Príncipe arrogante

◦✧◦❀ Epílogo ❀◦✧◦

—Muchas gracias a todos por su presencia —agradezco a los asistentes por venir a la inauguración de mi negocio.

Me fue un poco complicado adaptarme a Escocia. El clima, la cultura y las tradiciones eran algo a los que no estaba acostumbrada. En estos cuatro meses, hubo un punto en que pensé regresar al continente americano por sentirme más identificada con el ambiente de allá.

Sin embargo, me motivó el hecho de aprender nuevas recetas de postres y de mantener un equilibrio entre los feéricos y humanos. El «innombrable» tenía razón respecto al lugar. Está lleno de feéricos interesantes. Ha sido divertido conocer personas nuevas, entre ellas a híbridos.

Que aunque no tengan facciones humanas, siguen siendo mixtos. Entienden lo que yo siento al no sentirme completamente como ninguna de las dos cosas.

—¡Cielos! ¡El lugar es hermoso, Faye! —Kiara me abraza. Ella viajó desde tan lejos para venir a la inauguración de mi deseada repostería.

No pensé que haría algo así por mí. Creo que vendió un par de cosas que había comprado de manera compulsiva para hacerse de un boleto de avión.

Después de gritar, llorar y luego gritar de nuevo, terminé siguiendo el consejo del príncipe Erian y deseché la idea de aventar los lingotes de oro al lago Ness. En vez de dárselos a un monstruo que ni siquiera sé si existe, era mejor sacarle provecho a la traición del innombrable y poner mis sueños en marcha.

Era lo único que me quedaba.

Al principio pensé que sería imposible establecerme, pero tuve la iniciativa de levantar una repostería con recetas internacionales y nacionales. Para ello, realicé numerosos talleres para aprender las recetas del país.

También tuve la ayuda de unos amigos que hice a los pocos meses. Ellos me dieron instrucciones de cómo funcionaban las cosas y me contactaron con personas dispuestas a intercambiar el oro de manera rápida y sin hacer muchas preguntas.

¿Si intenté regresar muchas veces al otro mundo? Sí. Lo hice decenas de veces hasta que me enteré de que el «innombrable» me puso una barrera. Su exilio no solo se trató de palabras, sino que literalmente no podré acceder a ese lugar en lo que me queda de existencia.

No he sabido nada de su paradero en meses. Detesto que suceda, pero me preocupa que todo haya salido mal y que Allister lo hubiese herido. ¿Y si está...? Prefiero no pensarlo.

—Por favor, siéntanse abiertos a probar los postres. Fueron hechos con mucho cariño —indico sonriente.

Para ser nueva, a la inauguración vinieron unas cincuenta personas. No es una cifra del otro mundo, pero me parece bien para comenzar. Al principio fue un poco complicado conseguir un buen local en Glasgow, que es donde me estoy quedando. Tuve que hacer un par de tratos hasta adquirir un lote vacío que se estaba cayendo en pedazos. Muchos de los lingotes se fueron en reparaciones y la nueva identidad visual.

Suerte que no me salió muy caro por la creencia de que el local está embrujado, y que los negocios aquí siempre terminan mal. Es obvio que no le hice caso a las supersticiones mortales. Estoy aquí, y hasta ahora, todo ha salido bien.

Mi repostería guarda una temática de cuentos de hadas, por lo que hay flores por todos lados y tanto las sillas como las mesas están hechas de madera. Mi negocio no es el más grande del mundo, por ahora no cuento con una enorme cocina, y los postres están exhibidos en expositores. No es tan lujosa como la del calvo de mi ex jefe. Sino que conserva un aire más hogareño. Quiero que cuando los clientes lleguen, sientan que acaban de entrar a la página de un libro de fantasía.

Inclusive la música que suena es clásica. Aunque cuando horneo pongo música moderna porque claro, hacer pastelitos mientras oía kpop era parte de mi sueño.

Tengo que trabajar muy duro porque juro que si me vuelvo a topar con el innombrable, le devolveré hasta la más mínima cantidad de oro que me dio. Su gesto fue visto como un préstamo para mí, porque no voy a aceptar que me haya comprado.

Jamás lo perdonaré por lo que hizo.

—Todo es tan bonito que no quiero irme —continúa Kiara. Ella está comiendo una rebanada de pastel de fresa—. ¿Y bien? ¿No me piensas decir cómo fue que desapareciste por meses, para luego regresar como si nada y comentarme que pondrías tu propia repostería? Y no solo eso, ¡en Escocia! ¿Qué tanto hiciste, Faye?

Enamorarme de un feérico egoísta que me rompió el corazón.

—Un mago nunca revela sus trucos —sonrío dándole un sorbo a mi taza de café.

Me encanta ver a las personas desplazándose por el lugar y viendo mis postres. Por ahora nada más somos yo y tres empleados más: dos humanos y un feérico camuflado —él nació en las tierras altas, pero fue intercambiado por un bebé humano y ha crecido aquí desde entonces—. Les agradezco mucho por su ayuda. No lo habría logrado sin ellos.

—Y supuestamente tenemos años de amistad —refunfuña con los ojos achicados—. Pero independientemente de que no me quieras revelar que ganaste la lotería, me alegra mucho que hayas logrado lo que querías. Estoy tan orgullosa como una hermana mayor —me da pequeñas palmaditas en la cabeza.

Así que una hermana mayor. No había pensado en eso. Las dos éramos «adolescentes rebeldes» cuando nos conocimos. Yo había escapado del otro mundo, y ella lo hizo de su familia. Enfrentamos muchas cosas difíciles como un par de chicas que vivían en la calle. Por mi parte me pude sostener de la venta de venenos, y ella de un trabajo que le consiguió otra amiga en una repostería. Trabajo al que entré tiempo después.

—Kiara... —nunca le había dicho esto—. Gracias por ser mi amiga. Lamento ser tan distante, pero quiero que sepas que eres genial.

—Oye, oye. Yo soy la que debería estar más agradecida contigo. Soy un desastre. Habría muerto de no ser por ti —vuelve a rodearme con los brazos—. Soy consciente de lo abusiva que he sido a veces. ¡Gracias por soportarme!

—¿Qué puedo decir? Mi paciencia siempre es puesta a prueba —sonrío.




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