El regreso de Alexander
El bosque ya no lo detenía. Se abría. Las ramas se apartaban a su paso como si lo reconocieran. Como si entendieran que ya no era el mismo joven que había entrado temblando entre la niebla.
Alexander caminaba en silencio.
No había prisa en sus pasos. Pero sí urgencia en su interior..El lobezno permanecía dentro de él.
En calma. Pero atento.
-Ya lo sabes - susurró.
Alexander asintió apenas.
-Sí.
No era una respuesta simple. Era una verdad que pesaba. Lucian no necesitaba ser salvado de un enemigo. Necesitaba ser liberado
de una decisión. Y esa decisión no era suya.
El castillo apareció entre la bruma como una sombra familiar.
Imponente.
Silencioso.
Pero esta vez Alexander no lo miró como un hogar. Lo miró como un lugar donde alguien estaba encerrado sin cadenas visibles.
El encuentro
Las puertas se abrieron sin que él las tocara. El interior estaba en calma. Demasiado.Y entonces la vio.
Elizabeth. De pie en el gran salón.
Inmóvil. Como si lo hubiera estado esperando. Sus ojos dorados se alzaron hacia él. Y en ellos había algo nuevo. Inquietud.
-Alexander - su voz fue suave.
Pero no tranquila. Él no respondió de inmediato. Caminó hacia ella.
Despacio.
-Fuiste al templo - dijo ella.
No era una pregunta.
-Sí.
Silencio.
-¿Y?
Esa sola palabra contenía todo.
Esperanza. Miedo. Negación.
Alexander la sostuvo con la mirada.
-Vi a Lucian.
El aire cambió. Elizabeth se tensó.
-¿Qué... qué viste?
Alexander respiró hondo.
-La verdad.
La verdad que duele
-No está sufriendo - continuó él-No está roto. No está muriendo.
Elizabeth cerró los ojos un segundo. Como si una parte de ella se aferrara a eso.
-Entonces... yo tenía razón -susurró.
-No - La palabra cayó firme. Sin dureza. Pero sin espacio para dudas. Elizabeth lo miró -No tenías razón.
El silencio fue más pesado que cualquier grito.
-El hechizo no lo destruye -explicó Alexander -Pero tampoco lo deja ser él mismo.
-Eso no es verdad....
-Sí lo es - Alexander dio un paso más - Puede moverse, pelear, hablar. Pero no puede elegir.
Elizabeth negó con la cabeza.
-Él... él está conmigo porque quiere...
Alexander no apartó la mirada.
-¿Estás segura?
La pregunta fue un golpe directo.
-Si pudiera irse - continuó -¿se quedaría?
Elizabeth abrió la boca pero no respondió. Porque no sabía.
La herida invisible
-Lo vi - dijo Alexander más bajo-Te ama Elizabeth - El corazón de Elizabeth se detuvo -Pero no puede actuar como él mismo. No puede acercarse como quiere. No puede decidir cómo amarte ni cómo demostrártelo - El aire le faltó -Porque cada cosa que hace contigo - añadió Alexander - está condicionado.
Elizabeth retrocedió un paso.
-No...
-No es rechazo - Esa frase la detuvo - Es control.
El silencio se quebró.
La grieta
-Yo... yo solo quería protegerlo -
susurró Elizabeth.
-Lo sé - respondió Alexander -Pero lo estás reteniendo por la fuerza.
Las palabras no fueron crueles.
Pero sí inevitables. Elizabeth bajó la mirada. Por primera vez la duda fue más fuerte que su miedo.
La decisión
-Si lo libero - dijo ella, con la voz temblando - podría irse ¿verdad?
Alexander no respondió de inmediato.
-Sí.
La honestidad fue absoluta.
Elizabeth cerró los ojos.
-Podría perderlo...
-O podrías descubrir que se queda.
El silencio que siguió fue el más importante hasta ahora.
Lucian escucha
Desde las sombras del salón Lucian observaba. No interrumpía. No se movía. Pero escuchaba cada palabra.
Y por primera vez en mucho tiempo no estaba contenido. No por el hechizo. Por la esperanza.
Elizabeth alzó la mirada. Sus ojos dorados ya no eran los mismos.
-¿Y si me equivoco?
Alexander la sostuvo con calma.
-Ya lo estás haciendo - El golpe fue directo. Pero necesario -Porque estás decidiendo por él -
Silencio -Y el amor - añadió -no funciona así.
Elizabeth tembló. Pero no retrocedió. Sus manos se cerraron con fuerza.
-Yo - respiró profundo -No quiero una mentira - Sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no las dejó caer - Quiero que me elija.
Lucian dio un paso. Por primera vez. Pero no habló. Elizabeth lo miró. Directamente. Y en su mirada ya no había seguridad. Había algo más peligroso. Decisión. Pero aún no la había tomado. Y eso era lo que lo cambiaba todo.