocurre.
Se nota que viene de ella. Solo Griselda se atreve a escribir una carta con una sola palabra. No basta con lo preocupada que me tiene el asunto de mi magia y la huida, ella tenía que demostrar que sigue existiendo después de meses. Es frustrante.
Me pregunto dónde está. Y no porque me vaya a vengar. Guiño.
—No, no, no —repite Zyran con desaprobación. Nos encontramos en una de las áreas verdes, ¿y qué puedo decir? Se ha puesto más serio conforme pasan los días.
El que se haya acoplado a la investidura de maestro estricto, me desagrada un poco. Y eso que me quejaba porque se burlaba de mí. Pero es que ahora no para de reprochar cada cosa que hago, lo que me hace sentir incompetente.
Nunca pensé que la magia fuera tan difícil. A duras penas teletransporto objetos pequeños. ¿Será que no nací con el talento? Los demás se ven relajados cuando las emplean. Sus magias actúan como una extensión de ellos, ¿entonces por qué es tan complicado?
La actitud desobligada de Zyran provoca que sus aptitudes sean ignoradas por completo. En estos últimos días es que me he dado cuenta de lo bueno que es. ¿Y cómo pude pensar lo contrario? Allister lo ha instruido desde niño.
»Faith, ¿por qué siento que has tenido un retroceso?
Su tono, combinado a que me llame por mi verdadero nombre, me cae como un balde de agua fría.
—Estoy maldita, ¿de acuerdo? —mi frustración es evidente—. Nací maldita. Tú más que yo debes saber lo difícil que es usar magia convencional cuando atraigo oscuridad. Literalmente, primero tengo que apartar toda la energía maldita que viene a mí para poder hacer hasta el más mísero hechizo. ¡Estoy harta!
—Excusas —sentencia cruzando los brazos—. Desde que iniciamos en esto, no has parado de dar una excusa tras otra. ¿Quieres usar magia negra? Trato de enseñarte a hacer las cosas del modo correcto para que nunca más te vuelvas a poner en riesgo. ¡¿Crees que fue fácil para mí ver cómo agonizabas?!
¿Ya lo recuerda?
—Has usado magia por más tiempo que yo. Literalmente, se cuentan con los dedos de mis manos las veces en que le di uso. Podrías ser más paciente, ¡porque desde hace días noto que la situación te tiene sacado de quicio!
—No queda tiempo.
—El rey Erian te dio un año.
—Así como vas, no aprenderás ni en una semana, ni en un año. Te falta chispa. Eres un candelabro con todas las velas vacías.
¿Pero por qué me tiene que tratar así?
—¿Sabes qué? Necesito un descanso —ya no soporto más—. Como me siga estresando voy a empezar a llamar más energía maldita, y tú te vas a enojar porque seré incapaz de hacer lo que quieres. Necesito descansar.
—Pero oye —me llama cuando volteo—. No hemos terminado. Podrás descansar luego. ¿O qué? ¿Te irás a refugiar en la cocina e imaginar que la masa que golpeas, soy yo?
—¿Qué comes que adivinas?
—¡Faith! —insiste, pero yo camino sin mirar atrás. Él me dio una excelente idea para descargar mi frustración—. ¡Por lo menos mantente alejada del príncipe Erian! ¡Y te doy treinta minutos de descanso!
—¡Que sea una hora! —es lo último que digo antes de marcharme.
◦✧◦
—Ash, ¿por qué no puedes mantener un equilibrio? —me quejo golpeando una masa de pan que muy pronto entraré al horno—. No puede ser normal. ¡Te vas a los extremos!
No creí que la sugerencia de Zyran fuese tan buena. Me encanta imaginar que la masa se trata de su linda y arrogante carita. Si no es un maestro burlón, se comporta como un cretino. No tengo problemas con que me reproche, ¿pero compararme con un candelabro sin velas? Bonita forma de decir que no tengo talento.
Si el rey Erian nos dio un año, no comprendo por qué acelerar todo. Se supone que mañana es el día que nos iremos de aquí. ¿Pero cómo lo haremos si él espera que imite la magia de una bruja plurisecular y nos teletransporte lejos?
Simplemente no puedo. Dije que era buena siguiendo instrucciones, pero esto me ha sobrepasado. Yo... soy inútil. El plan no funcionará y todo será por mi culpa.
—Ya veo por qué mi padre te dejó la cocina para ti sola —el príncipe Erian entra al lugar, sentándose en la encimera a unos cuantos centímetros de distancia—. Estás horneando más de lo usual. ¿Tiene que ver con el hecho de que el cuarto príncipe y tú no dejan de pelear?
Nuestras discusiones han llamado la atención de la gente. Tratamos de disimular nuestro plan, pero no somos nada discretos a la hora de mostrar el disgusto por el otro. Aunque viéndolo bien, es bueno. De ese modo, nadie sospechará que nos iremos juntos.
—Estamos mejor que nunca —finjo la sonrisa más grande de todas. Mi vista continúa en la masa.
—Menudo gesto ni más repulsivo acabas de hacer —rechista—. Los seres humanos son criaturas mentirosas. Me parece patético.
¿Pero qué hace aquí? Teníamos la regla no verbal de alejarse cuando el otro estuviera en la cocina. Sin embargo, desde el día que le hice compañía y se durmió borracho en mi hombro, no se me quita de encima. No bien entro a la cocina cuando él llega y se sienta en el mismo lugar donde está y me ve hornear. La mayor parte del tiempo me critica. ¿Por qué no? Por lo menos ya come abiertamente de lo que hago.
Sin dar ninguna opinión al respecto, he de resaltar.
—Ustedes siempre lo esperarían de los humanos, pero un humano jamás esperaría ser engañado por un feérico. Mi desprecio se iguala al tuyo —digo con una pequeña sonrisa—. ¿Por qué odias a los humanos?
Imagino que el rey Erian tiene algo que ver.
—Son criaturas insignificantes. A muchos les divierte lo impresionables que son, pero a mí me causa hastío. Son avariciosos, mentirosos y siempre se meten en lo que no deben. Tú también puede que seas así.