La noche caía sobre las colinas de Aelthorn como un manto de terciopelo oscuro.
Muy lejos del castillo Raventhorn, en una región donde los árboles crecían torcidos como dedos acusadores y la niebla se deslizaba entre los caminos como un susurro antiguo, se alzaba otra mansión.
No era un castillo. Era algo peor.
Un palacio de piedra negra, elegante y silencioso, cuyos ventanales iluminados brillaban en medio del bosque como los ojos de una criatura que jamás duerme. Dentro la luz de los candelabros dorados se mezclaba con las sombras de forma extraña.
Como si la oscuridad tuviera voluntad propia. El salón principal era vasto. Columnas de mármol negro sostenían un techo altísimo decorado con frescos antiguos donde se representaban guerras olvidadas entre criaturas sobrenaturales.
Pero en el centro de la sala había algo mucho más simple. Una mesa.
Sobre ella descansaba un tablero de ajedrez. Las piezas eran de cristal. Negras y blancas.
Hermosas.
Mortales.
Sentado frente al tablero estaba un hombre. O al menos algo que parecía un hombre. Su figura estaba envuelta en elegantes ropas oscuras. Pero su rostro permanecía oculto en la penumbra.
La luz de las velas no lograba tocarlo. Como si la propia oscuridad lo protegiera. Frente a él, de pie, se encontraba una figura muy distinta. Alta. Imponente. Sus hombros eran anchos. Sus ojos brillaban con un fulgor salvaje.
El líder de los licántropos. Un hombre llamado Darian Vargor.
Su voz era grave.
-Los cazadores casi han desaparecido.
El hombre sentado no respondió. Su mano blanca tomó una pieza del tablero. Un alfil. Lo deslizó suavemente sobre la superficie de mármol.
-Casi -repitió finalmente.
Su voz era suave. Elegante. Pero había algo en ella que hacía que incluso un licántropo sintiera incomodidad.
-La palabra "casi" siempre arruina una victoria.
Darian frunció el ceño.
-La última cazadora es solo una niña.
El hombre en las sombras observó el tablero.
-Las partidas más peligrosas se pierden por subestimar un peón.
Movió otra pieza. Un caballo negro. El sonido del cristal contra la mesa resonó en la sala silenciosa.
-La joven Elizabeth Von Fisher -continuó- ya está en Raventhorn.
Darian mostró los dientes en una sonrisa cruel.
-Podemos acabar con ella esta misma noche.
El hombre en la sombra negó lentamente con la cabeza.
-No - Tomó una pieza blanca. Una reina. La sostuvo entre sus dedos - Las piezas valiosas no deben destruirse demasiado pronto.
Darian lo miró con irritación.
-No entiendo por qué sigues interesándote en esa familia. Los padres ya están muertos.
El silencio llenó la sala. Luego el hombre rió. Una risa suave.
-Sí - Sus dedos giraron la reina de cristal - Yo mismo me aseguré de ello.
Darian inclinó ligeramente la cabeza.
-Entonces fue cierto.
El hombre movió la reina. Capturó una pieza negra.
-La noche en que murieron - Su voz se volvió más baja -Fue una jugada necesaria.
La sombra ocultaba su expresión.
Pero su tono revelaba algo.
Satisfacción.
-El padre de Elizabeth era un jugador molesto.
Darian cruzó los brazos.
-Y el hermano.
El hombre guardó silencio un instante. Luego tomó un peón negro. Lo empujó hacia adelante.
-Ah - Su voz se volvió casi reflexiva -Alexander - Darian sonrió -La transformación fue entretenida.
El hombre en las sombras no respondió de inmediato. Sus dedos se detuvieron sobre el tablero.
-Convertirlo en licántropo fue una jugada hermosa.
El líder de los licántropos rió.
-Imaginar el momento en que su propia hermana tenga que matarlo...
El hombre movió una torre.
-Exactamente.
La pieza capturó otro peón.
-Nada destruye más profundamente un alma que obligarla a destruir aquello que ama.
El silencio volvió a caer. Las sombras del salón parecían alargarse. Respirar. Darian observó el tablero.
-Entonces la muchacha es una pieza.
-No - El hombre negó con calma-Ella es el tablero.
El licántropo frunció el ceño.
-¿Y el muchacho del ataúd?
Por primera vez el hombre en la oscuridad se quedó completamente inmóvil. El aire pareció volverse más frío.
-Lucian...
El nombre fue pronunciado como si fuera un recuerdo antiguo.
-Una pieza olvidada.
Darian gruñó.
-¿Deberíamos eliminarlo?
La respuesta llegó de inmediato.
-Jamás.
El hombre tomó el rey negro del tablero. Lo sostuvo frente a la luz de las velas.
-Algunas piezas... - La sombra ocultó su sonrisa -Son demasiado interesantes para destruirlas.
Luego colocó el rey nuevamente en el tablero.
-La partida apenas comienza.
Mientras tanto en Raventhorn
La madrugada había llegado. Pero Elizabeth no dormía. Estaba en la biblioteca del castillo. Rodeada de libros antiguos. Lucian estaba sentado frente a ella. Observaba los volúmenes con una curiosidad tranquila.
-Tu familia sabía muchas cosas -dijo.
Elizabeth cerró lentamente un libro.
-Mi padre decía que el mundo tiene muchas capas.
Lucian inclinó la cabeza.
-Tenía razón.
Elizabeth lo observó.
-Quiero aprender a usar mi poder.
Lucian guardó silencio. Luego preguntó:
-¿Por qué?
Elizabeth respiró profundamente.
-Porque alguien mató a mis padres - La llama de la vela tembló - Y porque mi hermano sigue vivo.
Lucian levantó la mirada.
-Lo sabes.
No era una pregunta. Elizabeth asintió lentamente.
-Lo siento - Se llevó una mano al pecho -Aquí.
Lucian cerró los ojos.
-Entonces debemos entrenar tu mente.
Elizabeth frunció el ceño.
-¿Cómo?
Lucian extendió la mano.
-Dámela.
Ella dudó. Pero finalmente lo hizo.
En el instante en que sus dedos se tocaron, el mundo desapareció.
Elizabeth cayó dentro de un océano de pensamientos.