Después de clases, Micaela decidió caminar sola por un sendero cercano al bosque.
La lluvia había dejado el frío y el aroma de las flores parecía más intenso. Mientras avanzaba, descubrió un jardín escondido detrás de una antigua reja cubierta de enredaderas.
Nunca lo había visto.
En el centro del jardín había una sola rosa roja.
Era distinta a cualquier flor.
Sus pétalos brillaban como terciopelo bajo la luz gris del atardecer.
Micaela recordó lo que su padre había contado en uno de sus cuentos que contaba cuando era niña.
__ ¿Esto… sería posible? _ susurro
Aun así sintió una gran curiosidad.
Se acercó lentamente
La rosa parecía moverse con el viento, aunque el aire estaba completamente quieto.
Entonces, sin entender por qué, Micaela se inclinó y besó suavemente los pétalos.
Una luz rojo ilumina el jardín
Y la tierra comenzó a temblar