El mundo no volvió a moverse. Se desgarró. El instante en que Lucian cayó no fue solo un golpe físico. Fue una ruptura. Invisible.
Silenciosa. Pero total. Elizabeth no gritó. No al principio.
Su cuerpo permaneció inmóvil, como si algo dentro de ella se hubiera detenido o peor aún, como si algo estuviera acumulándose más allá de lo que podía contener.
El bosque entero reaccionó antes que ella. Las raíces comenzaron a tensarse bajo la tierra.
Las ramas crujieron. La niebla se contrajo. Y el aire se volvió irrespirable. Lucian intentó incorporarse. Su cuerpo respondió con lentitud, atravesado por el impacto. La herida no era superficial. No era algo que pudiera ignorar. Pero eso no fue lo que lo hizo tensarse. Fue ella.
-Elizabeth...
Su voz fue baja. No una orden. Una advertencia. Demasiado tarde. La cabeza de Elizabeth se inclinó levemente. Su cabello rubio comenzó a elevarse, movido por una energía que no provenía del viento. Sus ojos dejaron de ser humanos.
El dorado se intensificó hasta volverse incandescente, como si una llama viva hubiera sido encendida en su interior. Y entonces el poder emergió. No como antes. No como respuesta.
No como defensa. Como liberación. El suelo estalló bajo sus pies.
Una onda expansiva de energía dorada se expandió en todas direcciones, arrasando con la niebla, quebrando árboles, deformando el espacio como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba ocurriendo.
Dorian no se movió. Pero tampoco sonrió. Por primera vez bservó.
-Ah -susurró, casi con fascinación- Esto sí lo recuerdo.
Elizabeth no lo escuchaba. No estaba ahí. Su conciencia no había desaparecido. Había sido desplazada. Sumergida bajo una marea de poder que no sabía cómo controlar. Todo lo que sentía se amplificó. El dolor. El miedo. La culpa. Y sobre todo el amor. Ese amor, ahora sin contención, se convirtió en algo peligroso. Porque no distinguía.
No medía.
No protegía.
Arrasaba.
Lucian lo entendió en el instante en que la vio avanzar. No hacia Dorian. Hacia todo.
-No...
Se obligó a ponerse de pie. Cada músculo protestó. Cada respiración quemó. Pero avanzó.
Porque esto era peor que perder la batalla. Era perderla a ella. Elizabeth alzó la mano. Y el mundo respondió.
La energía dorada se condensó, formando una presión insoportable que comenzó a aplastar todo a su alrededor. El suelo se hundía. El aire vibraba.
La realidad cedía. Dorian finalmente reaccionó. No atacó.
Retrocedió. No por miedo. Por comprensión.
-Así termina siempre -murmuró- Cuando el vínculo se desborda.
Lucian no lo escuchó. No le importaba. Solo la miraba a ella.
-Elizabeth.
No hubo respuesta. Él dio un paso más. Y entonces entró en su campo. El impacto fue inmediato.
Su cuerpo se tensó violentamente, como si cada partícula de su ser estuviera siendo empujada hacia afuera. Su piel ardió. Su energía se desestabilizó. Pero no retrocedió.
-Elizabeth mírame.
Nada. Otro paso. Más cerca. Más dolor.
-Elizabeth.
Su voz no se alzó. Pero cambió.
Se volvió firme..Real.
-No me hagas esto.
El poder dudó. No se detuvo. Pero vaciló. Un instante. Suficiente.
Lucian avanzó. Y la alcanzó. No la sujetó con fuerza. No intentó contenerla físicamente. Eso no funcionaría. Apoyó su frente contra la de ella. El contacto fue eléctrico. Doloroso. Pero necesario.
-Estoy aquí.
Silencio. Un segundo. Dos. Y entonces el vínculo respondió. La mente de Elizabeth, perdida bajo la marea de poder, encontró algo.
Una presencia. Firme. Caliente.
Inquebrantable. Lucian. No como fuerza. Como ancla.
-No te voy a dejar caer -susurró- Pero tampoco voy a dejar que te destruyas - El poder tembló. La luz parpadeó -Vuelve conmigo.
El dorado en los ojos de Elizabeth titiló. Y entonces ella lo vio. No el campo de batalla. No la destrucción. A él. Herido.
Sosteniéndola. A pesar de todo. Y eso la quebró. No de debilidad. De regreso. La energía explotó una última vez.
Y luego se contrajo. El silencio regresó al bosque como un suspiro agotado. Elizabeth cayó. Pero no tocó el suelo. Lucian la sostuvo. Su cuerpo temblaba. El de ella también.
-Lo siento -susurró, apenas consciente.
Lucian cerró los ojos un instante.
-No - La abrazó más fuerte -No te voy a dejar sola en esto.
A lo lejos, Dorian observaba. Y en su expresión no había ira. Había algo peor. Comprensión.
-Así que aún existe -murmuró.
Su mirada se oscureció -Entonces habrá que romperlo de verdad.
Y desapareció. No como huida. Como decisión. El bosque quedó en silencio. Pero no en paz. Porque algo había cambiado. No solo en la batalla. En ellos. Elizabeth respiró con dificultad.
-Lucian...
Él no respondió de inmediato. Miró el lugar donde Dorian había estado. Y luego a ella.
- Esto recién empieza.