El bosque ya no respiraba. Latía. Como si cada raíz, cada hoja ennegrecida, cada fragmento de niebla suspendida en el aire formara parte de un corazón inmenso que se agitaba con violencia bajo la superficie del mundo.
Y en su centro el choque continuaba. No había pausas. No había tregua. Solo impacto tras impacto. Lucian se desplazó primero.
Su cuerpo desapareció en un instante, reapareciendo frente a Dorian con una velocidad que no pertenecía a ningún ser vivo. Su mano, envuelta en una energía azul intensa, se cerró en un golpe directo hacia el pecho del enemigo. Dorian no lo esquivó. Lo recibió.
El impacto generó una explosión seca que deformó el aire a su alrededor. El suelo se hundió varios centímetros bajo sus pies, pero su cuerpo apenas retrocedió. Sus ojos se alzaron lentamente hacia Lucian. Y sonrió.
-Eso -murmuró - es lo que debiste haber sido desde el principio.
La respuesta llegó sin palabras. Elizabeth intervino. No desde la distancia. Desde el vínculo. Su mente se proyectó con precisión absoluta, envolviendo a Lucian en una capa invisible que estabilizaba su energía, evitando que la fuerza que liberaba lo desgarrara desde dentro.
Porque ahora él ya no se contenía. Y eso era peligroso. Pero ella lo sostenía. Dorian lo percibió. Y esta vez, su expresión cambió. No fue burla. Fue interés. Real.
-Ya no eres solo tú - susurró - Qué desperdicio.
El contraataque fue inmediato. Oscuridad pura. No proyectada. Liberada. El cuerpo de Dorian se fragmentó en una masa de sombras vivas que se expandieron en todas direcciones, atravesando el espacio como cuchillas que no buscaban carne, buscaban alma. Elizabeth sintió el impacto antes de verlo.
-¡Lucian!
Pero él ya estaba ahí. Su poder reaccionó antes que su pensamiento. La envolvió con una barrera física, tangible, una extensión de su propia esencia que absorbió el ataque directo contra ella.
El golpe lo atravesó parcialmente. No lo suficiente para derribarlo. Pero sí para dañarlo.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo. Su respiración se quebró apenas. Y eso fue suficiente.
Elizabeth lo sintió. No como una observadora. Como si el dolor fuera suyo. Y en ese instante algo cambió. No pensó. No dudó. Actuó. Su energía estalló. No como ataque. Como respuesta.
Se expandió desde su centro con una intensidad dorada, limpia, atravesando la oscuridad de Dorian no para destruirla, sino para desorganizarla. Desestabilizarla. Por primera vez Dorian retrocedió de verdad..Su forma se reconstituyó varios metros atrás, con una tensión visible en su postura.
-Interesante -dijo, pero su voz ya no era completamente firme.
Lucian la miró. Y en esa mirada hubo algo que no había estado antes. No era solo amor. Era reconocimiento.
-No te expongas así -dijo, con dureza, pero sin apartarse de ella.
Elizabeth no bajó la mirada.
-Entonces deja de hacerlo tú.
Silencio. Un segundo. Pero fue suficiente. Porque en ese instante se entendieron. No más protección unilateral. No más sacrificios silenciosos. Ahora peleaban juntos. Dorian lo sintió..Y esta vez no sonrió. El siguiente ataque fue diferente. Más preciso. Más cruel.
No fue contra sus cuerpos. Fue contra su vínculo.
La energía oscura se concentró en un punto entre ambos, vibrando con una frecuencia inestable que comenzó a interferir en su conexión. Elizabeth lo percibió primero. Su mente se tensó. El vínculo con Lucian tembló. No se rompió. Pero se distorsionó. Dorian habló. Y cada palabra pesó como una sentencia.
-¿De verdad creen que eso es suyo?
La oscuridad vibró más fuerte.
- Ese tipo de conexión no nace.
Se arrastra. Se arranca. Se pierde.
Lucian dio un paso al frente.
- No.
Dorian lo miró. No vio a una presa.
Vio a un opuesto.
-Tú también lo sabes -continuó Lucian- Lo que tú perdiste no es lo mismo que esto.
La tensión en el aire se volvió insoportable.
-No lo compares -la voz de Dorian se quebró levemente -
Y eso fue más peligroso que cualquier ataque. El suelo tembló. No por el poder. Por la emoción. Porque lo que sostenía a Dorian no era solo odio. Era vacío. Y ese vacío comenzó a desbordarse. La batalla estalló de nuevo. Más violenta. Más rápida.
Lucian avanzó sin contenerse, su poder ahora completamente liberado, cada movimiento cargado de una precisión brutal. Elizabeth lo acompañó. No detrás. A su lado.
Su mente anticipando, desviando, corrigiendo. Sus cuerpos moviéndose como si compartieran un mismo pulso. Ataque. Cobertura. Respuesta. Protección.
Dorian respondió con furia. Pero ya no estaba enfrentando a dos individuos. Estaba enfrentando una unidad. Y eso lo debilitaba más de lo que podía admitir.
Porque él ya no podía ser eso. El choque de energías iluminó el bosque entero. Azul. Dorado. Negro. Tres fuerzas colisionando una y otra vez, deformando la realidad en su centro. Y entonces, un error. Mínimo. Pero fatal.
Elizabeth dudó. Un instante. No por miedo. Por sentir. Lucian lo percibió. Demasiado tarde. Dorian atacó. Directo. Sin distracción. La oscuridad se comprimió en una lanza que atravesó el espacio con una velocidad imposible. Lucian se movió. Interceptó. Pero esta vez no fue suficiente. El impacto lo alcanzó de lleno.
Su cuerpo fue lanzado hacia atrás, atravesando dos árboles antes de detenerse violentamente contra el suelo. El mundo se detuvo. Elizabeth no respiró. No pensó.
Sintió. Y ese sentimiento no fue miedo. Fue algo más profundo.
Más peligroso. Más puro. Su poder reaccionó. Pero esta vez no fue control. Fue impulso. El aire a su alrededor se distorsionó. El suelo se resquebrajó bajo sus pies. Y cuando levantó la mirada hacia Dorian ya no era solo la heredera Von Fisher.
Era algo más. Dorian lo vio. Y por primera vez en toda la batalla guardó silencio. Porque entendió. Demasiado tarde que lo que estaba naciendo frente a él no era solo un vínculo. Era un poder que él ya no podía alcanzar.