Príncipe Desterrado.

Capítulo 32

Artemisa.

El camino al pueblo no era muy largo, aunque el sol no ayudaba mucho para que el viaje fuera mejor. Me negué a usar magia para llegar a nuestro destino, pues tenia mucho que pensar en el camino. Sin embargo, Eros no me hacía el trabajo fácil.

—No puedo creer que Artemisa nos haya llamado inútiles —repitió, aun sin poder creerse el carácter de mi bella mujer— ¿Qué sigue? ¿Qué te quite el trono?

—No me importaría —respondí con honestidad.

—La reina se mantienen en segundo lugar cuando el rey está presente, Sylver —me recordó, aunque lo decía con una sonrisa burlona—. Pero estoy seguro que todo sería mejor con ella teniendo el mando de todo.

No vamos a negar que Artemisa, a pesar de no haber nacido para gobernar, tiene todo lo que se necesita para ser una buena reina, sin necesidad de tener a un rey con ella. Pero también me gusta tener el mando los dos, juntos, ayudándonos mutuamente.

—Lo único que quiero es que ya no esté furiosa conmigo...

Fue un poco raro caminar por el centro del pueblo con todos haciendo reverencias conforme pasaba, incluso unos cuantos brujos lo hicieron, tomándome por sorpresa. ¿Me perdí de algo? Ellos no suelen creer que un hechicero tiene que ser también su rey.

—Los rumores se esparcieron —nos informó Kit, caminando al lado de Eros—. La mayoría sabe que Aren es su padre, por eso se sienten con la obligación de tenerle respeto. Además, está representando la sangre de los brujos.

—Hablando de eso, ¿tu madre ha decidido soltar información o sigue siendo un misterio? —me preguntó Eros, ignorando la molestia de Kit al interrumpirla.

—Parece ser que mi madre no quiere revelar más información y por el momento, no tengo tiempo para pensar mucho en eso.

Mentiras. Mi cabeza está en cada uno de los problemas, intento armar todo por mí mismo, pero no puedo llegar a nada. Lo que sea que pasó para que pudiera tener mis poderes por completo, es un misterio ya que es un hecho que mi padre no murió. Entonces, ¿Qué pasó?

Cruzamos el pueblo hasta llegar al sendero en medio del bosque y podíamos visualizar los techos de unas casas en la montaña, por lo alto de las copas de los árboles.

Me pone nervioso la idea de volver a ver a Sunny después de diez años sin verla, cuando lo último que me dijo fue "eres un monstruo". Y el hecho de que su hermano sea el que atormenta a Artemisa no hace que me sienta mejor.

¿Debí haberle dicho a Artemisa que vendría a verla? Ella no la conoce ni sabe nada de ella, pero...

—¿Sylver?

Allí está ella. Su cabello castaño cae hasta su cintura, su vestido verde hace contraste con sus ojos y no voy a negarlo, Sunny era hermosa y sigue siéndolo. Es una tontería, o tal vez no, pero siento que ahora con ese pensamiento, estoy traicionando aún más a Artemisa.

Y cuando ella saltó a mi cuello, abrazándome, el sentimiento incomodo se incrementó.

 

Artemisa.

Estoy debatiéndome entre obedecer o hacer, pensando en las consecuencias de cada una de mis acciones. Ya pasé mucho tiempo encerrada entre estos enormes muros, ya estoy cansada de estar refugiada cuando hay personas sufriendo. Todos estamos listos para luchar, solo falta una orden.

—¿Estás segura de esto? —susurró Horus, agarrando el brazo de Nea cuando esta iba a entrar al calabozo.

—Si, ya no puedo esperar —respondí, mirando la mano de Horus en el brazo de Nea—. ¿Están juntos?

—No, yo no salgo con gatos tontos —se soltó de su agarre, lanzándole odio con los ojos.

—Me da igual, pero necesito decirte algo —me dijo Horus, ignorando a Nea—. Escuché un poco sobre tu pelea con Sylver y tengo que decirte que él solo estaba pensando en tu seguridad. El matrimonio para nosotros es el único hechizo que no se puede romper, una promesa que dura una eternidad, lo que el amor se supone que tiene que durar.

—Lindas palabras —murmuré.

—Lo que Horus quiere decir —le interrumpió Nea, empujándolo para poder agarrarme las manos y sonreírme— es que Merlín encontró una forma de romperlo, permitiendo a las parejas darle una segunda oportunidad al amor si el primero no funciona.

Los miré a ambos sin comprender por que debería alegrarme por eso. No es como si mi pelea con Sylver haya hecho que deje de amarlo, al contrario, con su estupidez y pensamientos tontos, lo amo.

—Hicimos dos pociones —sacó una botella morada con brillos dorados de su toga, sacudiéndola frente a mis ojos— esta la tendré yo y la otra se la di a Eros. Si algo sucede con el otro...

—La usan y así salvan a uno de los dos —susurré, comprendiendo el plan.

—No quiero pensar negativamente —dijo Nea, mirándome a los ojos. La preocupación en ellos estaba presente como en Horus—, pero si algo malo sucede, es la única forma de saber que uno estará bien y que el otro al menos tendrá la tranquilidad de que su amado esté bien, ¿cierto? Porque es mejor que sufra una parte y no ambas —apretó el agarre de nuestras manos cuando sus ojos se cristalizaron y los míos por igual por el simple hecho de verla mal—. Vamos a pensar que saldremos enteros de esto.




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