Prisionero De Cristal

El amor que no puede pronunciarse

La noche había caído sobre Raventhorn como un manto espeso. No era una noche cualquiera. Era una noche que parecía escuchar.

Que parecía observar.
Que parecía saber.

Lucian - el silencio que desgarra

Lucian permanecía solo. Como siempre. Pero esa noche la soledad no era refugio. Era castigo.

De pie en lo alto del balcón, el viento nocturno agitaba su cabello oscuro mientras sus ojos celestes se perdían en el horizonte. El bosque respiraba allá abajo, vivo, indomable, libre.

Libre.

La palabra lo atravesó como un cuchillo invisible. Sus manos se cerraron lentamente sobre la baranda de piedra.

-Libre - susurró.

Y el eco de su propia voz le resultó ajeno. Vacío. Porque él no lo era. Nunca lo había sido. Y ahora menos que nunca. Cerró los ojos.

Y entonces la sintió. A ella. Siempre la sentía. No como un pensamiento. No como un recuerdo. Sino como una presencia inevitable. Un latido constante. Elizabeth.

Su vínculo.
Su condena.
Su razón.
Su perdición.
Su amor.

Abrió los ojos con brusquedad.

-No - Su voz se quebró, apenas-No puedo...

Se llevó una mano al pecho. El dolor no era físico. Era peor. Mucho peor. Era una presión invisible que le impedía respirar con normalidadque, le apretaba el alma que lo mantenía contenido.

Porque no podía decirlo. No podía expresarlo. No podía siquiera dejarlo escapar. El hechizo no solo lo ataba a su cuerpo. Lo ataba a su voluntad.

A su voz.
A su verdad.

-¿Cómo...? - susurró con desesperación contenida - ¿Cómo se ama cuando no puedes elegir?

El silencio no respondió. Nunca lo hacía. Pero su mente sí. Y fue cruel. Porque le mostró lo que jamás podría tener.

A ella sonriendo.
A ella confiando.
A ella esperándolo.
Y él...

-Soy una mentira - susurró. Una risa amarga escapó de sus labios -Una maldita mentira - Apretó los ojos con fuerza - ¿Cómo podría creer en mí? - Su voz tembló -¿Si estoy obligado a quedarme?

El viento se intensificó. Como si quisiera llevárselo. Como si quisiera romperlo. Pero no podía. Nada podía. Porque ese era el punto. Ese era el verdadero castigo. No era el encierro. No era el dolor. Era esto. Sentir. Y no poder demostrarlo. Amar..Y no poder elegir. Lucian se llevó la mano al rostro..Sus dedos temblaban.

-Preferiría morir - susurró -antes que seguir así.

El silencio lo envolvió. Pero no lo consoló. Nunca lo hacía.

Alexander - la libertad que sana

-Sigues pensando demasiado.

La voz de Alexander rompió la quietud. Lucian no se giró de inmediato.

-Y tú sigues apareciendo sin hacer ruido.

Alexander se encogió de hombros, apoyado contra la pared del balcón.

-Me estoy acostumbrando - Una leve pausa - A muchas cosas.

Lucian lo miró entonces. Y en ese instante algo cambió. No en el ambiente. En él. La tensión en sus hombros disminuyó apenas. Su mirada se suavizó.

-¿Qué quieres? -.preguntó.

Pero no con frialdad. Con naturalidad. Alexander lo notó. Y no dijo nada.

-Entrenar.

Lucian arqueó apenas una ceja.

-¿A esta hora?

Alexander sonrió levemente.

-La bestia no duerme - Una pausa - Y yo tampoco.

El silencio entre ellos no era incómodo. Era compartido.

-Bien - Lucian se apartó de la baranda - Vamos.

No hubo más palabras..No hacían falta.

El entrenamiento - dos fuerzas, una armonía

El patio trasero del castillo estaba envuelto en sombras y luz de luna. Perfecto. Alexander se colocó frente a Lucian.

-No voy a contenerme.

Lucian lo observó.

-Hazlo.

El primer movimiento fue rápido. Alexander atacó. Lucian esquivó. El aire se cortó con el sonido del impacto fallido. Y entonces comenzaron. Movimiento tras movimiento. Ataque tras defensa.

No era una lucha. Era una danza. Precisa. Letal. Hermosa Alexander avanzaba con fuerz, con instinto con una ferocidad contenida. Lucian respondía con precisión, con técnica con elegancia. Y poco a poco se sincronizaron.

-Más rápido.

-Lo intento.

-No lo intentes. Hazlo.

Alexander gruñó. Y el lobezno apareció. No físicamente. Pero su presencia vibró. Lucian lo sintió. Y sonrió apenas.

-Ahí está.

Alexander lo miró, sorprendido.

-¿Puedes sentirlo?

Lucian asintió.

-No como tú - Una pausa - Pero sí.

Y entonces algo se alineó.
Alexander atacó de nuevo.

Más rápido.
Más preciso.

Lucian respondió. Y por primera vez ambos se movieron como uno. Un solo ritmo. Un solo pulso. Un solo lenguaje. Y en ese instante Lucian era libre. No había hechizo. No había cadenas. No había obligación. Solo elección. Solo acción. Solo él. Y Alexander lo vio.

-Ahora sí - susurró -Ese eres tú.

Lucian no respondió. Pero su mirada lo hizo.

Elizabeth - la distancia que duele

Desde la ventana. Elizabeth observaba. En silencio. Inmóvil. El reflejo de la luna iluminaba su rostro, pero no su expresión. Porque lo que sentía no tenía forma. Los veía. Juntos.

Moviéndose como si se entendieran sin palabras. Sin barreras. Sin distancia. Lucian no era frío con Alexander. No era distante. No era un arma. Era alguien. Y eso dolía. Más de lo que debería.

-¿Por qué...? -.susurró. Su voz apenas existió - ¿Por qué con él sí...? - Sus manos se aferraron al marco de la ventana - ¿Y conmigo no?

El silencio no respondió. Pero su corazón sí. Y fue cruel. Porque le dijo la verdad que no quería escuchar. Porque con ella, Lucian no podía elegir. Y eso lo cambiaba todo. Elizabeth cerró los ojos..Pero no pudo detener la sensación.

Esa que crecía lentamente. Esa que la aislaba. Esa que la hacía sentir sola.

Dos mundos

En el patio, Alexander se dejó caer al suelo, respirando agitado.

-Eso fue increíble.




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