La niebla no era solo niebla. Era memoria. Era advertencia. Era algo vivo. Alexander avanzaba con paso firme, pero no confiado. Cada hoja bajo sus botas crujía como si anunciara su presencia, como si el bosque entero supiera que un intruso caminaba entre sus dominios.
No había viento. No había aves. No había sonido alguno, excepto su respiración. Y el latido. El suyo. Y otro más.
-Se acerca...
La voz del lobezno vibró en su mente. Alexander no se detuvo.
-Lo sé.
Sus ojos dorados brillaron apenas en la penumbra. No eran completamente humanos. Ya no.
-No es natural -.añadió el lobezno.
-Nada en este lugar lo es.
Alexander tensó los dedos. El bosque parecía cerrarse. Los árboles no eran árboles. Eran columnas vivientes.
Antiguas.
Silenciosas.
Observadoras.
Y entonces el suelo respiró.
El primer ataque
Un sonido. Seco. Subterráneo. Como si algo se quebrara bajo la tierra. Alexander reaccionó antes de verlo. Saltó hacia atrás. Y justo donde había estado la tierra se abrió. Raíces. Negras. Gruesas.
Retorcidas como serpientes antiguas. Emergieron con violencia.
-¡Ahora! - rugió el lobezno.
Alexander giró sobre sí mismo. Una raíz intentó envolver su pierna. Pero no lo logró. Su cuerpo respondió con una velocidad que no era solo suya. El movimiento fue limpio. Preciso. Instintivo. Un cazador. Pero con algo más. Mucho más.
-Izquierda.
La advertencia llegó antes del ataque. Alexander giró. Otra raíz descendía desde arriba, como una lanza viva. La esquivó por milímetros. El aire se partió con el impacto.
-No van a parar - susurró.
-No - respondió el lobezno -Quieren enterrarte.
Y entonces el bosque entero despertó.
La danza de la supervivencia
Las raíces comenzaron a surgir por todas partes. Desde el suelo.
Desde los troncos. Desde la nada.
Un ataque coordinado. Perfecto.
Antiguo. Alexander retrocedió. No por miedo. Por cálculo. Su respiración se volvió más profunda. Más controlada.
-Más rápido - dijo el lobezno.
-Lo intento.
-No - La voz se volvió firme -Confía en mí.
Un segundo..Eso fue todo lo que necesitó. Alexander dejó de pensar. Y entonces su cuerpo cambió.
El primer movimiento fue brutal.
Una raíz intentó envolver su torso.
Alexander la sujetó con ambas manos. El impacto lo hizo retroceder un paso. Pero no cedió.
Sus músculos se tensaron. No solo con fuerza humana. Con algo más.
Algo salvaje.
-Ahora.
La raíz se contrajo. Intentando aplastarlo. Pero Alexander tiró. Un movimiento seco. Violento. La raíz se partió. Un sonido húmedo.
Antinatural.
Oscuro.
La savia negra salpicó el aire. Y entonces él sonrió. No con crueldad. Con determinación.
-No soy tu presa.
Cazador y bestia
Las raíces no se detuvieron. Se multiplicaron. Más rápidas. Más agresivas. Pero Alexander ya no era el mismo que había entrado al bosque. Sus movimientos eran distintos.
Más fluidos.
Más instintivos.
Más completos.
-Arriba - Se agachó -Atrás -Giró - Derecha.
Golpeó. Cada advertencia del lobezno era precisa. Perfecta. Como si ambos fueran uno. Porque lo eran. No había lucha entre ellos.
No había conflicto. Había cooperación. Había sincronía.
Una raíz intentó envolver su cuello. Alexander la esquivó. Pero otra lo sujetó del brazo. Fuerte.
Demasiado fuerte.
-¡Alexander!
-Lo tengo.
No luchó contra ella. La usó. Se impulsó. Giró sobre su propio cuerpo. Y con el impulso arrancó la raíz desde su base. El suelo se abrió. La tierra tembló. El bosque reaccionó.
El corazón del ataque
El aire cambió. La niebla se densificó. Y entonces lo sintió.
Un pulso.
Oscuro.
Profundo.
-Allí - susurró el lobezno.
Alexander alzó la mirada. Un árbol. Distinto. Más grande. Más antiguo. Más vivo.
-Es el núcleo.
-Entonces - Alexander avanzó - terminemos esto.
El choque final
Las raíces se lanzaron todas al mismo tiempo. Como una ola. Imparable. Pero Alexander no retrocedió. Corrió hacia ellas.
Directamente.
-¡Ahora!
Su cuerpo respondió. No como humano. No como bestia. Como algo intermedio. Perfecto. Saltó.
Giró en el aire. Las raíces lo rodearon. Pero no lo tocaron. No pudieron. Porque él ya no reaccionaba. Anticipaba. Cada movimiento. Cada ataque. Cada intento. Era inútil. Cayó frente al árbol. Su mano se cerró.
-Esto termina ahora.
Clavó su arma. Profundo. En la corteza. Un sonido. Como un grito.
Como un lamento. Como algo antiguo muriendo. Las raíces se detuvieron.
Una.
Dos.
Todas.
Y luego se retiraron. Lentamente.
Como si el bosque respirara. Y aceptara.
Silencio
La niebla comenzó a disiparse. El aire volvió. El sonido regresó.
Alexander permaneció de pie.
Respirando. Agitado. Pero en pie.
-Lo hiciste - La voz del lobezno fue suave.
-Lo hicimos - corrigió él.
Miró sus manos. No temblaban. Ya no.
-Esto - susurró -recién empieza.
Determinación
Alzó la mirada. El camino hacia el templo seguía allí. Más oscuro. Más profundo. Más peligroso. Pero ya no dudaba.
-Lucian - murmuró. Una pausa-No voy a dejarte así - Sus ojos dorados brillaron - No eres un arma. Eres una pieza clave.
No solo para la guerra. Para ellos.
Para él. Para Elizabeth.
-Si queremos ganar - apretó los dientes - te necesitamos libre.
El lobezno guardó silencio. Pero su presencia se fortaleció. Alexander dio el primer paso. Y luego otro. Sin mirar atrás. Porque ahora ya no caminaba con dudas. Caminaba con un propósito.
Y eso era más peligroso que cualquier hechizo. Más fuerte que cualquier bestia. Y más imparable que cualquier destino.