No es la primera vez que escapo del mundo feérico, pero es la primera que lo hago acompañada de alguien. Admito que tengo miedo. ¿Cómo no? Desde el primer instante en que el crepúsculo comience, nos convertiremos en un par de fugitivos —no solo de la corte de espinas— sino de la corte del bosque eterno.
El rey Erian fue muy amable conmigo en los últimos tres meses que interactué con él. De hecho, me agrada más de lo que algún día podré admitir abiertamente. Sin embargo, así como todos, sé que nos ve como piezas de su juego de ajedrez.
La vida de Zyran peligra, la mía también. El segundo príncipe primero me torturará antes de dar el golpe final.
¿Y si no existe tal golpe? No soy humana. Por ende, mi esperanza de vida es el doble de ellos. Si él descubre la verdad sobre mí, me mantendrá con vida durante muchísimo tiempo. Me esperaría un mínimo de cincuenta años de sufrimiento.
¿Y dónde estaría Zyran? Lisiado en una jodida cama.
—Zyran... —me detengo de golpe. Nos preparamos para salir de la habitación. Él observaba el pasillo antes de voltear a mi dirección a la espera de que le comunique lo que quiero decir—. Antes de irnos, prométeme que no te volverás a sacrificar por mí —sueno la nariz.
No podría soportar verlo caer nuevamente por mi culpa. Me la pasé todo el día elaborando venenos en secreto y practicando la magia de teletransportación. Tal vez no pueda movilizarnos a ambos, pero estoy segura de que lograré moverlo a él en dado caso de que las cosas terminen mal.
Zyran es el príncipe. En él radica todo el interés. Si consigo que desaparezca, entonces habré ganado.
—¿A dónde se fue tu optimismo? —cuestiona con la ceja alzada.
—No me evadas y hazlo. Por favor.
—Soy un ser egoísta, Faye. Nunca he sido tan altruista con nadie más que contigo —suspira acomodándome la capucha de la capa—. Si sucede algo, me encantará protegerte. Eres la prueba viviente de lo bueno que puedo ser —me da un toque en la punta de la nariz—. No me hagas prometer algo que no quiero cumplir.
Nuestra conversación concluye, y tras recibir la señal de un guardia, salimos del cuarto. Los pasillos están a oscuras. Por lo que sabemos, el rey Erian salió ayer y no ha regresado de su viaje. La noticia de su partida es un punto positivo para nosotros; pues ahora que nuestra mayor amenaza no está, será más fácil despistar a los guardias.
Quedo asombrada con la enorme cantidad de pisos por debajo de la «primera planta». El lugar se conecta directamente con los árboles del bosque eterno, por lo que las raíces atraviesan las paredes, al mismo tiempo que emiten una fuerte energía que soy incapaz de ignorar.
En todo momento seguimos a dos guardias que funcionan como guías. Mientras caminamos, la atención se me va a una de las raíces que brotan del suelo. Algo de ella me atrae. Quiero tocarla.
—¡Alto! —indica uno de los guardias. Zyran me jala del brazo para que frene. Estaba a punto de sucumbir al impulso; nada más se trataba de la raíz y yo—. ¡Procuren no acercarse a las raíces! El rey y su familia están vinculados con el bosque. Él sabrá que están aquí en el instante que tengan contacto con ellas.
—¿Qué sucede? —me pregunta Zyran.
Mi mente ignora las palabras del guardia. No puedo parar de mirar las raíces. La energía de cada una de ellas me está llamando.
»Faye —me sacude los hombros, a lo que yo reacciono. Ahora lo miro a él—. Debes concentrarte. ¿Qué está pasando?
—No lo sé...
¿Es buen momento para mencionar la nota de Griselda? No, mejor no. Tenemos que salir cuanto antes. Todo estará bien una vez que lo hagamos.
»Vamos —reanudo el camino tomándole la mano—. No tocaré las raíces. Descuiden —les digo a los guardias, quienes me miran desconfiados.
Todavía nos quedan decenas de pasillos por recorrer.
◦✧◦
Las noches son más oscuras en el bosque eterno. El crepúsculo terminó, dejando una oscuridad sin igual. En el cielo no hay ninguna estrella, y la luna, de tonalidades azuladas, se encuentra en cuarto menguante.
Por fin hemos llegado a la recta final de los pasillos subterráneos. Lo único que nos queda es subir un montón de escaleras para llegar al exterior. Después de los guardias, Zyran es el primero en salir para asegurarse de que no haya peligro a la vista. Luego, me extiende la mano y me asiste.
En todo el alrededor se contemplan las ruinas de diversas estructuras. El palacio se mira a lo lejos. Es increíblemente difícil caminar sin pisar las raíces distribuidas por todo el suelo. La advertencia de los guardias continúa. Debemos ser sigilosos si no queremos llamar la atención del rey. La suerte es que la magia de Zyran no ha regresado.
No es una noche de cielo despejado, sino que está lleno de nubes grises y amplias. El camino a la fortaleza es tenso. Hay vigilancia por cada extremo del bosque, por lo que no podremos respirar tranquilos hasta salir de la línea territorial de la magia del rey Erian.
Sin embargo, pese a que nos hemos escondido en múltiples ocasiones, hay algo que no cuadra. ¿No se supone que ya debieron darse cuenta de nuestra ausencia? Y aunque el rey no esté, no es fácil evadir la seguridad simplemente escondiéndonos en unos arbustos. Sus guardias son astutos; no por nada se dieron cuenta casi de inmediato cuando aparecimos en el palacio tres meses atrás. Lo mismo para el oficial del cielo estrellado, a quien por cierto tengo tiempo sin ver.
Y sobre Rowan, no confío en él. No me importa que sea amigo de Zyran.
—¿Y ahora qué pasa? —me pregunta desde que me detengo.
He cambiado de opinión. No iremos a ninguna fortaleza.
—¿Qué tanto confías en Rowan? —vuelvo a preguntar por tercera ocasión. De reojo miro a los guardias, tampoco me fío de ellos—. Ya estamos fuera del palacio. No es obligatorio continuar hasta la fortaleza.
—Tenemos instrucciones de conducirlos hasta allá —protesta el primer guardia. Hasta ahora me fijo en sus facciones: tiene las pupilas rasgadas como serpiente, la piel azulada, y unos grandes colmillos. De vez en cuando sisea.