Prisionero De Cristal

La decisión de hierro, la sangre que despierta

Elizabeth - Elegir sin mirar atrás

El llanto no desaparece de golpe.
Se agota. Elizabeth no dejó de llorar esa noche. Ni la siguiente.
Ni la que vino después. Pero algo cambió. No en su dolor. En su forma de sostenerlo.

Una mañana, al abrir los ojos, no había lágrimas. Había vacío. Y en ese vacío decisión. Se sentó en la cama. El silencio de la habitación era distinto. Ya no esperaba escuchar pasos. Ya no esperaba verlo en la puerta. Ya no esperaba nada.

-Basta - susurró.

La palabra no fue débil. Fue firme.
Se levantó. Sus pies tocaron el suelo frío. Y por primera vez desde que él se había ido no miró hacia atrás.

La negación elegida

Frente al espejo, se observó. Ojos hinchados. Cabello desordenado.
Una imagen que no reconocía.

-No lo necesito - Repitió -No lo necesito.

La segunda vez fue más fácil. La tercera más convincente. No era verdad. Pero lo sería. Porque lo iba a hacer verdad.

Cuando salió de su habitación, Alexander ya estaba esperándola.
No preguntó. No insistió. Pero sus ojos dorados la analizaron.

-Quiero entrenar.

La frase lo tomó por sorpresa.

-¿Estás segura?

Elizabeth sostuvo su mirada.

-Sí.

No tembló. No dudó.

-Quiero cumplir con el legado de nuestra familia. Quiero dejar de temblar. Quiero dejar de ser débil.

Alexander la observó en silencio.
Había algo en su tono que no le gustaba. No era determinación. Era ruptura.

El nombre prohibido

-Lucian va a volver.

La frase salió antes de que pudiera detenerla. Elizabeth se tensó.

-No - La respuesta fue inmediata. Fría - No lo va a hacer.

Alexander dio un paso hacia ella.

-Sí lo hará Elizabeth.

-No - Elizabeth negó con la cabeza -Y no quiero que vuelvas a mencionarlo - Silencio - No quiero escuchar su nombre. No quiero pensar en él. No quiero...

Su voz se quebró apenas. Pero no cayó.

-No quiero depender de alguien que puede irse cuando quiera.

El golpe fue directo. Alexander cerró los ojos un instante.

-No es así....

-Lo es - Ella lo interrumpió - Se fue - Simple -Y yo - respiró profundo - no voy a quedarme esperando a que alguien decida si vuelve o no - Sus ojos brillaron -Se terminó - Silencio -Entréname.

La orden no fue una súplica. Fue una declaración.

El inicio del cambio

Alexander no discutió. No insistió.
Porque entendió algo. Elizabeth no estaba sanando. Estaba cerrando.
Y eso era más peligroso. Pero aún así asintió.

-Bien.

La llevó al patio de entrenamiento.
El viento soplaba con fuerza.

-Otra vez.

Elizabeth atacó. Sus movimientos eran torpes. Descontrolados. Pero no se detuvo.

-Otra vez.

Golpe.
Falla.

-Otra vez.

Caída. Respiración agitada.

-Otra vez.

Dolor. Pero no lágrimas. Nunca más lágrimas.

Lucian - El regreso al infierno

La noche se había vuelto más densa. Más pesada. Lucian lo sintió antes de verlos. El aire cambió. El silencio se rompió.

Un crujido. Otro. Un susurro animal. Y luego....Los ojos. Brillando en la oscuridad. No eran pocos. Eran una manada.

Licántropos.

Sus cuerpos emergieron de las sombras. Deformes. Salvajes. Bestias.

-...

Lucian no habló. Pero sus ojos se endurecieron.

-Repugnantes...

La palabra salió baja. Cargada. No de miedo. De desprecio. Los licántropos gruñeron. Y atacaron. El primero saltó. Lucian no esquivó. Avanzó. Su mano atrapó el cuello de la criatura en el aire. Y lo estrelló contra el suelo. El impacto quebró huesos. Pero no fue suficiente.

Otro apareció por la izquierda. Lucian giró. Golpeó. El sonido de carne desgarrándose llenó el lugar. Tres más. Rodeándolo.
Coordinados. Pero no suficientes.

Lucian se movía como sombra. Como muerte. Como algo que ya no estaba contenido. Sus golpes eran precisos. Letales. Cada movimiento una ejecución.

Recuerdos en combate

Elizabeth. Su rostro. Sus lágrimas.

-Confía en mí.

Alexander. Su mirada firme.

-Va a volver.

Y él por primera vez decidiendo. Uno lo alcanzó. Garras en su hombro. Sangre. Lucian no retrocedió. Sonrió.

-Por fin...

Lo tomó. Y lo partió. No había piedad. No había duda. No había contención. Lucian no luchaba como humano. Ni como prisionero. Luchaba como lo que era. Un depredador superior. El último licántropo intentó huir. Lucian apareció frente a él. Silencioso. Inevitable.

-No.

Y lo mató. El bosque quedó en calma. Cuerpos dispersos. Sangre en la tierra. Respiración agitada. Pero firme. Lucian se enderezó. Y entonces lo sintió.

La revelación

Un aroma distinto. No animal. No humano. Familiar. Peligroso.

-...

Lucian giró lentamente. Y en la distancia una figura. Observando. No era un licántropo. No completamente. Sus ojos eran como los de Lucian. Pero vacíos. Rotos.

-Así que sobreviviste...

La voz fue baja. Cargada de algo oscuro. Lucian lo reconoció. No por su rostro. Por su esencia.

-Tú...

El verdadero enemigo

-Yo fui el primero - Una sonrisa torcida -Y ellos me rompieron hasta que dejé de serlo - Silencio-Los cazadores - Su mirada se volvió fría -Tu querida familia - El aire se tensó - Fueron parte de eso.

Lucian no respondió. Pero sus ojos ardieron. No con duda. Con certeza. Y en ese instante entendió algo más peligroso que todo lo anterior. No era el último. Y el otro no tenía nada que perder.




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