Prisionera del amor

Capitulo 58

—Lo siento mucho Ulises. Han sentenciado a tu madre.—Le dijo con voz decepcionada.—No pude hacer mucho. Ella ya estaba condenada.

— ¿Cómo dices?, ¿sin un juicio?

—El juicio llegará claro, pero de momento será condenada como reclusa.

Ulises lanzó el teléfono hacia su cama. Estaba en su habitación, había ido a bañarse y cambiarse para definirse hacia allá.

Sus ganas de hacerlo se habían acabado con aquella noticia.

Su abogado estaba ahí por compromiso ya que desde lo ocurrido la última vez, había perdido el interés en ayudarles realmente. De hecho, vio esta como una oportunidad ideal para que la señora Benz pagara por todo lo que había hecho. Sabía que muchas personas compartían su opinión.

Aún así, Ulises estaba desesperado. No tenía la intención de dejarla ahí en prisión como lo hizo con Esperanza. Así que se rindió y siguió buscando opciones para sacarla.

Consultó con el resto de abogados que conocía, pero ninguno de ellos quiso tomar el caso. Le decían que la evidencia era muy clara, su madre había matado a un hombre y tenía que pagar por ello. Además se había quemado profundamente en aquella ocasión y ningún abogado quería tener ese desprestigio.

La muerte de su padre también influyó demasiado, ya nadie se quería acercar a esa familia pues consideraban que el más honorable de ellos, ya no estaba presente.

Ulises comenzó a sentir lo que su ex amada en algún punto. Un profundo rencor hacia ella por lo que estaba pasando. La culpable por la decisión de su padre de pedir el divorcio a su madre. Se había enterado de aquella visita en la que se lo pidió.

Aunque no tenía pruebas, sabía que era la única con suficiente coraje para llevar ese plan a cabo. Había más enemigos pero ninguno se atrevería.

***

Pasaron tres días, mismos que Ulises iba a casa de Esperanza para buscarla y pedirle que se retractara. Ella seguía de viaje y no había regresado. Lo único que le calmaba era que podía seguir viendo a su hijo.

La señora se seguía arriesgando por eso hasta que la bomba detonó.

Al cuarto día, Ulises llegó a la misma hora para ver a su hijo. Pero el caos se desató cuando llegó Esperanza.

Lo hizo de sorpresa pues no aviso a su madre que llegaría.

Al entrar, lo primero que vio fue a Ulises en su casa cargando al pequeño Elías. Se llenó de mucho coraje con tal situación que de inmediato le reclamó.

—¿Qué haces aquí?, ¡Lo tienes prohibido!—Se acercó a él con la intención de quitarle al pequeño.

—Vine a cuidarlo, está claro que tú no lo haces.—Le dijo retrocediendo para evitarla

—Yo lo cuide desde que nació en condiciones que no imaginas.—Le respondió mientras sus ojos brillaban de odio.—Mientras tu estabas en tu casa con tu noviecita. ¡No tienes nada que criticar!

Ulises quedó callado. Ella tenía razón pero al igual que su madre, pensaba que el pasado no sustituye al presente. Pues se estaba comportando de mala manera y descuidaba mucho a su hijo.

Con esto en mente, tuvo que intervenir.

—No tiene nada de malo hija.—Le dijo con una voz muy tímida. —Él es su padre y es verdad que yo necesitaba ayuda.

—Pues me hubieras dicho para contratarte ayuda.—Le recriminó con la misma mirada.—Podemos pagarlo, ya no estamos en la ruina.

—Si, con el dinero que le robaste a mi familia.—Se atrevió a intervenir nuevamente.

—Dinero que me gané por resistir sus estupideces.—Lo miró nuevamente.—Me lo gané por soportarte a ti y a tu familia.

—Pues cuando estábamos haciendo a Elías no parecías muy molesta en aguantarme.

Esperanza se acercó a él y le intentó una bofetada. Ulises se hizo para atrás, así que evitó que el golpe le llegara. Su instinto por defender a su hijo salió a flote.

—Si ese dinero lo ves como servicio a lo que te hicimos.—Continúo con voz de reclamo. —Entonces deja de hostigar a mi madre y déjala en paz.

Esperanza lo miró profundamente, junto a esto llegó un silencio muy intenso que todos los presentes valoraron.

—¿Ella me dejó en algún momento?—Le respondió retándole con la mirada.—Yo nunca le hice nada y se ensañó conmigo hasta que me dejó en esa prisión, solo porque te amé.

Ulises se quedó en silencio nuevamente, le hizo recordar aquel amor al que se refería y por el que estaban ahí.

La señora se colocó en medio para que Ulises le diera al pequeño ya que este comenzó a llorar por los gritos. Se había asustado.

Ella se lo llevó de ahí pidiéndole una disculpa a los presentes, principalmente a Esperanza por dejar pasar a Ulises.

La discusión entre los que estaban ahí se intensificó.

El joven Benz solo le pidió que retirara la demanda en contra de su madre pero ella seguía sacando reclamos del pasado.

—Mejor vete Ulises—Interrumpió Luis quien se moría de celos al verlos pelear.—Si no lo haces llamaré a la policía.

—Ahora si, la policía es su mejor amigo ¿no?

Lo miró muy valientemente pues no temia a la policía.

—No te irás. La policía vendrá y al fin te meteré a la cárcel.—Le respondió Esperanza interponiendose en el camino para que no pasara.

—Meteme a mi a la cárcel si eso te hace feliz.—Le dijo a punto de quebrarse en llanto.—Pero deja a mi mamá salir.

—Tú no me darás órdenes.—Le dijo sin bajar el nivel de rencor.

—Has ido muy lejos. Eres la responsable de dos muertes.

Aún sentía compasión por ella y más aún desde que le mencionó el pasado amor. La culpa y las demás emociones llegaron a él con más intensidad.

—¿Cómo que dos muertes?—Preguntó Luis intrigado.

—Mi madre está en la cárcel, culpada del asesinato de un hombre que ella no mató.—Ulises lo miró para responderle, sus ojos estaban brillosos.—Y mi padre, al enterarse de todo esto, no resistió y murió.

Esperanza pareció conmoverse por un segundo, ella no esperaba que su padre estuviera muerto, un deseo que tenía que suprimir en su corazón para continuar con su plan.



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En el texto hay: #drama, #tragedia, #romace

Editado: 15.04.2025

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