Anahía.
—Atención—, Nicholas alza su voz para hacerse escuchar—, hemos notado que hay cierta incomodidad entre nuestras tropas por la unión de nuestros nuevos aliados. Por lo tanto, mi prometida, la princesa Esdaniana me ha permitido conocer parte de su cultura, y he tomado la decisión de permitir que ella misma les explique.
—Buenos días, soldados—, saludo sin más entrelazando mis dedos sobre mi vientre—, en mi nación hay un artículo denominado asunto de guerra interna—, veo a mis amigos alzar sus cejas, sabiendo a lo que me refiero—, el cual inquiere que, en el caso de que haya descontento entre tropas. Los generales a cargo deciden aceptar un reto de combate, el cual termina cuando el primero se rinda o quede inconsciente.
—Disculpe, alteza—, el militar altanero de hace unos minutos se dirige a mí—, no comprendo qué ganará esto.
—En Esdaney, el honor y orgullo de portar las medallas de general al mando se gana a través de combates, en el campo en medio de una invasión o porque se decide por el valor del más fuerte—, respondo mirando al hombre con cierta molestia—, y tomando en cuenta, que ninguno de ustedes pudieron pasar de nuestras fronteras, es mejor que rompamos de una vez esas rivalidades absurdas, recordando que los reinos están en un estado de paz obsequiado por el compromiso entre el príncipe Nicholas y mi persona.
—Princesa—, habla Marco—, usted ordena y nosotros acatamos.
—Mi prometida y yo—, Nicholas da un paso para poder quedar a mi lado—, hemos decidido darles la oportunidad de los tres pelotones que están absorbiendo a los militares de guerra Esdanianos, tengan la oportunidad de eliminar toda posible rivalidad para concentrarnos en lo importante—, lo veo mover su mirada por sus tropas para luego decir con tranquilidad—, tienen exactamente veinte minutos para decidir si van a combate o se guardan sus rivalidades porque trabajaran en equipo, lo quieran o no.
Nick culmina todo extendiendo una mano hacia mí para caminar dentro de la instalación, y cuando estoy en la puerta escucho al militar imbécil de hace uno minutos.
—No comprendo el sentido de traer las leyes Esdanianos a nosotros, y más si son por petición de una falda con cara bonita y corona.
Me paro en seco soltando el brazo de Nicholas para girar sobre mi cuerpo y ver como a la vez Marco, Breiden y Alonzo desvainan su espada para señalar al hombre.
—No se atreva a insultar a la princesa Anahía, general—, advierte Alonzo con voz pétrea.
Sintiendo mi ira subir desciendo de la tarima con paso apresurado para dirigirme hacia el general. Cuando paso por el lado de Marco, tomo con velocidad la daga en su pierna para luego con toda mi fuerza lanzarla a la pierna del hombre.
—Agradece a todos tus malditos dioses que no estamos en mi reino—, advertí con ira viendo el hombre sostenía la daga—, quizá están muy acostumbrados a humillar a las mujeres de su reino y salir ileso de ello. Pero no olviden en su vida de donde provengo y en mi reino, aquel que pretende dañar, insultar o disminuir el rango de alguien de la familia real es considerado como acto de traición, y a menos que el ofendido decida otro castigo, morir es lo ideal.
Me acerco al hombre encorvado que me miraba con un gesto de dolor. Tomo el mango del cuchillo lo saco para dejarlo caer y así colocar mi palma sobre la herida para apretarla haciendo que él profiera un aullido de dolor a la vez que alza su mano dispuesto a tocarme.
—Ten cuidado de tocar a mi prometida, general Gantrick—, Nicholas sostiene su mano con una expresión inescrutable, sin embargo, había advertencia pura en su voz.
—Mi castigo para ti, general—, inquiero metiendo mi dedo dentro de la herida—, es que te veré derrotado en el combate que harás en unos minutos, veré cómo tu orgullo queda hecho trizas bajo la mano del general Alcaz, y que dios se apiade de su alma si se atreve a no subir al cuadrilátero.
Sin más saco mi dedo de la herida, y con mi mano goteando la sangre del general desplazo mi mirada hacia el resto de soldados y generales de la milicia de Cressedent.
—Esto es una advertencia para todo los demás ajenos a las leyes de mi reino—, camino hacia Nicholas con paso seguro entrelazando mis dedos sobre mi torso, machando mi vestido en color marfil.
—El próximo que se atreva a desobedecer u ofender a mi prometida, yo mismo me encargaré de córtales la cabeza por insubordinación. ¿Entendido?
—Sí, señor.
—General Gantrick, vaya a limpiar su herida y prepárese para el combate. Igual usted, general Alcaz.
—Será un honor, alteza—, profiere mi amigo con una sonrisa que solo promete venganza.
Sin poder evitarlo le dediqué una sonrisa para luego asentir hacia él tratando de decirle con ese gesto que lo destruya.
Lo veo llevar su mano derecha a su pecho y con su puño dio dos golpes, haciéndome saber que era una promesa.
Editado: 23.08.2025