—En realidad no es tu dinero.—Le respondió su esposo, quien hablaba con ella de frente. —Fue mi dinero el que tuve que pagar por tus tonterías. Aún me pregunto ¿Cómo pudiste haber hecho algo así?
Las peleas y discusiones eran mucho más abundantes en aquellos tiempos. Su esposo se había enterado de todo gracias a Ulises, al abogado, ya la noticia que salió en la prensa gracias a los contactos que Luis usó. Esas grabaciones se filtraron y fue una humillación total para la familia, humillación de la que intentaban reponerse. Al menos el señor Benz quien sí le preocupaba por el apellido y su situación moral. Mientras que su esposa, solo se preocupaba por la cuestión económica, su orgullo y el hecho de que Esperanza les hubiera ganado en aquel juicio.
Como parte del protocolo se tuvieron que cruzar por lo menos un par de veces. El señor Benz, al verla, le ofreció disculpas y le notificó que él no estaba enterado de nada, que todavía había sido parte de su esposa.
Ella no lo recordaba con rencor pues siempre se había mostrado muy atento, pero en esa ocasión, sin importar que lo hubiera hecho o no, se mostró fría con él, solamente acercándose con la cabeza aceptando las disculpas y preocupándose por su vida la cual seguía avanzando.
Para el señor Benz haber perdido los $5,0000,00, fue muy preocupante. Los negocios estaban bien ya a pesar de que le sobraba el dinero, perder esa cantidad no era nada fácil. Además del orgullo y que eso le provocara que sus amistades lo juzgaran y lo criticaran, sin saber que él no había tenido nada que ver con aquella atrocidad.
El escándalo fue mucho más allá pues días después Esperanza pidió reunirse con el señor Benz. Él recibió muy cortésmente y la invitó a sus oficinas centrales.
Esperanza fue con la nueva personalidad, bien vestida, maquillada y con una seguridad que no se la había visto nunca. Todo con la intención de dar una impresión diferente e imponente a sus enemigos.
Según lo que había aprendido, la imagen brinda mucho, además de ser la primera impresión también da autoridad o deficiencia con la persona que te vas a reunir.
Aquellas oficinas no dejaron nada que desear. Impresionaron a la joven desde que estuvo en ellas. Pertenecían a un edificio de última generación, el cual parecía un monstruo ante sus ojos. La tecnología era tanta que tuvo que ser acompañada por una persona que tuviera las claves para ir desbloqueando los accesos, dentro de aquel lugar. De haberlo hecho sola, no había podido ni cruzar la puerta principal.
La persona encargada de recibirla era la secretaria del señor Benz. Una mujer delgada, con un traje de color azul, cabello rubio y con la intención de ser amable con ella. La guió por los distintos accesos que el edificio ofrece.
Dentro tenía la mejor vista, desde la arquitectura moderna, obras de arte, hasta un sinfín de personas elegantes que caminaban por el.
Casi todo parecía cristalino, incluso el agua de la fuente que estaba en el centro de la planta baja.
Caminaron hacia un elevador, este no se encendía con botones, sino con una tarjeta que la secretaria tenía. Presionó el piso hacia donde se dirigían y este rápidamente subió.
Al principio ocasionó un cosquilleo en su estómago pues aunque había subido elevadores nunca lo hizo a uno tan rápido como este.
Su destino era el piso 77, de los últimos en aquel lugar pero aún en la cima. Mientras subían, la joven anfitriona intentó ser cortés y hacer un poco de plática.
Esperanza pensó que estaban intentando ser barberos con ella y solo seguía la conversación sin ir más allá de una plática agradable.
Al llegar, la secretaria le indicó que pasara. Caminaron por un pasillo estrecho el cual parecía ser muy resistente aunque los pisos tenían presencia de madera a modo de decoración. Había plantas que le daban vida a ese lugar. También cubículos separados por un cristal donde las personas ya estaban trabajando.
La guió hasta el final del pasillo donde estaba la oficina de su jefe. Le pidió que permaneciera un minuto afuera mientras ella entraba a avisarle.
Esperanza se entretuvo con el enorme cartel que decía "Benz corporation" el nombre con el que se había bautizado a todas sus empresas y que desde ahí se encargaban de dirigir.
La secretaria salió al poco tiempo, le comunicó a Esperanza que podía pasar, el señor la estaba esperando. Ella cruzó las puertas que tenían un sensor, el cual le dió acceso. Desde ahí quedó a solas con el señor Benz.
—¡Esperanza buenas tardes!—Le saludó en cuanto la vió.—Que gusto que estés aquí. Toma asiento por favor.
La oficina era muy grande incluso no se podía entender para que ocupaba tanto espacio aquel millonario. En la parte trasera estaba el escritorio justo enfrente de ella, ahí permaneció sentado con una computadora a su derecha. Tenía que subir un escalón para llegar hasta ahí y hacerle compañía. El resto del lugar tenía la misma decoración que el resto del pasillo, solo había un estante con algunos libros, un proyector y el resto era espacio sin ocuparse, incluso podría sentirse algo de frío si no fuera por la calefacción que estaba encendida.
Detrás de él había unos ventanales muy grandes, un balcón al cual podía salir y asomarse para ver la ciudad desde ahí
La comunicación con su secretaria era lo único que eliminaba el silencio pues no había música ni algún otro ruido que provocara placer.
Esperanza avanzó y subió el escalón. Se sentó en la silla, una muy cómoda para su gusto. Se mantuvo recta, no se relajó, quería seguir manteniendo su personalidad de autoridad para hablar con él.
—Muchas gracias por sus atenciones.—Le dijo con voz dura.—Prometo que no le quitaré mucho tiempo.
—No te preocupes por eso. En lo que te pueda ayudar.—Hizo una pausa para encender la comunicación.—Por favor permíteme ofrecerte algo de beber...¿Gustas agua, un café o algo más fuerte?—Le dijo con gracia.