La oscuridad allí no era ausencia de luz. Era dominio.
El lugar donde Darian había llevado a Alexander no se parecía a nada que pudiera llamarse mundo. No había cielo. No había suelo en el sentido humano de la palabra. Todo era una extensión de piedra negra, húmeda, viva en su quietud, como si la misma caverna respirara con una intención ajena.
Alexander despertó con el cuerpo pesado. El aire le quemaba los pulmones. No estaba atado. No lo necesitaba. Intentó moverse, pero algo en su interior lo detuvo antes que cualquier fuerza externa. No era una cadena física lo que lo retenía. Era presión.
Una presencia que lo envolvía desde dentro. Entonces lo sintió.
El lobezno. No como una forma.
Como un latido.
-Sigo aquí -susurró Alexander, con la voz apenas audible.
Y no era un pensamiento dirigido al vacío. Era una respuesta. Dentro de él, algo vibró. Una conciencia.
Una resistencia. No estaba solo. Un sonido lento, arrastrado, rompió el silencio. Darian apareció.
No emergió desde un punto específico. Simplemente estuvo ahí. Su figura se formó a partir de la sombra misma, alta, imponente, con una presencia que imponía más por control que por fuerza bruta. Sus ojos se posaron en Alexander con una mezcla de interés y desprecio.
-Aún no te has quebrado -dijo con calma-. Interesante.
Alexander no respondió. No por miedo. Por decisión. Darian avanzó un paso. El aire se volvió más pesado.
-No entiendo qué es lo que te sostiene -continuó- No eres el primero en portar esa maldición pero sí el único que se resiste.
Alexander levantó la mirada. Sus ojos estaban cansados. Pero firmes.
-No es una maldición.
Darian sonrió apenas.
-Claro que lo es.
Un gesto de su mano bastó. El mundo dentro de Alexander se estremeció. No fue un golpe. Fue una invasión.
Una fuerza brutal se lanzó directamente contra su mente, intentando atravesar sus defensas, desgarrar su voluntad, arrancar aquello que lo mantenía unido a esa criatura que habitaba en su interior.
El dolor fue inmediato. Alexander se dobló sobre sí mismo, apretando los dientes para no gritar. Y entonces el lobezno reaccionó. No con violencia. Con presencia. Como si una segunda conciencia se interpusiera entre él y ese ataque. Como si dijera:
No.
Darian se detuvo..No esperaba eso.
-Ah -murmuró, con un leve interés renovado- Así que no estás solo.
Alexander respiraba con dificultad. Pero una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
-Nunca lo estuve.
Darian alzó una ceja.
-Eso no es compañía -replicó- Es una cadena.
Y volvió a intentarlo. Esta vez, más profundo. Más directo. No buscó invadir la mente de Alexander. Fue por el vínculo. El impacto fue devastador. El mundo interno de Alexander se abrió. Y por un instante vio.
Un bosque. Oscuro..Antiguo. Y en él, .el lobezno. No como una bestia. Como una presencia viva, consciente, observándolo. Sus ojos no eran salvajes. Eran claros. Firmes. Y cuando Darian intentó alcanzarlo, el lobezno se interpuso.
No atacó. Resistió. El choque fue brutal. La fuerza de Darian intentó someterlo, doblarlo, arrancarlo de Alexander como si fuera algo que pudiera separarse. Pero no cedió.
El lobezno no era una herramienta. No era un poder. Era parte de él. Y luchaba. No por dominio. Por permanencia. Alexander cayó de rodillas en el mundo real. El sudor corría por su rostro. El dolor era insoportable. Pero no estaba solo dentro de él.
Nunca lo había estado.
-¿Lo sientes? -susurró Darian, acercándose- Está luchando contra ti.
Alexander negó con la cabeza, apenas.
-No - respiró - Está luchando conmigo.
El silencio se tensó. Darian lo observó con una intensidad distinta. Había algo allí que no coincidía con lo que conocía.
-Te está consumiendo -insistió.
Alexander levantó la mirada. Y esta vez, sus ojos no eran sólo humanos. Había algo más. Una presencia compartida.
-No -dijo, con voz firme- Me está eligiendo.
El aire se congeló. Por un instante, Darian no habló. Porque aquello no debía ser posible. Los licántropos no elegían.
Dominaban. O eran dominados. No había equilibrio. No había pacto. Pero allí, frente a él, había uno. Darian retrocedió un paso. No por miedo. Por análisis.
-Entonces lo romperé -sentenció.
Y levantó la mano. El poder descendió. Más violento. Más oscuro. Más absoluto. Alexander gritó esta vez. No pudo contenerlo. El dolor lo atravesó por completo. Pero en medio de ese quiebre el lobezno no retrocedió. Se acercó.
Y por primera vez Alexander lo sintió completamente. No como algo separado. Como algo suyo. No lo controlaba. No lo dominaba. Lo compartía. Y en ese instante el grito se transformó.
No en silencio. En resistencia. La energía estalló. No hacia afuera. Hacia adentro. Y Darian lo sintió. Un rechazo. Una negación absoluta a su control. La presión cedió. Apenas. Pero fue suficiente. Alexander cayó hacia adelante, jadeando, agotado, pero intacto. Darian lo observó en silencio. Sus ojos se entrecerraron.
- Esto no cambia nada -dijo finalmente - Tarde o temprano cederás.
Alexander no respondió. No tenía fuerzas. Pero dentro de él, el lobezno seguía ahí. No como una amenaza. Como un guardián Y por primera vez, Darian no vio a un prisionero. Vio un problema.