El castillo de Raventhorn no dormía. Nunca lo hacía del todo.
Pero esa noche la quietud no era descanso. Era tensión. Era algo contenido a punto de romperse.
Lucian — la guerra interior
Lucian se encontraba en la sala de entrenamiento. No entrenaba. No se movía. No respiraba con normalidad. Estaba luchando. Pero no contra un enemigo visible.
Contra algo mucho más cruel. Sus propias cadenas.
Sus manos estaban apoyadas contra la pared de piedra. La frente inclinada apenas, como si el peso de su existencia fuera demasiado para sostenerla erguida.
—Basta — susurró. Su voz era baja. Pero cargada de algo peligroso —Déjame…
El silencio no respondió. Nunca lo hacía. Pero el hechizo sí. Invisible.
Implacable. Siempre presente. Un dolor agudo recorrió su pecho. No físico. Más profundo. Más humillante.
Porque no era un castigo. Era un recordatorio. No podía elegir. No podía alejarse. No podía negarse.
No podía ser. Sus dedos se tensaron contra la piedra.
—Quiero — La palabra se quebró. Como si decirla fuera un acto prohibido — Quiero amarla…
Un latido.
Doloroso.
—Como ella merece — Su respiración se volvió irregular.—Sin cadenas — Su voz tembló — Sin esta maldita obligación.
Cerró los ojos con fuerza. Y por un instante, solo un instante, su mente lo traicionó. Le mostró lo que no podía tener. Elizabeth.
Sonriendo.
Libre.
Con él.
No por deber.
No por magia.
Por elección.
Lucian soltó un jadeo contenido.
—No —.susurró — No es real.
Y entonces la ira apareció. Oscura.
Profunda. Dirigida hacia sí mismo.
—Ella lo eligió — Su voz se endureció — Eligió que siguiera así — Sus manos se cerraron en puños —Prefirió la seguridad —apretó los dientes — antes que mi libertad.
El dolor regresó. Pero ahora acompañado de algo peor. Desesperación.
—Prefiero morir — susurró —antes que seguir siendo esto.
Pero ni siquiera eso le era permitido. Ni siquiera su propia muerte le pertenecía. Y esa era la verdadera prisión.
Elizabeth — el intento que hiere
—Lucian…
La voz llegó suave. Casi temerosa.
Lucian no se giró. La sintió antes de escucharla. Siempre la sentía.
—No deberías estar aquí.
Su tono fue neutro. Frío..Elizabeth avanzó lentamente. Había algo en su mirada. Algo vulnerable. Algo sincero.
—Quería verte.
Silencio. Lucian cerró los ojos un segundo. Y cuando los abrió ya no quedaba rastro de lo que sentía.
Solo control.
—Ya me has visto.
Elizabeth tragó saliva.
—No así — Un paso más — Lucian, yo — Dudó. Pero siguió — No quiero que estemos así.
Lucian giró el rostro apenas.
—¿Así cómo?
La pregunta fue directa. Pero su tono cortante. Elizabeth bajó la mirada un instante.
—Distantes — Un suspiro leve escapó de sus labios —Fríos.
Lucian la miró entonces.
Directamente. Y en sus ojos no había nada.
—Eso es lo que somos.
Las palabras cayeron sin emoción.
Elizabeth sintió el impacto.
—No tiene por qué serlo.
Lucian dio un paso hacia ella. Y por un segundo, solo por un segundo, pareció que algo cambiaría. Pero no.
—Sí lo tiene —.Su voz fue firme —Porque esto — señaló el aire entre ambos — no es real.
Elizabeth negó suavemente.
—Sí lo es.
Lucian soltó una risa breve. Vacía.
—No.
Se inclinó apenas hacia ella. No con cercanía. Con intención.
—Esto es una ilusión sostenida por un hechizo.
Elizabeth sintió que el aire le faltaba.
—Yo no te obligo a…
—Sí lo haces — La interrumpió. Sin alzar la voz. Pero con una firmeza que dolía más que un grito—Cada segundo.
Silencio.
Pesado.
—No puedes verlo — continuó —pero yo sí — Sus ojos brillaron apenas. No con luz. Con dolor —No puedo alejarme. No puedo desobedecerte. No puedo elegir —
Cada palabra fue un golpe — ¿Y quieres que te sonría?
Elizabeth sintió cómo algo en su interior se quebraba.
—Yo no quería…
Lucian la interrumpió de nuevo.
—No importa lo que querías.
Una pausa.
Más suave.
Pero más dolorosa.
—Importa lo que hiciste.
El silencio se volvió insoportable.
Elizabeth lo miró..Y en sus ojos había tristeza. Una tristeza tan pura, que atravesó incluso la coraza de Lucian.
Y por dentroél se rompió. Completamente.
—Lo siento — susurró ella.
Lucian cerró los ojos un instante.
Porque si los mantenía abiertos iba a ceder. Y no podía. No le estaba permitido.
—No lo sientas — Su voz volvió a endurecerse — Solo acéptalo — Se apartó — Esto es lo único que soy para ti.
Elizabeth no respondió. No pudo.
Y él no se giró. Porque si lo hacía
iba a ver su dolor. Y eso lo destruiría por completo.
Alexander — lo que podría ser
—Sigues evitando dormir.
Lucian no respondió de inmediato.
Alexander estaba sentado sobre una mesa, relajado pero atento.
—Y tú sigues observando demasiado.
Alexander sonrió levemente.
—Es útil — Silencio — Necesito información.
Lucian se apoyó contra la pared.
—¿Sobre?
—Darian — Una pausa —Y su manada.
Lucian lo miró.
—¿Para qué?
Alexander no dudó.
—Para atacar.
Silencio. Lucian lo sostuvo con la mirada.
—No eres impulsivo.
—No lo soy.
Alexander bajó la mirada un instante.
—Pero tampoco voy a esperar a que él vuelva.
Eso….Lucian lo entendía.
—Habla.
Y entonces comenzaron. Mapas mentales. Rutas. Patrones. Estrategias. Alexander hablaba. Lucian corregía. Complementaba.
Expandía.
—Atacan en manada, pero se dispersan cuando pierden liderazgo.
—Entonces hay que aislar a Darian.
—No es tan simple.
—Nada lo es —.Un silencio breve—Pero no es imposible.
Lucian lo observó. Y por un momento, algo en su interior se alineó.