Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Capítulo 35 ❀◦✧◦

Erian II. Así se llama el feérico con el que comparto la mitad de mi sangre. Él está sentado en un sillón café; con una copa de vino en manos y a la par de Zyran. La escena me impresiona. Dos personas que se detestan beben juntos de un vino bastante costoso y raro.

Zyran se levanta y me recibe con una sonrisa y los brazos abiertos. Mientras él me revisa del mismo modo en que lo hizo antes, mi vista no se aparta del príncipe Erian.

—Tus hombres son buenos —le dice Zyran—. Sé bienvenida, cariño. Vamos, bebe con nosotros —me mata su naturalidad.

Zyran me invita a tomar asiento en uno de los sillones y me pasa una copa.

¿Qué está pasando?

—Mejor explícale las cosas —señala el príncipe Erian, y sí, necesito mucho contexto—. Su expresión lo dice todo. Pensé que le habías explicado el plan.

—¿Y arriesgarnos a que nos escuchen? —rellena su copa—. Desde ahora en adelante, el príncipe Erian y yo tenemos una tregua temporal. Si estás afuera, se debe a sus hombres.

—¿Pero por qué? —levanto las cejas.

—Voy en contra de las acciones de mi padre. No me parece bien lo que está haciendo, por lo que decidí que el primer indicio de rebeldía fuese ayudar a liberarte —le da un sorbo a su copa—. No tienes nada que ver en nuestros asuntos. Desde que me enteré de los planes que tenían contigo, los consideré mezquinos.

Él lo sabía desde antes. Con razón su insistencia para que me alejara de Zyran.

—Si estabas al tanto de la situación, ¿por qué no nos advertiste? Nos habríamos ahorrado muchas cosas.

—Hay cosas que tenían que pasar. Quería ver hasta dónde llegaba mi padre y el concejo.

—¿Cuál fue el trato? —agito el líquido de la copa. ¿De qué fruta será? Huele muy bien—. Me cuesta creer que actuas desde el altruismo. Algún acuerdo debiste hacer con Zyran.

—Pues sí, hay un trato —contesta Zyran—. Pero no te tienes que preocupar por ello. Lo importante es que estás libre, bien, y que tenemos a alguien valioso de nuestro lado —alza la copa—. Brindemos por eso.

—Por romper el ciclo de odio —responde alzando la suya. Parece que pensó en lo que le dije.

Si el príncipe Erian nos está ayudando es porque de seguro desconoce las intenciones de su padre. A él le convendría que la corte del bosque eterno se independice. Será mejor no comentar nada al respecto, porque va y cambia de opinión.

No necesitamos otra traición.

—Por mí —bromeo levantando la copa y Zyran sonríe—. Y por las personas que evitaron que muriera de aburrimiento.

—¡Por la diversión! —agrega Zyran y los tres chocamos copas.

Al principio, estuve a punto de morir a manos de mi hermano, y ahora él me salva. Supongo que estamos bien así. Siento que todo se arruinaría si revelara el secreto. Después de todo, nada cambiaría.

Ya estoy afuera. Y por más que en el pasado quise una familia, ahora no es posible.

Me quiero imaginar la cara de Gray cuando se entere de que volví a escapar de él. Nunca me ha dicho sus planes, pero sé que no serán nada buenos. El feérico me inquieta bastante. ¿Cómo demonios terminé con él?

¿Y mi madre?

Ahogo mis pensamientos con varias copas. Cuando se acaba la primera botella, Zyran trae más y así nos entretenemos. Tengo el presentimiento de que los tres queremos lo mismo y solo buscamos la manera de alejarnos de la realidad por un buen rato.

¿Qué pasará cuando regresemos a ella?

—Este reproductor ha sobrevivido las mejores conspiraciones —Zyran intenta poner música de manera manual. Es la primera vez que lo hace—. ¡¿Por qué no brindamos por esta belleza?! —se carcajea dándole a todas las teclas.

—No es así —me acerco para ayudarlo—. Debes darle...

Todas las teclas se ven iguales. Recuerdo que tenía cinco, ¿por qué hay diez? ¿Embrujaron a la cosa esta?

Estamos muy borrachos.

—Faye, ¡¿qué le hiciste a mi magia?! —reclama abrazando a la cosa esa—. ¡Ya no puedo poner música del viejito!

—¿De qué estás hablando? Yo no le hice nada —hago puchero—. M-Mejor pregúntale a Eno... —me callo. Por poco iba a activar la maldición de la suegra bruja—. ¡Estás vivo! ¡¿Eso es lo importante, no?

—¡Oye! —llama al príncipe Erian que ya se está durmiendo. Las bebidas son un sedante para él—. Cuando éramos niños, todos decían que eras un erudito musical. Canta algo.

—Hmp... —aprieta los ojos—. Eh... —lo piensa unos segundos—. La cucaracha, la cucaracha... —aplaude—. Ya no puede caminar. Porque le falta, porque le falta... ¡la patita principal! —ríe divertido.

¿Pero qué canción es esa? ¿No es humana?

Mírenlo, al que detesta a los humanos cantando una canción infantil de allá.

—Y aquí tenemos al erudito —Zyran achica los ojos.

—Cállate —el príncipe se cubre los ojos con su antebrazo.

—Algún botón debe ser... —presiono todos y ninguno resulta.

—Oye, cuidado si me lo dañas —refunfuña.

—Es mío, no tuyo.

—Oh, ¿desde cuándo?

—¿Qué? ¡No seas ladrón! —se lo quito de las manos—. ¡Incluso tiene mi nombre! —lo volteo y vaya....—. Zyran —arrugo la frente—. ¡Está apagado!

Enciendo el aparato y en menos de un segundo, la música suena a todo volumen. —Pon una canción lenta para que bailemos —indica con aires coquetos.

—¿Tú y quién? ¿El príncipe Erian? —río y él achica más los ojos.

—Quien sabe si me confundo con lo parecidos que son.

Dice eso para molestarme, pero ahora tiene sentido que tengamos algunos rasgos similares. Compartimos el mismo padre, y por lo que Zyran me contó hace mucho, el rey Erian se casó con una mujer idéntica a Nyla.

Una canción se reproduce y yo soy la de la iniciativa. Me acerco a él y entrelazo los brazos alrededor de su cuello mientras que Zyran hace lo mismo en mis caderas.

La canción es «Fly me to the moon», teníamos algo pendiente con ella.

—Dime, ¿todo está bien? —le pregunto. Danzamos por el salón al ritmo de los acordes—. ¿Cuál es tu plan?

—¿Te sigue agradando la idea de ir a Escocia?




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