Prisionera del Destino

Capítulo 27 – Cuando el depredador sonríe

Luna no pudo dormir esa noche.

No por miedo.

Por lucidez.

Su cuerpo estaba exhausto por el entrenamiento, pero su mente seguía despierta, recorriendo una y otra vez las palabras de Kael, la forma en que la había mirado cuando la sangre apareció, como si hubiese visto algo que llevaba siglos esperando despertar.

Se levantó antes del amanecer.

La mansión aún dormía. Los pasillos estaban sumidos en una penumbra azulada, silenciosa, expectante. Luna caminó descalza hasta uno de los balcones laterales, respirando el aire húmedo del bosque.

Entonces lo sintió.

No un sonido.

No un olor.

Una presencia.

—No deberías estar sola —dijo una voz masculina desde la sombra—. Todavía no.

Luna no se giró de inmediato. Su corazón se aceleró, pero no retrocedió.

—Tampoco tú deberías estar aquí —respondió con calma—. Esta es propiedad Draven.

Una risa baja, lenta, peligrosa.

—Eso nunca me ha detenido.

Elías Van Dorne emergió de entre los árboles como si el bosque lo hubiera parido. Vestía oscuro, sin armas visibles, con esa elegancia descuidada que no buscaba aprobación. Sus ojos dorados se clavaron en ella con una intensidad que no intentaba ocultar.

—Te ves distinta —dijo—. Más despierta.

Luna giró por fin, enfrentándolo.

—Y tú sigues siendo igual de imprudente.

Van Dorne inclinó la cabeza, divertido.

—Eso me gusta de ti. No tiemblas… todavía.

Ella cruzó los brazos, notando cómo el vínculo con Kael vibraba bajo su piel, alerta.

—Di lo que viniste a decir y vete.

Él dio un paso más cerca. El aire entre ambos se tensó.

—Vine a comprobar algo —dijo—.

Y ya lo confirmé.

Luna frunció el ceño.

—¿El qué?

Van Dorne bajó la voz.

—Que Kael no te eligió por amor.

El golpe fue certero.

Pero no suficiente.

—Me eligió —respondió Luna—. Eso es lo único que importa.

—No —corrigió él suavemente—. Te reclamó porque te necesitaba.

Porque tu poder no le pertenece… y eso lo aterra.

Antes de que Luna pudiera responder, una presencia más oscura cayó sobre el balcón como una sombra sólida.

Kael.

—Aléjate de ella —ordenó, sin levantar la voz.

Van Dorne sonrió, sin volverse.

—Buenos días, Alfa.

Kael avanzó hasta colocarse frente a Luna, protegiéndola sin tocarla.

—Esta conversación terminó.

—Al contrario —replicó Elías—. Apenas empieza.

Especialmente ahora que ella comienza a recordar quién es.

Kael mostró los colmillos apenas un segundo.

—No sabes nada de ella.

Van Dorne lo miró entonces. Dos depredadores midiéndose.

—Sé que no es tuya de la forma en que crees.

El aire vibró.

Luna dio un paso al frente.

—Basta.

Ambos la miraron.

—No soy un trofeo —continuó—. Ni una excusa para su guerra.

Si tienen algo que decir, lo dicen conmigo presente.

Kael apretó la mandíbula.

—Luna…

—No —lo interrumpió—. Déjame.

Van Dorne la observó con renovado interés.

—Eso… eso es lo que despierta en ti.

No obediencia.

Elección.

Kael respiró hondo, conteniéndose.

—Di lo que viniste a decir —repitió Luna—. O lárgate.

Elías dio un paso atrás, levantando las manos en señal de paz falsa.

—Solo vine a advertirte.

Cuando empieces a soñar con sangre que no es tuya…

cuando escuches nombres que nunca aprendiste…

no será Kael quien te ayude a entenderlo.

Silencio.

—Será alguien que no te teme —añadió—.

Y que no intenta poseerte.

La furia cruzó el rostro de Kael.

—Vete. Ahora.

Van Dorne sostuvo la mirada unos segundos más, luego sonrió.

—Nos veremos pronto, Luna.

Y desapareció entre los árboles como si nunca hubiera estado allí.

El silencio quedó pesado.

Kael se giró hacia ella, con los ojos oscuros.

—Nunca vuelvas a enfrentarlo sola.

Luna levantó la barbilla.

—No soy débil.

—Lo sé —respondió él—.

Y eso es lo que me asusta.

Se acercó, apoyando su frente contra la de ella.

—Tu entrenamiento se intensifica desde hoy.

—¿Por miedo a él? —preguntó Luna.

Kael negó.

—Por miedo a lo que el mundo hará cuando sepa quién eres.

Luna cerró los ojos un instante.

—Entonces enséñame —susurró—.

Enséñame a no romperme.

Kael la abrazó, firme, protector, pero consciente de algo irreversible.

Ella ya no era solo su Luna.

Era el centro de una guerra que recién comenzaba.

Y esta vez…

no todos lucharían por poseerla.

Algunos lucharían por liberarla.




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