Luna no pidió permiso.
Esa fue la diferencia.
Durante tres días no volvió a aparecer en los espacios comunes de la mansión. No entrenó con Kael. No se sentó en el consejo. No buscó explicación ni consuelo. Se movió por rutas secundarias, habló con gente que no debía tener acceso a ella y empezó a construir algo propio, silencioso y rápido.
Adrián fue el único que la acompañó sin hacer preguntas.
—Si sigues así —le dijo la tercera noche—, van a creer que estás armando una facción.
Luna ajustó el arma a su costado.
—No estoy armando nada.
—Estás seleccionando —corrigió él.
Ella no lo negó.
⸻
Kael lo supo antes de que se lo confirmaran.
No por informes.
Por el vacío.
El vínculo no estaba roto, pero había cambiado de textura. Ya no empujaba. Ya no reclamaba. Era como un hilo tenso sostenido solo por voluntad.
—Está levantando estructura paralela —dijo uno de los consejeros—. Si no la detienes, va a dividir el territorio.
Kael lo miró con frialdad.
—No lo está dividiendo.
—Entonces ¿qué está haciendo?
Kael tardó en responder.
—Está probando si puede existir sin mí… sin destruirse.
Eso no tranquilizó a nadie.
⸻
La primera acción fue quirúrgica.
Luna interceptó un intercambio menor que Van Dorne utilizaba para medir lealtades. No atacó. No confiscó. Reemplazó.
Cuando los emisarios llegaron al punto acordado, encontraron nuevos intermediarios, nuevas rutas y un mensaje claro:
La Luna no pide acceso.
Lo reescribe.
Van Dorne sonrió al recibir el informe.
—Interesante… —murmuró—. Aprendió rápido.
—¿La presionamos más? —preguntó uno de sus hombres.
—No —respondió—. Ahora quiero ver qué hace Kael cuando ella deja de esperarlo.
⸻
Esa noche, Kael fue a buscarla.
No como Alfa.
No como juez.
Como hombre que ya no podía fingir distancia.
Luna estaba en la sala antigua, revisando mapas. No se sorprendió al verlo.
—Sabía que vendrías —dijo sin levantar la vista—. Tardaste más de lo que pensé.
Kael cerró la puerta.
—Estás cruzando líneas peligrosas.
—Las líneas se cruzan o se convierten en jaulas.
Se miraron. El aire se tensó.
—Te solté para que aprendieras —dijo Kael—. No para que te pusieras en la mira de todos.
Luna dejó los mapas.
—No me soltaste —respondió—. Me retiraste el respaldo.
Eso fue el golpe real.
Kael dio un paso adelante.
—¿Y qué hiciste?
—Lo que hace cualquiera que no quiere volver a depender —dijo ella—. Construí algo que no puedas quitarme.
El vínculo ardió.
No deseo.
No rabia.
Reconocimiento.
Kael apoyó una mano en la mesa, inclinándose hacia ella.
—Esto nos va a costar.
Luna sostuvo su mirada, firme.
—Siempre lo hizo. La diferencia es que ahora no soy la única que sangra.
⸻
No se besaron.
Eso fue lo más violento de todo.
Kael se retiró sin tocarla, sabiendo que hacerlo la desarmaría… y que ella ya no podía permitirse eso.
⸻
Horas después, Adrián regresó con información que nadie esperaba.
—Rowan movió piezas —dijo—. No para ayudarte. Para equilibrarte.
—¿Equilibrarme con qué? —preguntó Luna.
—Con Kael —respondió—. No quiere que ninguno de los dos gane demasiado.
Luna sonrió despacio.
—Entonces por fin alguien entendió el juego.
⸻
Kael, solo en su despacho, aceptó una verdad incómoda:
Había creado una Luna que ya no podía proteger sin destruir lo que estaba naciendo en ella.
Y Van Dorne…
Van Dorne estaba esperando el momento exacto en que ambos confundieran orgullo con estrategia.
La guerra no iba a empezar con un ataque.
Iba a empezar con una elección equivocada.
Y esta vez, no todos sobrevivirían al deseo de tener razón.